septiembre 6, 2026

Estufas sociales: una ayuda para quienes más lo necesitan

Este proyecto creado en 2018 sigue avanzando y evolucionando para poder llegar a la mayor cantidad de hogares posible. Se trata de un artefacto multifuncional diseñado para cocinar y brindar calor de manera segura y eficiente, que además tiene la capacidad de adaptarse a las condiciones particulares de cada hogar. 

Por Ariana Gaich

“Estufas solidarias” nació como un proyecto en el Instituto Tavelli enfocado en que más familias puedan pasar el invierno de manera segura y caliente, sin la necesidad de ponerse en riesgo. Con una llegada a todo el país y al mundo, estudiantes y profesores se aseguran de que a un bajo costo y con fácil acceso los inviernos no sean una etapa de sufrimiento para los que menos tienen. Con esfuerzo y dedicación queda en evidencia que, aun en estos tiempos, se puede llegar lejos con una acción pequeña.

El proyecto nacido en 2018 reafirma  su compromiso con la ciudad año tras año. La finalidad es lograr que cada hogar que lo necesite pueda acceder a una fuente de calor de manera segura y al menor coste posible. Es por eso que los planos son de libre acceso para lograr su rápida difusión y fácil acceso. 

Fabio Braguette, uno de los impulsores del proyecto y profesor en el Instituto Tavelli, contó el origen de las estufas solidarias: “Fuimos con un grupo de docentes del colegio Tavelli a la zona del basural de Mar del Plata y vimos que la forma de vivir de las familias en la zona era muy precaria”, expresó. Lo que funcionó como incentivo fueron los incendios sucedidos en la zona por braseros improvisados o el intento de calentar los hogares con electricidad. 

Debido a estas condiciones extremadamente peligrosas tomaron la decisión de intervenir de alguna forma usando las capacidades técnicas de la escuela y diseñar algo para reemplazar esos sistemas que no estaban funcionando y eran peligrosos, poniendo una estufa que sea económica y sencilla de fabricar

El proyecto fue iniciado con pruebas, recaudando información de otros diseños y proyectos que había en ese momento y así nacieron las primeras estufas solidarias. Se trataba de “una estructura de hierro ángulo con ladrillos que funcionaban como masa térmica y eso permitía que sea fácil de fabricar, económica y sobre todo segura”, explicó Fabio. Al ser instaladas podía verse su evolución con el uso cotidiano y lograr establecer mejoras para las siguientes. 

Para los rediseños y mejoras “se fueron haciendo encuentros en la escuela, interdisciplinarios, con familias que eran usuarios y personas que estaban en el proceso de diseño e instalación”.

¿Es posible llegar a todos los hogares?

Los planos de la estufa fueron publicados en internet “y eso hizo una gran explosión en la difusión del proyecto porque empezaron a venir muchas consultas de cómo se hacían, interesados en instalarla”, expresó Fabio. De esta manera cada hogar particular puede acceder a los planos, manual de armado con los pasos a seguir y precauciones.

Con el tiempo, “empezaron a mandar registros de estufas que la gente iba haciendo; tenemos registradas estufas en todo el país, en todos los lugares y fuera del país también. Hay registros en México, Europa y todos lados del mundo”. Ante su gran alcance se creó una red de personas que mostraban hasta qué puntos habían llegado las estufas solidarias. Todo esto en base a la divulgación en redes sociales: “a nosotros nos consultaban por redes y asesoramos en lo que es como fabricarla o dudas que podían surgir”.

Imagen de los planos de libre acceso

Su gran adaptación

La estufa solidaria fue creada con el pensamiento de que sea accesible para quien la necesitara y es por eso que su diseño tiene una gran capacidad de adaptación. Esto lo determinan las distintas zonas de instalación y los diversos recursos de cada hogar. Fabio explica que, por ejemplo, “había zonas donde el rabillo era de mayor tamaño entonces era necesario redimensionar la estufa, había gente que tenía exposición de leña de un tamaño más grande entonces se hicieron bocas más grandes, algunos tenían la necesidad de cocinar arriba de la estufa así que la prepararon para cocinar”. 

Otro ejemplo es que “en la zona de Neuquén tenían en exposición unos caños sin costuras de petróleo y le hicieron una adaptación con una doble cámara de combustión pinzando el material. Es algo que para nuestra zona sería inviable por los costos, pero ellos tenían la facilidad de acceder a esos caños”.

El rol de la Fundación Soporte

En diálogo con Jeremías Ispizúa, Ingeniero industrial, doctor en Ciencia y Tecnología y becario postdoctoral del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Desarrollo Urbano, Tecnología y Vivienda de la UNMDP, expresó que “Soporte nace en 2014 para darle estructura institucional a algo que venía pasando desde 2001: el trabajo articulado desde la docencia e investigación en la UNMDP y CONICET en barrios populares a través de ejes de mejora de hábitat, desarrollo de emprendimientos productivos y fortalecimiento de espacios comunitarios”.

En 2020 se propone la incorporación del proyecto “Estufas sociales” para poder llevarlo a más hogares, rediseñando la estufa original para poder estandarizarla y que sea producida en talleres de barrio. De esta manera se generaron mayores herramientas para facilitar su fabricación e instalación. “Desde entonces, Soporte es el actor institucional que nuclea la gestión del proyecto. Sin embargo, Estufas Sociales trasciende a la fundación, siendo parte importante de un gran colectivo de organizaciones que incluye otras ONG que apoyan el proyecto, empresas que donan insumos, mano de obra o financian la construcción de estufas y donantes particulares”.

Además, Fabio Braguette explicó que las escuelas también intervienen como polo productivo. Al Instituto Industrial Pablo Tavelli, la Escuela Técnica N°1 y a la Escuela Técnica N°3 les facilitan los materiales para fabricar 10 estufas en cada escuela. De esta manera, “con los planos y los chicos fabricamos estufas y la escuela también interviene como parte del proceso que tiene varias cuestiones positivas. Los alumnos aprenden técnicamente pero también de lo social y de lo que pueden aportar por ser parte de ese proyecto.

Después las reciben en Soporte y tienen un grupo que se dedica a instalar las estufas en los hogares donde ven que la condición da para hacer la instalación. Entonces van y revisan que puedan ser instaladas y la salida de los 4 vientos, más que nada por una cuestión de seguridad”.

Según Jeremías Ispizúa este tipo de proyectos son integrados desde la extensión y la investigación, dos partes fundamentales de la universidad. “Desde la investigación, generamos información, construimos datos sobre las estufas, sobre los usuarios, sobre el diseño y su funcionamiento, que son insumo para investigaciones en el campo de la economía social, los emprendimientos productivos y los proyectos de triple impacto. Desde la extensión, participamos activamente en la gestión del proyecto con la Fundación Soporte, en su cotidianeidad de proyecto productivo, en la comunicación con las familias y en la articulación con las escuelas, etc.”.

-¿Cómo funciona la articulación entre ustedes, quienes aportan dinero y a quienes le llegan las estufas sociales?

En este proyecto particular y tan amplio, la articulación es a través de distintos equipos de trabajo. Equipos de gestión del proyecto, de búsqueda de financiamiento, de rendición. En general trabajamos juntos docentes e investigadores universitarios, docentes de escuelas técnicas, ingenieros, especialistas en estufas, instaladores, herreros, referentes de otras organizaciones que aportan financiamientos y de empresas. Hay una trayectoria colectiva larga y una confianza mutua entre todos los actores que es respaldada por los resultados del proyecto: este año llegamos a la estufa número 650. La estufa social la entregamos a familias en situación de vulnerabilidad. Todos los años nos contactan a través del correo del proyecto (estufasocial@gmail.com) y hacemos las inscripciones a través de un formulario básico donde las familias nos van contando su situación. También instalamos en escuelitas, centros de formación y espacios comunitarios.

Algunos problemas son materiales (la falta de un baño, una red eléctrica, la construcción de una vivienda) y otros son de gestión (la llegada de una red, la conexión de un pozo de agua, la incorporación como usuarios de un servicio). En general lo que hacemos es generar estructuras de gestión para resolver un problema, destacando el rol de los destinatarios en cada proyecto, buscando su activa participación en la definición colectiva del problema, el diseño de la solución y su implementación.

Hoy, “estufas sociales” reversiona a este proyecto nacido en escuelas y expande sus posibilidades en la ciudad de Mar del Plata, ayudando a quienes más lo necesitan. No solo con este proyecto, sino con muchos otros que aportan sentido a la identidad de la fundación, tales como “Soportes para el habitar”, “Núcleos húmedos”, “Proyecto Soporte Sanitario”, “Electricidad Segura”, etc. Jeremías expresó que cada proyecto se da de manera particular pero se construye un patrón de articulación interinstitucional para resolver problemas específicos, teniendo como base a la universidad y la fundación, y así sumar otras ONG, cooperativas de trabajo y empresas públicas y privadas.

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