Mar del Plata podría recuperar el partido más atractivo del básquet argentino en la
máxima categoría de la rama femenina.
Por Florencia Cordero
La posibilidad comenzó a tomar fuerza y el básquet femenino marplatense ya se permite
soñar. Con las nuevas plazas disponibles para la Provincia de Buenos Aires a partir del
acuerdo entre la Federación Bonaerense y la Asociación de Clubes, en Mar del Plata
aparece una ilusión que hasta hace poco parecía lejana: ver a Peñarol y Quilmes en la
Liga Nacional Femenina.
Y detrás de esa posibilidad aparece un ingrediente único. Porque no se trataría
solamente de sumar equipos a la competencia nacional. También podría nacer un
clásico con historia, identidad y rivalidad propia dentro de la máxima categoría.
Mar del Plata tiene algo diferente al resto de las plazas de Liga Femenina, que es la
posibilidad de jugar un clásico que tiene una historia. “Esta rivalidad le da un plus al
partido y haría crecer mucho la Liga Femenina”, remarca Tamara Dell Olio, una de las
históricas del plantel “milrayitas”.
La idea entusiasma. Y mucho. “Sí, re me lo imagino”, confiesa la coach del
“cervecero”, Daiana Di Benedetto, ante la posibilidad de un clásico entre Peñarol y
Quilmes en la elite nacional. “La gente de Peñarol también se lo imagina”, agrega. Y su
colega Mariano Pinto lo ratifica en la vereda de enfrente: “Ojalá. Vamos por eso”.


La expectativa atraviesa a toda la ciudad y encuentra respaldo también desde lo
institucional. “La dirigencia quiere ir por eso”, adelanta el entrenador de Peñarol,
dejando en claro que el crecimiento del femenino ya forma parte de un proyecto
concreto.
Para muchas jugadoras, además, la chance tiene un significado especial. Varias debieron
irse de Mar del Plata para competir al máximo nivel y hoy observan la posibilidad de
construir ese camino sin abandonar la ciudad.
Así lo entiende Juana Barrionuevo, la talentosa joven surgida en Unión que salió
campeona en la LNF con El Talar y que ahora viste la camiseta del Tricolor. “Yo lo
deseo muchísimo porque me tuve que ir de muy chica. Ahora estoy muy contenta de
estar acá y me encantaría que todas las que juegan en Mar del Plata sepan que van a
tener esa posibilidad en la ciudad”, comenta ilusionada.
El sueño, aseguran, ya no parece imposible. “Hoy se está apostando fuerte por el
femenino y sí, es un sueño posible. Un sueño palpable”, refuerza Di Benedetto, quien
conoce bien a Quilmes desde adentro. “Llegar a eso con mi club de toda la vida sería un
sueño realmente”, agrega.
También hay algo emocional en todo este proceso. La identificación con los clubes, la
historia compartida y el sentido de pertenencia aparecen constantemente en el discurso
de las protagonistas.
Mientras tanto, el crecimiento del público acompaña el proceso y alimenta la ilusión de
una competencia cada vez más fuerte en el marco del Torneo Provincial de Mayores que
están disputando ambos equipos y que entrega las tres plazas disponibles para la elite
por derecho deportivo.
“Estamos felices de que la gente empiece a venir a vernos y que se forme una
competencia buena”, cuenta Barrionuevo con una sonrisa, ahora instalada en Mar del
Plata defendiendo la camiseta de Quilmes.


En cancha, además, sienten que tienen una base sólida para sostener ese desafío. “Es un
grupazo. Además de compañeras, somos amigas. Nos conocemos hace muchos años y
eso es fundamental”, señala Del Ollio, quien comparte equipo en Peñarol con varias
compañeras desde hace 20 años.
Porque detrás del posible salto a la Liga Nacional Femenina no solo hay resultados
deportivos. También hay años de esfuerzo silencioso, construcción colectiva y una
generación de jugadoras que empujó el crecimiento del básquet femenino marplatense
cuando todavía parecía lejano imaginar semejante escenario.
La posibilidad de recuperar un clásico entre Peñarol y Quilmes también tiene un valor
especial para el básquet de la ciudad. El duelo masculino, que durante años fue uno de
los partidos más convocantes y emblemáticos de la Liga Nacional, dejó de disputarse
tras el descenso de categoría de Quilmes y es una ausencia que todavía se siente entre
los aficionados.
Sin embargo, para que esa rivalidad histórica pueda trasladarse a la Liga Nacional
Femenina no alcanzará únicamente con los méritos deportivos. También será necesario
el respaldo económico, el compromiso de las dirigencias y una decisión institucional
firme que permita sostener el proyecto en el tiempo.
El sueño empieza a verse más cerca. Y con él, también la posibilidad de que Mar del
Plata vuelva a vivir uno de sus clásicos más emblemáticos, esta vez en la máxima
escena del básquet femenino argentino.
