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Cuando el mar retrocedió y volvió con furia: guardavidas frente a un fenómeno inédito

El lunes, el mar hizo algo que en esta costa casi nunca hace. Retrocedió. Se fue para atrás como si tomara carrera. Dejó al descubierto arena seca, banderas clavadas, piedras desnudas, cuerpos sorprendidos. Fueron apenas minutos, pero alcanzaron para que la playa pasara de postal de verano a escenario de caos.

El fenómeno —un meteotsunami, provocado por cambios bruscos en la presión atmosférica y el viento— golpeó con una masa de agua violenta e imprevisible distintas playas del partido de Mar Chiquita y Mar del Plata. El saldo fue trágico: un hombre murió y al menos 35 personas resultaron heridas. Pero también dejó al descubierto algo más: la rapidez de reacción de los guardavidas, la responsabilidad de decisiones tomadas en segundos y una cadena de solidaridad espontánea entre bañistas.

Mientras el agua avanzaba llevándose sombrillas, reposeras y pertenencias, hubo quienes soltaron todo para agarrar a un nene, a un abuelo, a alguien que no podía ponerse de pie. Y hubo guardavidas que entendieron, antes que nadie, que algo no estaba bien.

Tres guardavidas cuentan cómo vivieron ese momento límite.

Victoria – Santa Clara del Mar

Victoria trabaja en el puesto cinco de Santa Clara del Mar. Lleva casi ocho años como guardavidas. El lunes, el mar parecía ideal. Hasta que dejó de serlo.

“El mar acompañaba, era un baño tranquilo. Pero empezó la bajante y bajó demasiado. La arena se secó, las banderas quedaron descubiertas y el viento se frenó. Eran todos los indicios de que algo pasaba”, relata.

Nunca imaginó algo así en Argentina. “Se formó un olón, pero no era una ola: era una masa de agua. Agarró a toda la gente de la orilla de golpe”.

“Era una masa de agua, no una ola”

El agua avanzó hasta la arena seca, dio vuelta a quienes tomaban sol, se llevó sillas, sombrillas. “Nuestra prioridad era agarrar a los nenes, y después ayudar a la gente a pararse para que no la siguiera arrastrando”.

En el puesto eran tres: dos guardavidas y un aspirante que cumplía su último día de práctica. “Me saco el sombrero con él. Respondió a todo”.

El trabajo fue casi instintivo, pero ordenado: dos bajaron a la orilla, uno quedó arriba observando el mar. “Como si fuera un rescate individual, pero multiplicado”.

Hubo un herido con un corte leve, atendido en el momento. Lo demás fue susto, shock, trauma. “No es algo que estudiemos porque acá no pasa. Pero el trabajo en equipo fue óptimo”.

Maxi – Torreón del Monje

Maxi es guardavidas desde hace más de 20 años. Trabaja en el Torreón del Monje, casilla 9, de 14 a 20. Surfea. Conoce el mar. Y aun así, lo que vio ese lunes no se parecía a nada.

“Era un día común, hermoso, de mucho calor. El agua estaba a 22 o 23 grados, afuera más de 35. Había más gente en el agua que en la arena”, recuerda. Todo transcurría como cualquier jornada intensa de temporada: chicos perdidos, gente descompuesta, primeros auxilios. Hasta que el mar empezó a irse.

“Vimos que la gente se iba para atrás. El mar se la empezaba a chupar. Eso nos llamó la atención enseguida. Salimos corriendo a sacar a la gente porque se podían ahogar”.

“Cuando el mar se empezó a retirar, supimos que algo no estaba bien”

El retroceso fue tan marcado que Maxi y sus compañeros subieron a la escollera para mirar el horizonte. “Te juro que parecía que se venía un tsunami. El mar se estaba yendo de una manera que acá no es normal. Yo eso lo vi en otros países, no acá”.

La decisión fue clara: evacuar el agua. “Empezamos a echar a toda la gente del mar. Y fue una decisión buenísima. La gente entendió y respetó. También ellos se daban cuenta de que algo raro estaba pasando”.

Minutos después, el agua volvió. No como una ola aislada, sino como una marea empujada con violencia. “Se llevó todo. Fue una estampida. Sacamos a cuatro o cinco viejitos de las piedras y los llevamos a la arena seca. Por suerte, como ya no había nadie bañándose, no tuvimos pérdidas”.

Cuando parecía haber pasado, llegó lo más extraño: un remolino de unos 30 metros de diámetro. “Salimos con Prefectura a sacar a dos nadadores que se estaban yendo para ahí. Por suerte salió todo bien”.

Maxi lo resume con orgullo: “Tomamos buenas decisiones, la gente nos escuchó y no hubo que lamentar tragedias. Tengo compañeros excelentes. Estoy muy orgulloso del equipo”.

Martina – Mar de Cobo

Esta es la tercera temporada como guardavidas en el partido de Mar Chiquita de Martina y su primera en Cobo Centro. El fenómeno, dice, los tomó por sorpresa.

“El agua se retiró unos 15 metros. De repente vemos al fondo que viene una ola distinta, con mucho espumón. No estamos capacitados para algo así, es un fenómeno único”, explica.

La masa de agua avanzó sin frenar hasta el médano. “Se llevó gente puesta”. El primer rescate fue inmediato: una mujer de 80 años con su nieto de cinco en brazos, cerca de la escollera. “Cuando veo que se la empieza a llevar, salto y llego a agarrarla. Estaba en shock”.

“No estamos preparados para algo así, pero hicimos todo lo que había que hacer”

Hubo susto, golpes, una dislocación de rodilla como lesión más grave. Y una escena repetida en toda la playa: gente buscando hijos, cosas, referencias. Pero también solidaridad pura.

“Un hombre dijo: ‘Vi que mi celular se iba, pero lo dejé con tal de agarrar a unos nenes para que no se los lleve el agua’”, cuenta Martina. Dos personas parapléjicas perdieron sus bastones y toda la playa empezó a gritar hasta encontrarlos.

“No estábamos preparados para tantos rescates al mismo tiempo. Éramos dos por turno. Era ayudar a uno, después a otro, después a otro. Todos se caían, todos estaban revolcados y no se podían parar”.

Días después, todavía procesando lo vivido, Martina reflexiona: “Con la cantidad de gente que había en cada playa y siendo los que somos, actuamos más que bien”.

Al día siguiente, esa experiencia pareció tener un símbolo: Martina y Victorio integró el equipo que salió campeón en una competencia de salvataje acuático en Pinamar, en su sexta edición, frente a equipos de Mar del Plata, Villa Gesell y otros destinos. “Fue rescate tradicional, siete por equipo. Somos guardavidas. Esto es lo que hacemos”, dice, con humildad.

Martina y Victoria celebran el campeonato de rescate.
Martina y Victoria celebran el campeonato de rescate.

El mar volvió a su lugar

El meteotsunami dejó una herida y una pérdida irreparable. Pero también dejó una enseñanza: incluso frente a lo desconocido, hay decisiones que salvan vidas. Guardavidas que leen el mar, que actúan sin dudar, y bañistas que escuchan, ayudan y priorizan al otro.

Ese lunes, cuando el mar retrocedió, hubo quienes supieron leer la señal. Y cuando volvió con furia arrastrando todo, hubo quienes estuvieron ahí para sostenerlo.

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