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diciembre 1, 2022
El País Lo de Allá

En un viaje de Ushuaia a Alaska, un argentino tatuó areolas a 310 sobrevivientes de cáncer

La iniciativa solidaria de Diego Starópoli, que realizó junto a su familia en un motorhome, ayudó a que cientos de mujeres de países de todo el continente.

Trescientas diez mujeres sobrevivientes de cáncer de mama de diferentes países volvieron a tener areola mamaria gracias a la iniciativa solidaria del tatuador argentino Diego Starópoli y su familia, quienes decidieron que el soñado viaje familiar en motorhome Ushuaia-Alaska incluiría también la realización de “tatuajes sanadores” a las personas mastectomizadas que se les acercaran solicitándolo.

Diego Starópoli (50), Elizabeth Gordillo (50) y sus dos hijos Iván (18) y Thiago (12) partieron el 26 de diciembre de 2021 desde la puerta del comercio familiar Mandinga Tatoo en Villa Lugano a bordo de un utilitario totalmente equipado como casa rodante que bautizaron como “Cazador de Sueños”.

Los esperaba una travesía de 214 días y 52 mil kilómetros a través de 15 países que el 27 de junio los encontró en Alaska y que concluyó el 29 de julio en Miami, cuando el motorhome fue fletado en barco para Buenos Aires y ellos se tomaron un avión con idéntico destino.

Un sueño cumplido

“Era uno de mis sueños desde la adolescencia y durante la pandemia nos planteamos ‘tenemos 50 años los dos, hace 32 años que estamos juntos, tenemos dos hijos ya adolescentes…¿qué estamos esperando? ¿A que nuestros hijos sean más grandes y no quieran venir con nosotros? ¿Quién te dice que vamos a llegar a los 60 ó 70, después de una pandemia como la que pasamos?’”, contó  Starópoli.

“El viaje también lo pensamos con una oportunidad para acercarnos más a nuestros hijos adolescentes y entre ellos como hermanos”, contó Eli.

El tatuador contó que lo que inicialmente iba a ser solo una experiencia familiar fue madurando como un viaje solidario cuando la productora del programa de TV Mandinga Tatoo “comenzó a darme manija con que había que filmar el viaje” y aprovechar para tatuar mujeres en países donde no hay tradición en la realización de este tipo de trabajos a los que él se dedica de manera exclusiva hace casi 10 años.

“Yo tatué mucho, sin parar, desde los 20 a los 41 años, de manera comercial. Después me dediqué a la parte más empresarial del negocio, pero las sobrevivientes me trajeron de vuelta a estar activo y hoy me dedico solo a esto como un homenaje también a las mujeres de mi familia, porque mi abuela y mi mamá tuvieron cáncer de mama y una tía falleció de esto”, contó.

Y si bien no realizaron tatuajes en todos los países que atravesaron, en algunos –como en San José de Costa Rica- llegaron a tatuar a 76 mujeres en tres días. Y cuando esto ocurría, no pasó desapercibido para los medios locales ni para las autoridades, como el alcalde de Tegucigalpa que los reconoció como “visitantes distinguidos” de Honduras.

“Era uno de mis sueños desde la adolescencia y durante la pandemia nos planteamos ‘tenemos 50 años los dos, hace 32 años que estamos juntos, tenemos dos hijos ya adolescentes…¿qué estamos esperando?'”. Diego Starópoli

“Lo que logramos es que se entienda y conozcan lo que hacemos, porque en algunos países incluso los tatuadores no estaban al tanto de este tipo de trabajo”, contó Eli.

El “Mandinga Tour” se desplegó por Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, México, Estados Unidos y Canadá.

 

“¡Es igualita! ¡Ay Dios mío, muchas gracias!”, se le escucha decir a Yei Buitrago en un video que registra el momento exacto en que mira por primera vez al espejo su pecho descubierto tras haberse tatuado la areola mamaria que le faltaba

A algunos países -como México y Honduras- los Starópoli llegaron habiendo concertado previamente con tatuadores locales u organizaciones de sobrevivientes de cáncer de mama tanto la realización de sesiones de tatuajes sanadores como charlas de sensibilización y capacitaciones.

En otros lugares, bastó que una mujer mastectomizada se enterara por las redes sociales que pasarían por su ciudad para que corriera la voz y un grupo de ellas accediera a tatuajes sanadores.

“En Esquel una mujer me llamó a mi celular diciendo ‘decime por favor que van a estar tatuando areolas mamarias porque yo estoy juntando plata para ir a Buenos Aires a tatuarme con ustedes’ Nosotros íbamos a estar solo una noche, pero fui a su casa a tatuarla”, contó

En el portaequipajes del Cazador de Sueños iban embalados los 30 banners desplegables con las fotos del antes y después de 30 personas del denominado club de “Los Fénix de Mandinga”: hombres y mujeres que hoy tienen cubierto con arte las marcas que les había dejado en la piel un accidente o la violencia de género.

Es que si bien la mayoría de los tatuajes sanadores realizados fueron areolas mamarias, también hubo sesiones gratuitas para tapar cicatrices, otro de los ejes de trabajo de la Fundación Mandinga Tatoo.

Y esta muestra itinerante y portátil desembarcaba con ellos cada vez que les ofrecieron un espacio para montarla, ya sea en el local de una fundación, en una embajada o al aire libre. Cuando había oportunidad, desplegaban también una segunda exposición fotográfica en formato banners de vinilo, con las imágenes de 15 sobrevivientes de cáncer de mama con su areola reconstruida y un breve texto de cada una.

 

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No al reality

En un momento todo el viaje iba a ser filmado para por una empresa internacional de televisión por suscripción y llegaron a firmar un precontrato, pero finalmente los Starópoli decidieron dar marcha atrás porque no querían que “el viaje familiar soñado por décadas se transforme en un reality”, con un guion que respetar y movimientos restringidos por las exigencias del show.

En estos siete meses de rodar por el continente americano pasaron muchas cosas también a nivel familiar, como los 18 de Iván y la areola tatuada número 2000 cuya beneficiaria fue una mujer mexicana.

También se hicieron un tiempo para encontraron en Baja California con otra familia de viajeros argentinos en motorhome, los Amunches que llevan 19 años recorriendo América.

“Estuvimos con nuestros motorhome estacionados al lado, junto al mar turquesa, con delfines, con tiburones con mantarrayas. Bien de película”, recordó Eli.

Un punto de quiebre en el viaje se produjo cuando el mayor de sus hijos, estando en Los Ángeles y faltando 4.800 kilómetros -unos 15 días- para llegar a la frontera con Alaska, les imploró volver solo a Argentina porque extrañaba demasiado.

“Le sacamos un pasaje y dos días después éramos tres”, contaron.

Más allá de que Iván “era el único que hablaba inglés”, ya nada fue lo mismo para la pareja, que acortó en varios meses el viaje por ese retorno anticipado.

Ya devueltos totalmente a la rutina, la familia comenzó a extrañar los días de ruta y quieren embarcarse nuevamente en una aventura incluso a escala planetaria, aunque ahora ya no les molestaría financiarlo a través de una realización audiovisual, ya sea como una road movie o una miniserie documental.

“Si a mí me hubieran planteado el viaje así yo hubiera dicho ‘ni loca’ pero me di cuenta que me puedo adaptar a cualquier cosa, que tengo esa flexibilidad”, dijo Eli

“A mí me dio libertad, medio que me cagó la vida porque yo ahora estoy desesperado por salir a la ruta”, acotó Diego.

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