En una aventura que reunió a protagonistas con pasado y presente en Mar del Plata, Boca brilló en una disciplina que combina gamers y basquetbolistas.
Por Florencia Cordero
Boca Juniors llegó hasta los cuartos de final de los Juegos del Futuro 2026, en Kazajistán, y se llevó mucho más que un resultado deportivo. En una competencia que todavía resulta desconocida para buena parte del público, el equipo argentino vivió una experiencia inédita al enfrentarse a una disciplina que mezcla el rendimiento físico con el virtual.
El básquet phygital propone que un mismo partido se juegue primero frente a una pantalla y después sobre el parquet, y tuvo entre sus protagonistas a un grupo con un fuerte vínculo con Mar del Plata y Peñarol que vistió la camiseta “xeneize”.
Al frente del equipo estuvo Martín Leiva, manager del plantel profesional de básquet de Boca y uno de los nombres más importantes de la historia reciente del «Milrayitas». Cuatro veces campeón de la Liga Nacional con el conjunto marplatense, el exjugador asumió en esta oportunidad un desafío completamente diferente: conducir a Boca en una competencia donde las decisiones ya no se limitan a elegir un quinteto o diseñar un sistema ofensivo.


Junto a él estuvieron Ignacio Bednarek, actual jugador de Peñarol; Facundo Tolosa, con reciente paso por la institución; Elías Jara, referente del 3×3 de Boca; y el gamer Ramiro «Rama» Díaz Isgyenderian, marplatense, jugador amateur de Once Unidos y especialista en NBA 2K. Cuatro basquetbolistas con recorridos diferentes que confluyeron en Kazajistán para representar a la Argentina en una competencia que busca romper las fronteras entre el deporte tradicional y el mundo de los eSports.
Para Leiva, todo comenzó con la misma incertidumbre que podía tener cualquiera que escuchara hablar por primera vez de los Juegos del Futuro. «Cuando me hablaron pensé que era un torneo de 3×3. Después entendí que era algo completamente distinto», recuerda quien pasó de construir una carrera dentro de la cancha a conducir como “entrenador” un proyecto donde las decisiones también se toman frente a una computadora.
Porque el básquet phygital modifica las reglas conocidas. Cada partido comienza con una etapa digital, en la que dos gamers representan a su equipo y se enfrentan a otros dos jugadores mediante el videojuego oficial. Es decir, la lógica es la misma que después se traslada a la cancha: dos contra dos.


Cuando esa primera parte termina, el resultado no se reinicia: la diferencia obtenida se traslada directamente al marcador del partido físico, donde dos basquetbolistas continúan el mismo encuentro durante siete minutos o hasta alcanzar el puntaje establecido por el reglamento. El ganador surge de la suma de ambas etapas.
La consecuencia es inmediata. Los gamers dejan de ser un complemento para transformarse en piezas estratégicas del equipo. Una buena actuación frente a la pantalla puede inclinar un partido antes de que la pelota toque el parquet.»Cuatro puntos de diferencia en la parte digital es muchísimo. Después, en siete minutos, cuesta muchísimo recuperarlos», explica Leiva.
Ese aspecto llevó a Boca a buscar perfiles muy específicos. Ramiro Díaz Isgyenderian no solo es uno de los referentes argentinos del circuito competitivo de NBA 2K. También juega al básquet en Once Unidos, una característica que cobra especial valor dentro de este formato. Del mismo modo, la presencia de Elías Jara, referente del 3×3 de Boca, aportó experiencia desde una modalidad del básquet que comparte con el phygital una dinámica diferente de la tradicional.
El reglamento contempla incluso una situación que parece impensada para cualquier deporte tradicional: el gamer puede continuar jugando la etapa física si reúne las condiciones deportivas para hacerlo. Es decir, quien comenzó el partido con un joystick puede terminar definiéndolo con la pelota en las manos. Esa posibilidad explica por qué los equipos buscan jugadores capaces de desenvolverse en ambos escenarios y por qué la preparación exige mucho más que dominar una consola o entrenar fundamentos de básquet.
«Los chicos tuvieron horas de Play y horas de cancha. Se prepararon muchísimo para este Mundial», contó Leiva al describir una rutina que combinó entrenamientos físicos, práctica táctica y largas jornadas de trabajo en el videojuego.
Todo ese proceso tuvo su prueba definitiva en Kazajistán. Boca consiguió avanzar hasta los cuartos de final y, más allá de no alcanzar las instancias decisivas, el equipo argentino pudo experimentar en primera persona cómo funciona una competencia que reúne en un mismo escenario dos mundos que durante años parecieron completamente separados.
La adaptación también alcanzó al propio cuerpo técnico. Durante décadas, Leiva entendió el básquet desde los rebotes, las ayudas defensivas o los bloqueos directos. En esta experiencia tuvo que sumar otra dimensión: analizar el rendimiento de los gamers, estudiar estrategias digitales y construir un equipo donde cada integrante resulta decisivo en una parte diferente del mismo partido.
Los Juegos del Futuro nacieron justamente con la intención de integrar definitivamente el deporte tradicional y los eSports. En lugar de presentar competencias paralelas, el formato propone que ambas dimensiones formen parte del mismo espectáculo. El concepto, conocido como phygital -una combinación de las palabras physical y digital-, comenzó a desarrollarse en los últimos años y reúne disciplinas tan diversas como fútbol, básquet, hockey, artes marciales, dancing y carreras, todas adaptadas a esta lógica híbrida.
Boca llegó a Kazajistán después ganar la clasificación en el ámbito argentino y terminó entre los ocho mejores de la competencia. También participó como invitado el equipo de básquet amateur Flow, integrado por jugadores jóvenes de la Liga Nacional y Liga Desarrollo como Valentino Nesci y Francisco Celentano, de San Lorenzo, y Ramiro Stelhi de la Liga Argentina.


Este particular recorrido también permitió dimensionar el salto que significa participar de un evento internacional de estas características: viajar a otro continente, convivir con equipos de distintos países y competir en el marco de los eSports, una modalidad que todavía está construyendo su lugar dentro del mapa deportivo y que, nada menos, tendrá su lugar en los próximos Juegos Odesur en Santa Fe iniciando el ciclo olímpico.
Mientras el formato comienza a expandirse, una de las principales dificultades sigue siendo explicar de qué se trata. Martín Leiva lo sabía antes del viaje y mantiene una mirada similar después de haber vivido la experiencia. «Lo primero que le diría a la gente es que lo vea, que tenga la mente abierta para descubrir algo diferente. Una vez que entendés cómo se juega, es muy lindo de ver», sostiene.
Y Boca ya lo pudo comprobar. Los cuartos de final marcaron el límite deportivo de su primera participación en los Juegos del Futuro, pero también dejaron una experiencia difícil de comparar con cualquier torneo convencional.
Para Bednarek, Tolosa, Jara y Díaz Isgyenderian significó representar a la Argentina en una competencia internacional desde un formato completamente diferente. Para Leiva, fue la posibilidad de volver a aprender el básquet desde otro lugar, después de una vida dedicada a entenderlo desde la cancha y mientras continúa su función como manager del básquet profesional de Boca.
Y para Mar del Plata, una conexión inesperada con una disciplina que todavía parece del futuro, pero que ya tuvo a varios de sus protagonistas viviendo el presente.
Quizás dentro de algunos años sea habitual ver a un gamer compartir equipo con basquetbolistas profesionales. Hoy todavía genera sorpresa. Boca ya estuvo ahí y fue parte de una experiencia que, más allá del resultado, permitió conocer desde adentro una nueva manera de entender la competencia deportiva.
