El rubicón más esperado

La Selección Argentina venció a Suiza y avanzó a semifinales. Es el único equipo no europeo en esta instancia y enfrentará a Inglaterra. El partido que se juega desde las casas, las canciones y la memoria. 

Por Juma Lamacchia

Esta semana la Selección Argentina recuperó energías después del susto con Cabo Verde y el infartante final que nos dio la clasificación contra Egipto. Un partido muy duro al que no le encontrábamos la vuelta y en el que en veinte minutos pudimos resolver a puro corazón, cabeza y un Messi que vio toda su carrera pasar por delante y la puso a disposición del equipo.

De esa manera llegamos a enfrentar a Suiza por los cuartos de final de la Copa del Mundo, en la previa, un duelo contra un europeo que siempre cumple en sus participaciones mundialistas, que tiene buenos jugadores (y buen juego) y que físicamente no se iba a entregar. Pero Argentina defiende el título, tiene al mejor de la historia y sus últimos partidos reflejan un juego que sólo podía (o debía) mejorar.

Está mal jugar un partido de fútbol pensando en el siguiente, pero es inevitable cuando al ganador de esta serie ya lo esperaba nada más y nada menos que Inglaterra, quien derrotó a Noruega previo a nuestro partido. Florece un partido en el cual el fútbol es la punta del iceberg. 

Ningún partido está ganado antes de jugarlo, de todas formas, Scaloni no hace cambios y sale a la cancha igual que contra Egipto. La pelota la controla Suiza en los primeros minutos, algo que Argentina suele permitir para desgastar al rival y esperar el momento para dar el golpe. De esa manera llega el primer gol, a los diez minutos, Mac Allister aprovecha el córner enviado por Messi y concreta de cabeza.

Lionel alcanzó a Pelé como el máximo asistidor en la historia de los mundiales, otro récord que queda en el camino. Al igual que en Catar 2022, Enzo Fernández y Alexis convierten en partidos consecutivos, aunque con rendimientos por debajo de aquel torneo.

El rumbo del partido no cambia demasiado. Julián Álvarez parece más conectado y presiona a los defensores suizos. Leandro Paredes es la salida más rápida y limpia de la mitad de cancha hacia los ataques argentinos, que no son muchos. Suiza sigue manejando la pelota y se acerca no muy peligrosamente al arco defendido por Emiliano Martínez. El Dibu declaró en la semana que siente que no está ayudando y que los goles que le convierten los podría haber evitado. El hincha analiza su estado de ánimo, sus risas, sus bailes y sus locuras, entiende que su arquero no está por un buen momento, pero como es arquero de momentos, ya tendrá el suyo.

A los treinta minutos del primer tiempo De Paul no puede cortar el ataque Suiza por izquierda, Molina pasó al ataque y le queda lejos la vuelta, la pelota supera a Lisandro Martínez y el delantero Embolo lucha con el defensor argentino para controlar en la puerta del área hasta que, rápido de piernas, Emiliano Martínez achica, no deja pensar y despeja la pelota. Primera gran intervención.

Al entretiempo Argentina se fue pensando en positivo, arriba en el marcador y si bien no fue protagonista con la pelota, el partido no presentaba grandes adversidades. La sensación de que Argentina no va a perder el partido pero que tampoco pareciera estar seguro de ganarlo, es la misma desde que arrancó la fase eliminatoria.

El segundo tiempo Argentina lo sufrió desde lo físico. La pelota siempre la tuvo Suiza, obligó al Dibu a sus otras dos grandes intervenciones. Primero atajó un cabezazo dentro del área sobre su derecha y luego un disparo de lejos a su otro palo. La confianza del marplatense parece estar volviendo. Hasta que a fuerza de empuje y velocidad, llegó el empate. A los 66’ Ndoye marca el gol y ahora pareciera que el negocio es aguantar hasta el final y no salir a buscarlo.

El fútbol tiene cosas que son difíciles de entender. Sobre todo cuando se trata de decisiones de jugadores que tienen la cabeza pasada de revoluciones, juegan con presión y en segundos tienen que definir qué hacer. Eso le pasó a Embolo, una de las figuras del equipo suizo, cuando intentó engañar al árbitro estando ya amonestado y sin tener en cuenta el apoyo en la tecnología con la que posee el referí para juzgar sus intervenciones. Además, del poco conocimiento del reglamento. El delantero simuló una infracción, una falta de Leandro Paredes al costado de la cancha. Seguramente para lograr tener una pelota parada y que Suiza ponga la pelota en área argentina y generar peligro por arriba. El problema es que la FIFA viene intentando evitar estos engaños y pone frenos al asunto. El VAR revisa la jugada y queda en evidencia que Embolo cometió un error infantil, para no decir otra cosa. Está lejos de Paredes y es imposible que se genere el contacto. Otra amarilla, expulsión.

Esa cuota de suerte acompañó a Argentina a mantener el juego en campo rival, así y todo no pudo romper el empate y el partido fue a tiempo extra. Ahí entra otras de las cosas que tiene el fútbol. Pasados los 105’ de juego, el Flaco López entra en calor, entrará por Julián Álvarez para intentar que su instinto goleador ayude al equipo. El partido tiene destino de penales y Paredes, el capitán de Boca Juniors, sufre un calambre. Scaloni frena el cambio, pero no modifica al infresante, sale el mediocampista y decide dejar en cancha a Álvarez, López y Lautaro Martínez.

Fue el jugador surgido de River el que tomó la decisión correcta. La pelota sale a un costado y se posiciona en el vértice izquierdo del área. El Flaco López se lleva la pelota y despeja la zona, Julián espera y ya sabe lo que va a hacer. Porque ya lo hizo en el Atlético Madrid contra el Real Madrid y porque confía en sus habilidades. Recibe, se perfila y dispara desde fuera del área. Minuto 112 de juego y Suiza replegada en su área. Argentina sin resto físico y con la presión de seguir en este Mundial, porque Messi no va a dejar la selección en un cuartos de final. Allí fue la pelota, donde duermen las arañas. Y el abrazo de todos sus compañeros. Para cerrar, Lautaro Martínez, de contra, selló el 3 a 1. Los cambios en el fútbol, a veces, te los da el fútbol.

El partido

Hace 12 años, Alejandro Sabella decía “cruzamos el rubicón” cuando Argentina logró clasificar a semifinales del Mundial de Brasil 2014 después de 24 años. Ahora, la selección jugará su segunda semifinal del mundo consecutiva y estará hasta la última semana en Estados Unidos.

Ahora toca enfrentar a Inglaterra, el próximo miércoles en Atlanta. Un partido más que especial para el pueblo argentino. Desde lo futbolístico, a la altura de la circunstancia. Las cuatro selecciones semifinalistas son las cuatro que lideran el ranking FIFA. Masterclass de Infantino y su armado perfecto de la Copa del Mundo.

Lionel Messi nunca se enfrentó a los ingleses, y cuando parecía que ya no cabían comparaciones con Diego Armando Maradona, el guionista de su carrera le dejó este capítulo para el final. El partido más consagratorio de Diego, del que nacieron canciones, películas, libros e historias. El de la Mano de Dios y el Gol del Siglo. El de la revancha, el de la guerra y el que quedará para siempre en nuestra memoria.

Ninguno de los que forman parte de este plantel había nacido en 1986, y muy pocos sí lo habían hecho en 1998 o 2002 cuando los volvimos a enfrentar por un Mundial. Pero así y todo, nada le quita el peso a este partido. Aunque puertas afuera Scaloni declare que sólo es un partido de fútbol, hay madres que gritarán cada gol dos veces, porque lo dicen las canciones y nos golpea en la memoria, a los pibes de Malvinas, nunca se los olvidará.

Lionel Messi ya sabe que le quedan dos partidos en este Mundial, en lo que sería su despedida de la selección. A sus 39 años enfrentará a Inglaterra por un lugar en la final. En Estados Unidos, donde a Diego lo sacaron con un doping, donde después nunca más lo dejaron volver a entrar. Contra Inglaterra, por la memoria de un pueblo. Por el fútbol, que todavía le debe un capítulo más.

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