“Los arcángeles quieren hablar con tu yerno”: la historia detrás de la causa contra una vidente marplatense

Una mujer recurrió a una vidente para intentar ayudar a su hija, que atravesaba una situación de violencia de género. La investigación sostiene que, tras una serie de pagos voluntarios por supuestos trabajos espirituales, comenzaron las exigencias de dinero respaldadas por amenazas de revelar la consulta a su familia. Los audios y mensajes incorporados al expediente reconstruyen la escalada que derivó en una causa por extorsión.

Por Juan Salas

Todo empezó con una preocupación que desvelaba a una madre. Su hija atravesaba una situación de violencia de género y ella buscaba cualquier alternativa que pudiera ayudarla. En una charla casual en el Mercado Central, donde tiene un café desde hace más de dos décadas, alguien le habló de una mujer que hacía trabajos espirituales y atendía en un departamento de la avenida Colón. La conocían como Marcela.

Aceptó la recomendación y pidió un turno.

Cuando llegó al departamento, la mujer no sacó cartas ni preparó ningún ritual. Según declaró la denunciante, sólo había un copón con agua sobre la mesa. La observó unos segundos y le dijo una frase que terminó de convencerla de que había llegado al lugar indicado.

Vos tenés problemas con una hija.

La madre le contó el conflicto familiar. La respuesta fue inmediata. Ella me comentó lo peor de mi yerno y me dijo que ella lo iba a solucionar para que mi hija y mi nieto vivan tranquilos, explicó la mujer al formular la denuncia.

Le pidió dinero para comenzar el trabajo. Al día siguiente volvió a citarla para comprar velones y cintas. Según le explicó, eran necesarios para destrabar el conflicto espiritual que afectaba a su yerno.

La mujer aceptó. Todavía estaba convencida de que estaba pagando por un servicio que podía ayudar a su familia.

«Nunca le alcanzaba»

Los pedidos no terminaron con aquella primera consulta. Según reconstruyó la Fiscalía N° 12, casi de inmediato comenzaron las nuevas exigencias de dinero. Siempre aparecía una dificultad inesperada, un obstáculo espiritual que obligaba a continuar el trabajo.

La propia víctima describió esa dinámica durante su declaración testimonial: De ahí en más me pedía dinero todos los días porque nunca le alcanzaba, que supuestamente le habían hecho una maldad a mi yerno para que sea mala persona, para que trate mal a su familia y que no era un trabajo simple como ella pensaba.

Primero utilizó sus ahorros. Después la recaudación diaria de su comercio. Más tarde comenzó a pedir dinero prestado a compañeros del Mercado Central. Cuando ya nadie podía seguir ayudándola, gestionó créditos personales, financió compras de electrodomésticos y hasta entregó su alianza de casamiento, una cadenita y un anillo de oro para descontar parte de la deuda.

La investigación sostiene que, entre dinero propio y prestado, llegó a entregar alrededor de 26.000 dólares, más de 15 millones de pesos, además de joyas y bienes adquiridos a crédito.

En ese recorrido aparece una segunda mujer cómplice de la vidente. Según la acusación, era quien retiraba dinero en efectivo en el Mercado Central cuando la denunciante no podía acercarse al departamento, la acompañaba a comprar electrodomésticos y recibía transferencias bancarias.

«Los arcángeles quieren terminar el trabajo»

El expediente incorpora decenas de mensajes de WhatsApp y audios enviados durante enero y febrero. Son el registro más elocuente de cómo, según la acusación, aumentaba la presión para conseguir nuevos pagos.

En uno de ellos, una mujer habla desde el teléfono utilizado por la imputada y le dice: El problema no soy yo, son los otros arcángeles (…) se quieren ir a tu casa, quieren hablar con tu marido, con tu hija, con tu yerno.

En otro insiste: Decile que tiene hasta el viernes para conseguir los dos mil quinientos dólares porque yo ya no puedo parar más a los arcángeles.

Los mensajes se vuelven cada vez más insistentes. Vos me traés los mil cien dólares y los setecientos mil pesos, o hoy para las seis de la tarde se te pudre todo.

Y poco después la presión escala aún más. No va a quedar nadie en pie… vos no soñás con quién estás jugando.

Para la Fiscalía, esos audios muestran cómo las exigencias económicas fueron aumentando hasta quedar sostenidas por amenazas cada vez más explícitas.

«El primer pago fue voluntario»

Los arcángeles quieren hablar con tu yerno». Con ese mensaje —acompañado de advertencias de que también irían a buscar a su yerno y a otros integrantes de la familia—, la presión dio un paso más. Según la Fiscalía, ya no se trataba únicamente de referencias a entidades espirituales o de nuevos pedidos de dinero para continuar el supuesto trabajo: la amenaza pasó a ser concreta y verificable, porque consistía en revelar a su marido y a su yerno que había recurrido a una vidente para intervenir en el conflicto familiar. Ese es el momento que, para el fiscal Luis Ferreyra, marca el inicio del delito de extorsión.

Ese es, justamente, el punto sobre el que hace especial hincapié el fiscal Luis Ferreyra.

La causa no investiga que una persona haya decidido pagar por consultas o trabajos espirituales. Tampoco cuestiona las creencias de quienes recurren a ese tipo de prácticas. La propia denunciante marcó la diferencia entre el comienzo de la relación y lo que ocurrió después.

El primer pago que hice fue voluntario porque yo fui a buscar un servicio. Después realicé uno o dos pagos voluntarios más, y después pagué por temor a lo que ya conté.

Para Ferreyra, el delito aparece cuando la presión deja de apoyarse únicamente en referencias espirituales y pasa a incorporar una amenaza objetiva.

La amenaza no se puede valorar solo desde la subjetividad de la víctima. (…) Para la Fiscalía no configura el tipo de amenaza hablar del arcángel, pero sí cuando le dice: ‘Si no me pagás voy a ir a hablar con tu marido y con tu yerno y contarles que me pediste que le haga un trabajo’, explicó.

Por ese motivo, la investigación quedó encuadrada en el delito de extorsión por chantaje, previsto en el artículo 169 del Código Penal.

«Hoy para las seis de la tarde se te pudre todo»

Mirá, yo te voy a decir algo: vos te mandaste una de terror. Vos me traés los mil cien dólares y los setecientos mil pesos, u hoy para las seis de la tarde se te pudre todo.

La historia comenzó a desmoronarse cuando la hija de la víctima empezó a escuchar un comentario repetido entre los comerciantes del Mercado Central. Su madre estaba pidiendo dinero prestado.

Primero fueron pequeñas sumas. Después aparecieron préstamos de cientos de miles de pesos y miles de dólares. Uno tras otro, distintos conocidos confirmaban haberle entregado dinero creyendo que era para ayudar a la hija o afrontar problemas familiares.

Cuando finalmente la enfrentaron, la mujer les contó todo. La denuncia dio origen a una investigación del fiscal Luis Ferreyra con intervención de la Dirección Departamental de Investigaciones, que incluyó el análisis de conversaciones, audios, transferencias bancarias, préstamos, filmaciones de comercios y testimonios de quienes le habían prestado dinero.

Con esas pruebas, la Fiscalía pidió el allanamiento del departamento donde funcionaba el consultorio.

Durante el procedimiento se secuestraron el televisor y el lavarropas que, según la investigación, habían sido comprados por la víctima, además de teléfonos celulares, dinero en efectivo, diplomas de tarot, cuadernos con anotaciones, formularios de pagarés, velas, estatuillas, cintas y otros elementos utilizados para rituales.

Detrás del nombre de Marcela, según la investigación judicial, se encuentra Mónica Adriana Monzón, de 62 años. Junto a ella quedó imputada Nora Elena Ricaba, de 61, a quien la Fiscalía señala como colaboradora en el cobro del dinero y en la adquisición de los bienes que la víctima entregó durante esos meses. Ambas fueron notificadas de la formación de una causa por extorsión por chantaje.

El fiscal Luis Ferreyra no solicitó la detención de ninguna de las dos. Explicó que la extorsión por chantaje tiene una pena mínima de tres años de prisión, por lo que se trata de un delito excarcelable, y que en esta etapa de la investigación no advirtió riesgos procesales que justificaran una medida de privación de la libertad. Mientras tanto, la Fiscalía continúa recibiendo testimonios para determinar si existen otros hechos que puedan incorporarse al expediente antes de citarlas a declaración indagatoria.

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