En 2025 se registraron 5.209 suicidios en Argentina, la cifra más alta de la serie histórica: más de 14 por día y por encima de las muertes por homicidios y siniestros viales. En el comienzo de Septiembre Amarillo, especialistas advierten sobre un fenómeno complejo y multicausal que afecta especialmente a los jóvenes y reclaman políticas públicas de prevención y mayor acceso a la salud mental.
por Delfina Lizundia Remaggi
Septiembre Amarillo comenzó este año con una fuerte estadística que alertó a organismos especializados en salud mental. Desde 2022, el suicidio se convirtió en la principal causa de muerte entre las personas de 15 a 24 años, según el Centro de Datos Chequeado en base a estadísticas del Ministerio de Salud de la Nación. Una cifra que no solo alerta, obliga a preguntarse qué está pasando.
Según datos del Observatorio de Política Criminal (OPC) y del Ministerio de Salud, durante 2025 se registraron 5209 suicidios, lo que representó la tasa más alta de la historia en Argentina y superó las cifras correspondientes a las muertes por homicidios dolosos; con 1767 víctimas, por lo que por cada homicidio se registraron tres suicidios.
De acuerdo con los datos aportados por el OPC, Argentina registró una tasa de 11,8 suicidios cada 100.000 habitantes. La cifra también superó el promedio mundial estimado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Ya en 2024, los suicidios habían superado a las muertes por siniestros viales como causa de muerte entre las personas de 24 a 35 años. En 2025, se registraron 4.060 víctimas de siniestros viales, una cifra que quedó en 1.149 casos por debajo de los suicidios.


Ante estos números, desde la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM) expresaron su preocupación y alertaron que no se trata solamente de un dato estadístico, sino de una señal de alarma frente a un delicado momento sanitario y social. “No debemos desconocer que el suicidio es un fenómeno complejo y multicausal, por lo que sería irresponsable reducirlo a una única explicación o establecer relaciones causales lineales, pero sería igualmente irresponsable ignorar las condiciones sociales, económicas, laborales, familiares y comunitarias en las que se produce el sufrimiento de las personas”, mencionaron a través de un comunicado, en el que también señalaron la falta de responsabilidad por parte del Estado en materia de prevención y acceso a la salud.
Un problema social que atraviesa lo individual
Entre 2017 y 2025, la cantidad de suicidios registrados aumentó de 3.304 a 5.209 casos, lo que representó un incremento del 57,7%. En el mismo período, la tasa pasó de 8,2 a 11,8 suicidios cada 100.000 habitantes. Detrás de estos números hay una realidad devastadora: suceden más de 14 suicidios por día, lo que sería una muerte cada una hora y 41 minutos.
Ya en 2024, desde el Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC) habían alertado sobre estos números en aumento. Uno de los datos que destacaban era el amplio rango de edad que comenzaba a observarse en estos casos: el 45,3% de las personas tenía entre 15 y 34 años, lo que evidenciaba un rango de alcance mayor al registrado en años anteriores.


Un suicidio puede afectar a hasta 135 personas, entre familiares, amigos cercanos y compañeros de trabajo o estudio. La cifra surge de una investigación realizada en Estados Unidos, aunque permite dimensionar el impacto que una muerte por suicidio puede tener en su entorno.
Desde la AASM destacaron que, pese a que el suicidio es un fenómeno complejo y no puede encasillarse en una única causa, existen diferentes factores que pueden terminar desencadenando estos desenlaces fatales. “La pérdida del trabajo, la precarización laboral, el endeudamiento, la dificultad para pagar un alquiler, acceder a una vivienda o llegar a fin de mes no son solo datos. Son situaciones concretas que afectan la vida cotidiana, los vínculos, los proyectos personales y familiares y las expectativas respecto del futuro”, señalaron.
La problemática de la salud mental tomó mayor relevancia en la agenda pública, sobre todo durante los últimos años, en los que los recortes estatales en cuestiones de salud mental evidenciaron un mayor declive, con una reducción de más del 20% de los presupuestos destinados a hospitales monovalentes nacionales.
Por eso, esta temática no solo representa un padecimiento personal, sino que debe ser considerada también como un problema colectivo, en el que la sociedad y el Estado deben intervenir para prevenir estos sucesos. Desde la OMS señalaron que hablar sobre el suicidio, de forma responsable, no lo incita; por el contrario, permite visibilizar el problema, identificar señales de alerta y prevenir futuros casos. Sin embargo, no se trata solamente de hablar sobre el hecho, sino también de pensar la salud mental sin estigmas y garantizar el acceso a profesionales, medidas que podrían marcar una diferencia.
Desde la AASM invitaron a las autoridades a brindar “respuestas urgentes a los problemas de base e implementar de manera inmediata políticas públicas de prevención del suicidio, con presupuesto suficiente, estrategias intersectoriales y participación activa de las organizaciones de la sociedad civil, las universidades, los trabajadores de la salud y las familias”.
En Mar del Plata funciona la línea 109, un espacio gratuito de atención en salud mental que responde principalmente ante situaciones de crisis y actúa como dispositivo de prevención del suicidio. La línea funciona las 24 horas, los 365 días del año, y preserva el anonimato de quienes se comunican. Además, ofrece un espacio de contención y acompañamiento a cargo de profesionales de la salud, que brindan orientación tanto a quienes atraviesan una situación de crisis como después a sus familias.
¿Por qué este tema toma mayor relevancia en septiembre?
Estas cifras cobraron mayor relevancia en la agenda pública con el comienzo del mes dedicado a la prevención y concientización sobre el suicidio. “Septiembre Amarillo” es una campaña internacional de concientización dedicada a la prevención del suicidio y a visibilizar la importancia de la salud mental durante todo el mes de septiembre.
Desde 2003, por iniciativa de la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio, en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), se conmemora cada 10 de septiembre el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. El objetivo de esta jornada es concientizar a nivel mundial sobre la posibilidad de prevenir el suicidio.
La elección del color y su origen se remontan a un movimiento creado en 1994 por familiares y amigos de Mike Emme, un joven de 17 años de Estados Unidos que se quitó la vida en septiembre de ese año. Según contaron sus padres, era un chico cariñoso, servicial y con amplios conocimientos de mecánica.
Uno de los símbolos de su historia fue un Ford Mustang modelo 1968 que había comprado, reconstruido y finalmente pintado de un amarillo brillante. Luego de la trágica muerte del joven, sus familiares y amigos comenzaron un movimiento que posteriormente sería conocido como “Yellow Ribbon”, ya que entregaron cintas amarillas durante el velorio para concientizar sobre la importancia de pedir ayuda.


Septiembre Amarillo invita a poner en agenda un tema del que es necesario hablar durante todos los meses del año, una responsabilidad que no corresponde únicamente al Estado, sino también a la comunidad. Porque detrás de esos números hay familias, amigos y compañeros de diferentes espacios que se encuentran atravesando una pérdida profunda, que muchas veces podría haberse evitado.
En tiempos difíciles, donde todo es urgente y la realidad económica y social golpea cada vez a más personas, es necesario detenerse un momento y preguntar: ¿Estás bien? ¿Querés hablar?
