A partir del relato del “gol del siglo”, Carlos Aletto narra la historia de dos amigos atravesados por la figura de Maradona. Este año, la novela fue traducida al italiano, el gol cumplió cuarenta años, Argentina volvió a ganarle 2-1 a Inglaterra y Aletto conversó con Bacap.
Por Camila Spoleti
“Cuando no te alcance el mundo de la vigilia ni el de los sueños, tenés en tus manos el mundo de la fantasía. Sos escritor”, le dice Dubois, el poeta loco que había sido su primer lector, a Carlos Aletto personaje. “La novela trabaja en esos tres planos, trabaja en el plano de la vigilia, digamos; después en otro plano, que es el plano onírico, el plano del sueño, y después en el plano de la fantasía”, dice Carlos Aletto escritor. En el texto, los tres planos se mezclan sin avisar. Aletto, personaje y escritor, vive, sueña e imagina su vida con Maradona.
La novela es Once segundos, un libro publicado en 2023 que este año se tradujo al italiano. En él, Aletto fragmenta en milésimas los once segundos del histórico segundo gol de Maradona a los ingleses en el mundial de 1986 y, entre un pedacito y otro del relato del gol, cuenta una vida que se parece bastante a la suya. Una vida que empieza en el barrio Tierras de Oro —hoy El Gaucho— en una casa que linda con la de Daniel Durante, el chico que sueña con ser Maradona, su vecino y amigo.


“El disparador de la novela en realidad fue contar la historia de dos amigos, que era la de Daniel y la de El Gordo, que se hacían una promesa uno al otro. Me parecía que ahí había una historia para contar. Y en qué había terminado esa promesa, ¿no? Están en los márgenes de la ciudad, viven en una casilla, no tienen dinero, hay una pobreza alrededor evidente, entonces se prometen que si uno de los dos un día es millonario, como se decía en ese momento, o si uno de los dos sale de ese espacio, lo va a venir a buscar el otro y no se va a olvidar. Que lo va a ayudar y que lo va a rescatar. Que van a seguir siendo amigos igual”, cuenta Aletto.
Cuenta también que, mientras escribía, falleció Maradona. “Me golpeó mucho esa muerte y cómo nos atravesaba desde niños Maradona hasta grandes, a nosotros, a nuestra generación. Entonces yo dije: ‘Bueno, ahí está la columna vertebral de la novela’. Porque toda la novela está atravesada por la imagen de ese referente que es Maradona. Tanto de un lado como del otro. Tanto de quien quiere ser futbolista como quien quiere ser escritor, quiere ser escritor porque no es bueno jugando al fútbol, porque sino también quisiera ser jugador de fútbol”.
Carlos Aletto es marplatense, licenciado en Letras, periodista cultural y escritor. Además de Once segundos, publicó la novela Anatomía de la tristeza (que también será traducida al italiano), el libro de cuentos Antes de perder y el ensayo Julio Cortázar. Diálogo para una poética.
Narrar Mar del Plata
Así como Maradona es uno de los ejes transversales de la novela, la identidad de la ciudad también lo es. Aletto narra su barrio, la peatonal San Martín que se está construyendo cuando él tiene doce años y conoce el centro por primera vez, la Escuela de Educación Media N°2 a la que fue, el entonces profesor de Educación Moral y Cívica Carlos Arroyo, el 523 en el que viaja a todos lados, el boliche en el que conoce a su primera novia, el balneario de Punta Mogotes en el que se encuentran al día siguiente.
“Yo me siento muy marplatense, como verás en la novela. Elegí estar acá, es decir, pude haber seguido viviendo en Buenos Aires o irme de la ciudad. Qué sé yo, todos podemos elegir irnos. Pero a la hora de optar me quedé en Mar del Plata y quiero seguir estando en Mar del Plata y estoy enamorado de Mar del Plata. Enamorado con sus defectos y todo lo que tenga, pero es mi ciudad. Es más, estoy enamorado de mi barrio, que es el mismo barrio de mi infancia”, dice Aletto.
“Además hay un escritor, que era el director del diario La Capital, Enrique David Borthiry, que un día yo le llevé mi escritura de cuando era pibe y le gustó. Y me dijo: ‘Cuando escribas, no escribas de otro lugar del mundo, escribí de Mar del Plata’. Yo no seguí el consejo siempre porque tengo una novela que está en Europa, pero esta vez dije: ‘acá está Borthiry’. Además lo nombro en la novela. Entonces, hice eso, que Mar del Plata esté presente y muy viva”, agrega.
Undici secondi
En Italia, la novela fue publicada por Minerva Edizioni, bajo el título Undici secondi. La traducción estuvo a cargo de Fabrizio Gabrielli, quien tradujo también El partido, el libro de Andrés Burgo que inspiró el documental de Santiago Franco y Juan Cabral estrenado este año.
“Está muy bien lograda la traducción”, considera Aletto y cuenta: “Es muy argentino Fabrizio, el traductor. Fabrizio vive en Citta Vecchia, cerca de Roma. Pero a su hijo le puso Julio, por Julio Cortázar. Están hinchando por la selección Argentina, son fanáticos de Messi, escribió un libro sobre Messi. Entonces es como muy argentino. Y logró captar bien el espíritu de la novela”.
En junio de este año, Aletto estuvo en el país presentando el libro. Recorrió Torino, Teano, Nápoles, Roma, Recanati, Pordedone, Bolonia, Florencia, Milán y Vimercate.


—¿Con qué visión de Maradona te encontraste allá?
—Los editores no son de Nápoles, son del norte. Yo pensé que me iba a encontrar con dos Maradona diferentes. Yo pensé que me iba a encontrar con un Maradona o con tres Maradona o cuatro Maradona, cada uno con su Maradona, ¿no? Pero hay un Maradona bastante homogéneo. Porque recuerdo cuando yo viajé por primera vez a Napoli, que fue en el año 2000, 2001, me hablaban mucho del Maradona negativo, los italianos, no tanto los napolitanos. Decían Maradona en la cancha, maravilloso, pero en la vida un desastre. ¿Viste?, eso que muchos decían de Diego. Algunos lo seguirán diciendo. Entonces, ahora, por supuesto, si yo voy a presentar un libro de Maradona, creo que sería muy imprudente que alguno venga a hablarme mal de Maradona, ¿no? Pero todos tienen, en el norte y en el sur, una imagen hermosa de Diego. Está muy presente, muy vivo y no solo en mi generación, sino en generaciones de chicos.
A la vez, Aletto identifica que, a nivel personal, cada quien tiene una experiencia propia con Maradona: “Uno va con el libro e, incluso los que van a presentar el libro con vos, algunos se quedan en el libro, algunos hablan de otro libro, pero todos te cuentan su experiencia, su vida con Maradona. Un poco lo que dijo Fontanarrosa, que creo que resume todo esto: ‘A mí no me importa lo que hizo Maradona con su vida, a mí me importa lo que hizo Maradona con mi vida’. Y creo que a todos Maradona de alguna forma nos modificó y nos hizo algo bueno por la vida. Por ejemplo, a los argentinos nos dio ese bálsamo de poder tener un relato épico en un momento de mucho dolor que veníamos de la dictadura militar y de la guerra de Malvinas. Nos dio una reivindicación de un relato épico y un bálsamo”.
El relato
El concepto de relato, en la novela, adquiere múltiples dimensiones. Está el relato de Mauro Viale sobre el partido en la televisión, está el relato de un noviazgo fallido que el protagonista hace en la estación de trenes a quien por un día será su amigo, está el relato que el personaje decide escribir, está el relato que Carlos Aletto efectivamente escribe y al que el lector accede como novela. Y en todo eso, está el relato de Maradona, que todos conocen, todos escuchan y todos escriben todo el tiempo. Maradona como personaje, sostiene Aletto, es como los héroes de las viejas épicas: deslumbrante y contradictorio.
“La verdadera épica, el momento épico actual se vive en el fútbol. Si vos te fijás los festejos de Qatar, la gente en la calle, es decir, no hubiesen salido por un acto político o por una historia de otra índole, salieron por fútbol y porque es la épica actual. Por eso la tercera parte de la novela se llama ‘La Maradoneida’, ¿no? Con ese nombre que remite a las viejas épicas”, dice el escritor.
En Once segundos, literatura, fútbol y vida se cruzan constantemente. Todos viven, todos cuentan, todos son personajes y jugadores.
Cuando publica su primer libro, el protagonista comienza a recibir llamados de un hombre que se presenta como Enrique Dubois. Se trata de su primer lector. Dubois le recomienda a Camilo José Cela y él, haciéndole caso, comienza a leerlo. Le encanta.
Un día, Dubois llama por teléfono con mucha urgencia:
“Escuché un grito del otro lado:
—Aletto, ¿te enteraste?
—No, no. No sé nada.
—Ganamos el Nobel, Aletto. Ganamos el Nobel.
(…)
En un momento de lucidez, a pesar de estar aturdido, me di cuenta de que se refería a que le habían entregado el Nobel a Camilo Juan José Cela. Para Dubois, leer a Cela era como ser de un equipo de fútbol: cuando un equipo gana un partido, todos nos sentimos ganadores.”
—¿Te parece que, independientemente de la historia de este personaje, existen puntos en común, que hay algo naturalmente parecido entre fútbol y literatura?
—Sí, sí, definitivamente sí. Al menos en la vida de muchos de nosotros, de los que amamos la literatura y amamos el fútbol. Martín Kohan dice que él no podría escribir un libro de fútbol porque sería escribir sobre dos pasiones que él tiene, que son la literatura y el fútbol, entonces, como que una pasión anularía la otra. En mi caso eso no sucede, porque yo siento que las dos pasiones van juntas. En el personaje y si querés en mi vida, el fútbol y la literatura son dos relatos que para mí detienen a la muerte. Y eso para mí es fundamental.
Cuando ve o juega un partido de fútbol, así como cuando lee, “la idea de muerte no existe”, dice Aletto. Aún así, cuenta: “A pesar de eso, yo, jugando un partido de fútbol, el mismo día del gol de Maradona, es decir, la misma fecha, no el mismo día, sino 31 años después, casi me muero porque me infarté dentro de una cancha. Pero bueno, la idea de muerte no estaba”.
En la novela, literatura y fútbol aparecen como métodos para inventar. Como generadores de mentiras que permiten a los personajes soportar mejor la realidad. Once segundos, sostiene Aletto, tiene grandes elogios a la mentira. “Soy ateo, pero bueno, San Agustín decía: ‘Si una mentira no daña, no es un pecado’”, sostiene.
Además, la diferencia entre una cosa y la otra nunca es tan clara. Cuarenta años después de los once segundos que Aletto narra en la novela, Argentina volvió a ganarle 2 a 1 a Inglaterra.
