Tras las Jornadas de Innovación Tecnológica y Gestión realizadas en Mar del Plata, el vicepresidente II del Colegio de Magistrados bonaerense reflexionó sobre los alcances y límites de la inteligencia artificial en el Poder Judicial. Defendió el contacto humano en los procesos judiciales y advirtió sobre la necesidad de regular estas herramientas.
La inteligencia artificial llegó para quedarse y la Justicia no es ajena a ese proceso. Sin embargo, para Mario Caputo, vicepresidente II del Colegio de Magistrados de la Provincia de Buenos Aires, existe una frontera que no debería cruzarse: la de las decisiones humanas.
El magistrado fue uno de los participantes de las Primeras Jornadas de Innovación Tecnológica y Gestión, realizadas días atrás en Mar del Plata bajo el lema “La Justicia que viene: Innovación Tecnológica y Liderazgo Humano”, un encuentro que reunió a jueces, fiscales, funcionarios y especialistas para debatir sobre los desafíos que plantean las nuevas tecnologías.
En diálogo con Bacap, Caputo sostuvo que la inteligencia artificial puede ser una herramienta valiosa para optimizar el funcionamiento cotidiano de los tribunales, aunque remarcó que existen aspectos esenciales del servicio de justicia que deben seguir dependiendo exclusivamente de las personas.
“La IA es algo real, que ya está en la sociedad, y tenemos que ver para qué sirve y para qué no”, señaló. En ese sentido, consideró que puede resultar útil para tareas repetitivas o administrativas, así como para mejorar los sistemas de búsqueda de antecedentes y jurisprudencia.
“Para cuestiones de archivo, para conectar información o mejorar los buscadores puede ser una herramienta muy importante. Son cosas que ya usamos todos en la vida cotidiana”, explicó.
Sin embargo, advirtió que la gobernabilidad del Poder Judicial y el vínculo con quienes acuden a él son aspectos que no pueden delegarse.
“Nosotros somos un poder pacificador dentro del Estado. Solucionamos conflictos entre ciudadanos y para eso hace falta empatía. Eso no puede hacerlo una máquina”, afirmó.
El valor del cara a cara
Caputo también se mostró crítico de la virtualidad cuando reemplaza el contacto directo entre las personas.
“Estoy bastante en contra de los juicios por Zoom. Fue una herramienta muy útil durante la pandemia, pero el trato cara a cara es mucho mejor”, sostuvo.
Según explicó, la experiencia acumulada durante décadas en tribunales demuestra que la valoración de una situación judicial no depende únicamente de la información objetiva que surge de un expediente.
“Fui juez de tribunal oral durante casi veinte años. En un juicio uno ve los rostros, las reacciones, los gestos del imputado, de la víctima, de los testigos y hasta de los familiares que están presentes. Hay una información humana que no aparece en un papel y que se aprende a interpretar con la experiencia”, indicó.
Por eso, rechazó la posibilidad de que una inteligencia artificial pueda asumir funciones de juzgamiento.
“La IA nunca puede juzgar. Los que estamos autorizados para hacerlo somos quienes pasamos por un proceso de selección, exámenes, entrevistas y controles públicos para ocupar ese lugar”, remarcó.
Tecnología para agilizar procesos
Más allá de esos límites, el magistrado destacó los avances tecnológicos que incorporó la Justicia bonaerense durante los últimos años, especialmente a partir de la pandemia.
Recordó que el trabajo remoto y la digitalización de expedientes permitieron sostener el servicio judicial en un contexto extraordinario y continúan siendo herramientas útiles para mejorar la gestión.
“Hoy podemos trabajar desde distintos lugares, adelantar tareas y tener acceso al escritorio de trabajo de manera remota. Eso ayuda mucho a la organización y a la eficiencia”, señaló.
Para Caputo, el desafío actual pasa por aprovechar esas ventajas sin perder de vista el rol humano que cumple el sistema judicial.
El desafío de regular la inteligencia artificial
Otro de los ejes abordados durante las jornadas fue la necesidad de avanzar en marcos regulatorios para el uso de la inteligencia artificial.
Caputo reconoció que el fenómeno avanza a una velocidad que muchas veces supera la capacidad de respuesta de los Estados.
“Es una herramienta que apareció muy rápido y que todavía genera dificultades para pensar cómo legislarla. Hay especialistas que sostienen que los Estados aún no están preparados para comprender hasta dónde puede llegar”, explicó.
Aun así, consideró imprescindible que existan reglas claras. “Los Estados no pueden delegar todo en privados. La inteligencia artificial tiene sesgos, porque detrás hay empresas, algoritmos y decisiones que muchas veces no vemos. Por eso es fundamental discutir cómo se regula”, sostuvo.
Y concluyó: “La inteligencia artificial debe ser una herramienta al servicio de las personas. No puede transformarse en algo que nos supere ni reemplazar aquello que hace humana a la Justicia”.
