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enero 25, 2026
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Trabajar con miedo: deliverys, motos robadas y una reacción peligrosa que expone el vacío del Estado

Robos de motos, ataques armados y una reacción desesperada que expone a los trabajadores a situaciones límite: la inseguridad que enfrentan los deliverys en Mar del Plata y el vacío del Estado frente a la inseguridad

Por Juan Salas

Salir a trabajar en moto en Mar del Plata implica hoy algo más que esquivar autos, soportar el calor del verano o bancarse la lluvia y el viento. Para los deliverys, cada pedido es también una apuesta: la posibilidad de volver a casa con la moto o convertirse en una nueva víctima de la inseguridad. Robos, persecuciones, armas de fuego y ataques forman parte de una rutina que se repite sin horarios ni zonas fijas.

En ese escenario, algunos trabajadores comenzaron a organizarse para recuperar motos robadas siguiendo rastreadores GPS. No se trata de justicia por mano propia ni de una búsqueda de confrontación contra delincuentes, sino de una reacción desesperada frente a la ausencia de respuestas rápidas del Estado. Sin embargo, esa modalidad, que implica juntarse en grupos numerosos y entrar a barrios conflictivos muchas veces a los golpes, es altamente temeraria y puede terminar en tragedias irreversibles.

El caso de la repartidora Yohana Stanley, baleada durante un asalto, marcó un punto de quiebre. Pero no es el único.

Un ataque que pudo ser fatal

El 11 de enero, Yohana Stanley (29) circulaba en su moto por la zona de Galicia y Nápoles cuando fue interceptada por cuatro delincuentes que se desplazaban en dos motos. Según la reconstrucción judicial, los atacantes le cerraron el paso con claras intenciones de robo. La joven no se resistió. Aun así, uno de los agresores efectuó al menos dos disparos.

Uno de los proyectiles impactó en el tórax y quedó alojado en la columna vertebral; el otro la hirió en el brazo izquierdo. La caída sobre el asfalto fue inmediata. Los asaltantes se llevaron su Honda XR y escaparon, dejándola gravemente herida. Fue trasladada de urgencia al Hospital Interzonal General de Agudos, mientras en el lugar se secuestraba una vaina servida calibre .45.

La investigación avanzó con rapidez. Personal de la DDI realizó allanamientos en distintos domicilios de la ciudad, donde se secuestró una pistola Colt calibre .45 con numeración suprimida, presuntamente utilizada en el ataque. Hubo detenidos, imputaciones y peritajes en curso. El caso dejó algo en claro: la violencia ya no se limita al robo, sino que escala a niveles que ponen en riesgo la vida de quienes trabajan.

“No es justo salir a trabajar con miedo”

En Mar del Plata hay alrededor de 2.000 deliverys, según estimaciones del sindicato de cadetes motoristas y mensajeros. Para su secretario general, Alan Guido Veltri, la situación es crítica.

“La inseguridad la vemos con preocupación. No es justo que salgamos a trabajar con miedo cuando el sacrificio que hacemos para llevar el mango a casa es muy grande”, señala. A las condiciones climáticas, el tráfico y las largas jornadas se suma ahora la posibilidad constante de ser asaltados.

“Se sufren robos todos los días. No hay una zona fija ni un horario fijo. Apuntan directamente a nuestra herramienta de trabajo. Sin la moto no podemos facturar”, explica. El problema se agrava porque las aplicaciones no ofrecen seguros que cubran estos hechos: “El único seguro que tiene el compañero es el que le pone a su moto. Siempre recomendamos seguro comercial para delivery, pero todo corre por cuenta del trabajador”.

Organización entre compañeros y una respuesta que preocupa

Ante la falta de respuestas inmediatas, los deliverys comenzaron a organizarse entre ellos. Grupos de WhatsApp por zonas, alertas rápidas y coordinación para actuar en minutos cuando una moto es robada.

“La comunicación entre los trabajadores es permanente. Si no fuera así, no se podría hacer nada”, admite Veltri. La clave es el tiempo: “Si la moto tiene rastreador y no actuás rápido, en una hora la desarman y no la encontrás más”.

Esa lógica llevó a situaciones extremas. En uno de los últimos casos, una moto robada fue localizada por GPS en una vivienda de la calle Venezuela al 60. Los compañeros fueron hasta el lugar de día y la recuperaron. En la escena, según relatan, solo había una mujer policía en un patrullero.

“Nosotros estamos para llevar pedidos, no para recuperar motos”, aclara el dirigente sindical. “Pero genera tanta impotencia que te saquen lo que tanto sacrificio te costó. El 90% de los compañeros sufrió el robo de su herramienta de trabajo”.

La advertencia es clara: “Sí, hay riesgo. No sabemos con qué nos podemos encontrar. Esto puede terminar muy mal”.

Actuar o denunciar

Sergio trabaja desde hace dos años como delivery. Es uno de los que participó en la recuperación de una moto robada, un episodio que se viralizó en redes sociales. Cuenta que la mayoría paga rastreadores mensuales que rondan los 18 mil pesos.

“Te dicen que hagas la denuncia, y está bien, pero hasta que la policía actúa vos ya juntaste un grupo. Nos encontramos en un punto y salimos a buscar la moto”, relata. El miedo es constante: “Está todos los días. Hasta cuando salís a laburar”.

Reconoce que fue a lugares muy peligrosos y que no debería haberlo hecho. “Uno se mete y no sabe con lo que se puede encontrar. Los chorros son pibes, muchos menores, de 12 o 13 años”. La paradoja es brutal: “Perdés más tiempo haciendo la denuncia que yendo a buscar la moto. Pero si no denunciás, el que puede terminar preso por cometer un delito sos vos”.

La cuenta de Instagram @robosmdp expuso el episodio del que habló Sergio y y señalaron que los deliverys “están solos”, sin custodia ni presencia estatal que los acompañe durante las jornadas laborales. Salen a trabajar sabiendo que cualquier moto o bicicleta puede convertirse en el próximo blanco de un robo.

En la publicación, @robosmdp remarcó además que los trabajadores realizan marchas y reclamos para pedir mayor seguridad y poder trabajar sin miedo. “No quieren privilegios ni pelearse con nadie: quieren volver vivos”, subrayaron.

 

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Casos que se repiten

El ataque a Yohana no es un hecho aislado. En Don Bosco, un repartidor fue asaltado a mano armada por cuatro personas; uno de los autores identificados tenía 13 años. En Gutemberg y Tetamanti, un delivery se trenzó en una pelea en plena calle para evitar que le robaran la moto. En otro episodio, una pareja fue amenazada con armas al entregar un pedido; luego se secuestraron siete réplicas de pistolas en un allanamiento.

Las escenas se repiten con una constante: trabajadores solos, expuestos y sin protección.

Un problema estructural

Durante el tercer trimestre de 2025 se registraron 653 robos de motos en Mar del Plata. Aunque la cifra muestra una leve baja respecto de períodos anteriores, sigue siendo una de las más altas de la última década y convierte a 2025 en el segundo año con mayor cantidad de robos de este tipo.

Mientras las responsabilidades del Estado se diluyen, los deliverys salen a la calle porque no les queda otra. Algunos, incluso, dejan de trabajar para ayudar a un compañero, para intentar recuperar lo que les robaron.

No buscan enfrentamientos ni privilegios. Buscan volver vivos. Pero cuando el trabajador tiene que organizarse para cuidarse solo, cuando la urgencia lo empuja a asumir riesgos extremos, algo del sistema ya falló. Y el costo de esa falla puede ser demasiado alto.

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