El evento ocurrido el 16 de octubre en la playa frente al Asilo Unzué, el segundo registrado en la ciudad tras el nacimiento de un ejemplar en 2024 en Punta Mogotes, plantea interrogantes sobre el comportamiento de la especie en estas latitudes y sobre la la posibilidad de que estos episodios se produzcan más seguido.
Por Agustín Casa
En la playa ubicada frente al antiguo Asiló Saturnino Unzué, el viernes 16 de octubre se produjo un evento muy poco frecuente en la costa de Mar del Plata: una elefanta marina tuvo una cría. Desde entonces, en ese lugar se desplegó un operativo para preservar a los dos animales, garantizar el vínculo madre-cría y que se pueda completar con éxito el período de lactancia, que se extiende por 25 días en tierra.
El cachorro superó las primeras 72 horas —que son críticas porque las crías tienen que prenderse a las mamas de la hembra para concretar la lactancia y sobrevivir—, lleva 16 días de vida y en 9 días se producirá el destete.
“La cría viene creciendo bien, moviéndose bien, incluso metiéndose al agua con la madre. Son señales de que todo transcurre bien, pero es fundamental que cumpla el ciclo por la sobrevida posterior”, cuenta a Bacap Carolina De León, doctora en Ciencias Biológicas e integrante del grupo Biología, Ecología y Conservación de Mamíferos Marinos del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (IIMyC), de la UNMDP y el CONICET.
Luego del destete, la madre emprenderá un viaje de alimentación que puede durar meses y la cría será un animal independiente: quedará sola en la playa —puede permanecer varios meses en la zona— y comenzará a realizar inmersiones en el mar para alimentarse, aunque posiblemente no tenga éxito al principio. De Léon remarca que, en esa situación, el cachorro “se vale de sus reservas de grasa, que son las que acumula durante el periodo de lactancia”.
Al igual que un animal adulto, el ejemplar juvenil se alimenta de peces y calamares. En los primeros meses posteriores al destete, puede pasar períodos largos de ayuno mientras aprende a nadar y obtener su propio alimento.
“Puede ir nutriéndose de sus reservas energéticas, que es lo que hace la madre durante la lactancia. Está en ayuno, se nutre de sus reservas y sobrevive. Muy probablemente vayamos viendo cómo el mismo animal se va a ir estilizando, va a estar un poco más flaco, pero es todo normal y parte del ciclo”, agrega la bióloga.
Antecedentes de nacimientos de elefantes marinos en la costa bonaerense
Desde 2024, luego del brote de gripe aviar en la colonia de Península Valdés (provincia de Chubut) en 2023, se han registrado algunos nacimientos de elefante marino del sur (Mirounga leonina) en las costas del sur de Brasil, Uruguay y la provincia de Buenos Aires.
Algunas de las ciudades bonaerenses en la que se observaron estos eventos son Villa Gesell, Mar Chiquita, Quequén, Miramar y Nuevo Atlantis. Según el grupo de Mamíferos Marinos del IIMyC, el primer nacimiento en la costa de Mar del Plata se produjo en octubre de 2024, en una playa del sector de Punta Mogotes, pero la cría falleció a los dos días por causas naturales. El episodio del 16 de octubre de este año es el segundo documentado en la costa marplatense.
En la actualidad, en paralelo al evento en Mar del Plata, en Villa Gesell se produjo un nacimiento entre el sábado 24 y el domingo 25 de octubre en la zona del Faro Querandí. Este sábado (31 de octubre), la Secretaría de Salud del Municipio de Villa Gesell informó otro nacimiento —el segundo de la temporada y el cuarto registrado hasta el momento en las playas de ese distrito— y pidieron a la población respetar la recomendaciones ya que la madre se encuentra muy estresada y en estado de alerta ante la presencia de personas en el lugar. Asimismo, el miércoles 7 de octubre nació un ejemplar de la especie en Praia do Cassino, en el estado de Rio Grande do Sul, en Brasil.
Previo a 2024, solo hubo dos registros de nacimientos de esta especie en la costa de la provincia de Buenos Aires. Uno fue en Punta Indio en 1995 y el otro en Quequén en 2013.


Proteger a la madre y su cría
La coordinación para el operativo en la playa marplatense comenzó un día antes del nacimiento. Ante el aviso de Carolina De León, el equipo de Guardaparques del Ente Municipal de Servicios Urbanos (EMSUR) empezó a monitorear a la elefanta con personal en la costa y con cámaras. Cuando la elefanta tuvo a su cría, ya estaban organizados los pasos a ejecutar. Se trazó un perímetro con un vallado a 20 metros alrededor de los animales y, desde entonces, el personal realiza guardias rotativas para monitorearlos en el lugar durante los 25 días del período de lactancia.
Participan de los trabajos, que se extenderán hasta que se produzca el destete, guardaparques y Defensa Civil municipales y profesionales del Museo Municipal de Ciencias Naturales “Lorenzo Scaglia”, bajo la supervisión del Ministerio de Ambiente de la provincia de Buenos Aires, y con asesoramiento del grupo de Mamíferos Marinos del IIMyC.
“El trabajo hasta ahora ha sido exitoso porque logramos una continuidad en la vigilancia y en el mantenimiento de ese perímetro de protección. La idea es proveer al animal de un espacio para que no tenga ningún tipo de estrés y es una medida de seguridad tanto para el público como para el animal. Tenemos que tener presente que se trata de un animal silvestre, que está en un estado defensivo, con su cría. El acercamiento no solamente puede implicar un daño para el animal, sino para las personas que pueden llegar a ser lastimadas o mordidas”, detalla Natalia Martino, doctora en Ciencias Biológicas y profesional del Departamento de Recursos Naturales y Guardaparques del EMSUR.
Si bien es una zona concurrida de Mar del Plata, donde todo el año muchos peatones circulan por la costa al nivel de la calle —en ese sector el paseo costero está en altura—, el espacio donde se ubicaron los animales en la playa favoreció el desarrollo del operativo.
“El paredón permite un escenario muy accesible, seguro. Si bien tiene una distancia respetable, la tecnología que maneja la mayoría permite verlos con cámaras fotográficas. Y la escollera, que ha elegido esta hembra para parir y para amamantar a su cría, ha sido un lugar más que clave porque genera un resguardo natural, una delimitación que a nosotros nos ayudó para que el perímetro sea un poco más contundente y continuo”, comenta la referente del área de Guardaparques.
Para Martino, la mayor preocupación radica en que el vínculo entre madre y cría no se rompa durante los 25 días de amamantamiento. “Nuestra función es tratar de que el ambiente se mantenga lo más natural posible, como si ella hubiera tenido cría en la colonia. Obviamente no es lo mismo, pero es tratar de quitar el factor humano y de perturbación por parte nuestra lo más posible”, señala.
Saturnino y Perla
Como el nacimiento tuvo lugar en la playa ubicada en Río Negro y la costa, frente al Asilo Saturnino Unzué, y en el límite norte del barrio la Perla, la cría fue nombrada Saturnino —para algunos también Alfredito— y la madre Perla.
El evento natural ocurrido en esta playa de la zona de La Perla generó sorpresa en la comunidad. Con el correr de los días, las fotos y los videos del vínculo entre la madre y su cría, no solo fueron motivo de notas y posteos en redes sociales de medios marplatenses, también medios nacionales e internacionales replicaron la noticia y las imágenes.
Desde su ubicación, detrás del vallado, Martino tiene la posibilidad de observar el vínculo entre Saturnino y Perla por largos periodos de tiempo. No deja de sorprenderse por la atención constante que tiene la elefanta sobre el cachorro. Si bien la ve relajada, en postura de descanso, ella está pendiente a cualquier movimiento o sonido fuerte.
“Cuando pasó un helicóptero, ella lo siguió con la vista. También se escuchó una moto con ruidos fuertes, con escape libre, y ella levantó la cabeza”, relata.
Es importante que las personas no anden con perros sueltos en esa playa ni en aledañas, porque ante la cercanía, no solo pueden representar un riesgo físico para los elefantes marinos, sino que su presencia puede causarles estrés.
Cabe recordar que está prohibido el ingreso de animales a las playas y balnearios de General Pueyrredon, según la Ordenanza municipal Nº 4.133 y su modificatoria (la Ordenanza Nº 15.642) y que la Ordenanza municipal N°22.031, que establece un reglamento para la tenencia responsable de mascotas, en su artículo 13, prohíbe que los perros anden sueltos en la vía pública e indica que es obligatorio el uso de correa, collar y bozal.
“La presencia de los perros hace que ella (la madre) esté alerta. Cuando la cría se ha desplazado más hacia la arena seca, ella interpone su cuerpo, entonces, la tiene constantemente bajo un perímetro de vigilancia absoluta. Cuando ha ingresado al agua, no se ha alejado más de seis o siete metros de la costa, y todo el tiempo con la mirada sobre él”, describe y agrega que durante esos ingresos al mar la madre realiza vocalizaciones continuas.
Esta semana, desde la Municipalidad de General Pueyrredon sumaron más vallado y se colocó cartelería en la playa con las precauciones para preservar el entorno en que se produce el período de lactancia. Las instrucciones son claras: mantener distancia, respetar el cerco perimetral, no concurrir a la playa con mascotas, no realizar ruidos molestos y respetar las indicaciones del personal. En esa línea, el miércoles 28 de octubre el Ente Municipal de Turismo y Cultura (EMTURyC) difundió un comunicado con las recomendaciones para preservar el vínculo madre-cría.


El curioso reino animal
En la tarde del martes 27 de octubre, apareció un tercer ejemplar de elefante marino en la misma playa. Primero se ubicó en una playa lindera, en la zona de Bahía Bonita. Luego se desplazó hacia la playa donde están la madre y la cría.
“Se acercó al cachorro, la mamá se le acercó y vocalizó de una forma bastante agresiva, o por lo menos eso es lo que interpretamos, y la alejó”, comenta Martino.
Se trata de una hembra adulta que tiene marcas de haber tenido una cría en esta temporada reproductiva. El miércoles permaneció en esa playa y el jueves se movió a la playa de al lado. Este sábado por la mañana ese ejemplar se alejó de la playa.
En tanto, el jueves también se arrimó a la orilla de esa playa un lobo marino de un pelo y se retiró del lugar en el mismo día.


¿Por qué nació un elefante marino en Mar del Plata?
En 2023, un brote de influenza aviar de alta patogenicidad causó la muerte de alrededor de 17.000 crías (el 97 % de las nacidas en esa temporada) en la colonia de elefantes marinos de Península Valdés.
«Toda la temporada reproductiva falló. Hay un número que hoy estamos en condiciones de poder definir con muchísima más precisión, que es que aproximadamente el 50 % de las hembras adultas también murieron. Algunas en la playa y otras, al regresar al mar, no pudieron recuperarse y murieron. Eso fue un impacto verdaderamente muy fuerte para esta población”, afirma Valeria Falabella, bióloga y directora del Programa de Conservación Costero Marino de WCS Argentina.
Tras el brote de gripe aviar en la colonia de Península Valdés, esa población fue recategorizada por la Sociedad Argentina para el Estudio de los Mamíferos (SAREM) como vulnerable y este año también pasó a ese estado de conservación a nivel global por parte de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
Según De León, la principal hipótesis sobre la seguidilla de nacimientos aislados de elefantes marinos del sur en la costa bonaerense, de Uruguay y el sur de Brasil desde 2024 está vinculada al brote de gripe aviar que afectó a la colonia reproductiva en Península Valdés en 2023.
“Si bien están dentro de su área de distribución, siempre repetimos que los sitios reproductivos de los elefantes están principalmente en Península Valdés, los que pertenecen a esa colonia, y en otros sitios en islas. Yo creo que esto por ahí está indicando algún tipo de cambios en la distribución. Hay que estudiar muchos años para ver qué ocurre”, indica De León.
Por su parte, Falabella resalta que “hay algunas hipótesis, pero todavía no hay una información precisa que pueda explicar lo que estamos identificando”. Al mismo tiempo, destaca: “Un nacimiento por fuera de la colonia reproductiva era algo muy poco esperado. Luego de la temporada del impacto de gripe aviar, lo que identificamos fue que el número de apariciones en sitios por fuera de la zona reproductiva aumentó. Hoy no tenemos datos para publicar, pero estamos tomando los registros de todas las noticias que se dan respecto a este tema”.
Sobre la decisión de tener sus cachorros en otros sitios, De León señala que es “una cuestión de la naturaleza como de favorecer el desarrollo de la cría”, pero reconoce que “no encuentra todavía la explicación de cómo los animales pueden darse cuenta de eso”.
En este punto, Falabella se detiene en que las crías nazcan en áreas más al norte de la colonia reproductiva, donde la temperatura del agua y el ambiente puede ser mayor. “En contextos de cambio climático, esto no es una buena elección para un individuo que tiene una capa de grasa y un pelaje importante. Las crías son negras y tienen poca capacidad de termoregulación. Y, por otro lado, esas hembras se van al mar probablemente sin contacto con machos, o sea, que probablemente vuelvan a la costa sin haberse preñado. Hoy hay hipótesis que nos cuentan que hay muchas posibilidades de que estos animales puedan copular y quedar preñados en el mar, esa también es una alternativa, pero no deja de ser llamativo esto y poco común”, reflexiona.
Pese a la novedad que representan estos nacimientos más al norte, la referente de WCS Argentina considera que hasta el momento estos nacimientos en otras latitudes “son eventos muy aislados, a nivel poblacional no generan impacto” y advierte que “esa cría tiene menos probabilidades de sobrevivir”.
Las elefantas marinas tienen solo una cría por temporada y la especie se caracteriza por un alto porcentaje de mortalidad natural en el primer año de vida. “La mortalidad de las crías es alta naturalmente. Si el impacto de la gripe aviar solamente hubiese generado la mortalidad de todas las crías, la población se hubiese recuperado en aproximadamente 10 o 15 años, porque, de por sí, el 50 o 60 % de las crías puede morir naturalmente durante el primer año”, afirma Falabella.
En este sentido, subraya que uno de los momentos más críticos en cuanto a mortalidad para esta especie es durante su primera etapa pelágica, es decir, cuando dejan la playa tras finalizar el período de lactancia.


Solos o acompañados
Los elefantes marinos que nacen en estas latitudes, una vez que se produce el destete, no tienen ejemplares de su especie alrededor. De León no cree que sea una dificultad, pero aclara: “Lo que sí ocurre es que los destetados quedan en playa en Península Valdés, tienen otros elefantes y otros destetados en los alrededores, pero no creo que le implique algún tipo de modificación en el aprendizaje”.
“En esta especie, a partir del momento en que se encuentra destetado, no necesita del aprendizaje de otro animal”, agrega la integrante del grupo de Mamíferos Marinos del IIMyC.
Si bien al finalizar el período de lactancia los animales se valen por sí solos, Falabella cuenta que en Península Valdés “las crías destetadas se van juntando en la playa en sectores donde solamente se los encuentra a ellos, y quizás algún subadulto descansando, y se alejan de los harenes porque son generalmente rechazados por las hembras que tienen crías”.
“En estos sectores se ven decenas de crías destetadas y juegan muchísimo. Nadan, se meten al agua, juegan en piletones, simulan ataques entre ellos, hacen toda una serie de comportamientos sociales que no tengo duda que tienen un valor en el desarrollo y el crecimiento de estos animales. Comienzan a adquirir habilidades respecto a la natación que van a ser claves para ellos. Entonces, la falta de toda esa interacción, y de todo ese comportamiento social, también imagino que reduce capacidades de las crías que nacen en zonas aisladas y de manera solitaria”, plantea.
Además, Falabella comenta que “durante todo ese periodo en que socializan, aprenden a nadar y adquieren capacidades para iniciar su primera etapa pelágica, van perdiendo también peso y llega un momento que necesitan ir al mar a alimentarse”.
“En la etapa pelágica de alimentación es cuando se da la mayor mortalidad, individuos que quizás no pueden bucear adecuadamente o no encuentran un alimento como corresponde o también sufren predación”, explica.


Una maravilla natural
Para Falabella, el elefante marino es un animal increíble: nace en tierra pero tiene vida de mamífero marino y puede permanecer muchos meses en agua con buceos largos.
“Supera los 1.000 metros de profundidad con toda tranquilidad y hace entre 60 y 80 buceos diarios a profundidades promedio de 500 metros. Quienes buceamos, podemos dimensionar lo que significa en términos fisiológicos estar adaptados para algo así”, asegura.
Son animales que al menos dos veces al año vuelven a la costa para cambiar el pelaje y para reproducirse. En esta época del año, las hembras se dirigen a la colonia reproductiva de Península Valdés, donde tienen a sus crías entre agosto y noviembre.
El Atlántico sudoccidental es su área de alimentación y pueden recorrer decenas de miles de kilómetros. Por eso, se los puede observar en las playas de la costa bonaerense en períodos de descanso o de cambio de pelo.
Desde hace dos años, lo novedoso son los nacimientos en estas latitudes. Si aumenta la frecuencia de este tipo de eventos en zonas concurridas, el desafío será que desde las áreas intervinientes puedan responder con operativos en playa para la preservación de esos animales y que la comunidad respete las precauciones para resguardar el ciclo natural de las madres y crías de esta especie.
En ese marco, desde el grupo de Mamíferos Marinos del IIMyC proyectan realizar una reunión, una vez finalizado el operativo, para generar un protocolo escrito para la intervención ante nacimientos de elefantes marinos en la costa de Mar del Plata.
Por ahora, se trata de episodios aislados, que generan sorpresa en la población y permiten poner a un actor de la biodiversidad marina en primera plana.
