El fotógrafo y docente acaba de publicar Fotografía y construcción de significado, su primer libro de teoría. En diálogo con BACAP, explica por qué es fundamental entender cómo se construyen los significados en el lenguaje visual.
Por Camila Spoleti
Fotografía y construcción de significado es el primer libro de teoría fotográfica de Julián Rodriguez. Oriundo de San Telmo, pero residente de la ciudad de Mar del Plata desde hace “treinta y tantos años”, Julián Rodriguez es fotógrafo profesional y docente de fotografía, desde hace treinta y tantos años también. Su libro, autoeditado y publicado hace poco más de un mes, propone una aproximación al lenguaje fotográfico a partir de la comprensión de su funcionamiento. “Para que te des cuenta de que lo que menos importa en una foto son las cosas que se fotografían, sino cómo hacemos que los espectadores vean lo que nosotros quisimos contar en tanto significados”, plantea.
—El libro invita “a mirar de otro modo”, ¿en qué consiste ese otro modo de mirar?
—En particular, tiene que ver con el “punto cero de la fotografía”, y ese punto cero es que cuando vemos una fotografía estamos intentando entender. Y ese entendimiento se da en el recorrido de la mirada en ese plano, y en un tiempo. Según como se distribuyan los tiempos en las diferentes superficies, que no son las diferentes cosas, sino las diferentes superficies cargadas de un significado u otro, podrían construir un significado u otro, dándole así a cada imagen, esa condición de enunciado sobre el que, misteriosamente y hasta el momento, la gente no duda. Es decir, una persona ve una fotografía y cree en lo que está viendo.
—Uno habla de construcción y por ahí tiende a pensar en que quien produce la imagen es el fotógrafo. Esta forma de mirar que propone el libro, ¿aplica tanto para quien va a hacer una foto, como para quien observa luego esa imagen?
—Claro, el fenómeno es simétrico. Simétrico no es idéntico justo en este caso. Digo, cuando observamos la realidad, la observamos desde nuestros intereses. Observamos desde qué es lo que me motiva. Porque estoy hablando con vos, te miro y presto atención en qué te pasa, en la mirada, en el cuerpo y demás. Pero si quiero prestar atención en cómo son tus pendientes, puedo hacerlo.
Con lo que la diferencia entre movimientos de la mirada en la realidad y movimientos de la mirada en la fotografía, va a estar cargada de cómo facilito que una fotografía sea vista o no. Es decir, con la construcción de tonos, colores, formas, tensiones y demás, cómo hago que el espectador vea, y entonces cómo hago para que entienda una cosa u otra.
—¿Te parece que en la idea que más difundida acerca de la fotografía está presente esto de los tonos, los colores y demás, pero falta el cómo eso lleva a la construcción de significados?
—Claro. Es más, ya considerar tono y color es de una persona algo avanzada en el tema. El gran público cree que son las cosas las que construyen el significado, y que si hay tal cosa con un fondo de tal o otra, entonces significa eso. No, eso es lo que vos querés ver.
Todas las variables que en el libro describo como variables formales, es decir, las que afectan a la forma del movimiento de la mirada, funcionan a la vez, son simultáneas y no hay una antes que otra. Digo, color, forma, geometría, tensiones y tantas más, funcionan todas a la vez, como diferentes jugadores en un mismo equipo. No es que se gana por uno o se pierde por uno, el funcionamiento del conjunto determina que ese equipo ganó o perdió. Pero por el funcionamiento de todas las variables conjuntas. Ahora, si vos le querés echar la culpa a uno o a otro o ver el mérito solo en A, B o C, eso es un problema tuyo, que está ligado con tu voluntad o con tus intereses.
—En el libro también hablás de variables analíticas, ¿cuáles son?
—Las variables analíticas son esas que tienen que ver con lo que yo pienso al respecto de lo que observo. Uso el verbo “pensar” porque cuando pienso sobre aquello que veo, lo pienso con todo lo que yo soy y con todo lo que yo construyo al respecto de la realidad. Casi con mi cosmogonía, o con mi ideología o mis valores espirituales. Todo lo que para mí significa una cosa u otra, que puede ser diferente a lo que ven otros.
De todos modos, las variables analíticas sí tienen que ver con significado, pero, igualmente, este está desde antes afectado por lo que las variables formales le hacen al movimiento de la mirada, con lo que yo puedo obligar al espectador a que repare en tu antebrazo o en tu frente o en el fondo. Y lo puedo hacer mediante técnica, mientras que el grueso de los espectadores ingenuamente creen que están observando una chica que asiente con una mano cabeza y hace que sí.
—¿Las variables analíticas funcionan al mismo tiempo que las formales o son como dos capas, dos momentos distintos?
—Son momentos distintos. Las formales afectan al movimiento de la mirada y afectan a lo que podemos entender como una lectura primaria o una primera etapa de lectura. Y ahí sí, esas, que se mueven como se mueven porque nuestro aparato neurológico lo hace percibir de esa manera, ahorrando energía, construyen zonas que tienen un protagonismo u otro porque le di tal tiempo o tal otro tiempo de lectura. Pero lo que yo pienso al respecto aparece después. Por eso en el libro, el ejemplo del cono sitúa esas variables analíticas por debajo de las variables formales.
—¿Cómo es ese cono?
—El cono es una metáfora, es una figura, que pretende explicar cómo se comportarían los significados si habitaran todos en un planeta. Es decir, en el universo no hay más significados que todos estos que condensamos en un planeta. A ese planeta yo lo voy a calar con una herramienta parecida a los caladores de queso. Si no saben cómo es un calador de queso, busquen “calador de queso”. Es una piecita o como una especie de cuchillo curvo que te permite sacar un conito de queso para ver cuán maduro o seco está el centro de un queso duro. Si yo hago ese corte seccional del queso, podría ver qué hay en la superficie, en la corteza del queso y podría ver qué hay en el centro, en la parte más blanda del queso, en el magma del queso.
Y si analizara ese cono en cortes perpendiculares a su eje, encontraría que en cada una de las secciones, cada vez más chicas, porque voy hacia el vértice, encuentro distinciones en los tipos de significados. En los de arriba me encontraría con las cosas, las cosas en tanto elementos, en lo que es lo res, si se quiere, ¿sí? Y por debajo con otras que tienen que ver con las circunstancias que las afectan. Porque no es lo mismo pelos largos, lindos, brillantes, a pelos en la ducha, o a pelos adentro de una empanada. Entonces, no es que el pelo opera por la idea misma de pelo. No es la pelidad lo que lo hace ser así. Es en qué circunstancia lo encuentro y la circunstancia está por debajo de la cosa.
Ahora, esa circunstancia que me hace percibir los pelos de esta manera, va a estar afectada con las variables formales que la determinan. Es decir, si lo puedo ver más tiempo, menos tiempo, si la empanada pesa mucho o poco, si se ve que es ducha o no se ve que es ducha o si son pelos al viento en los que no sitúo ni siquiera a quién pertenecen.
Más abajo de esas condiciones que tienen que ver con por qué lo vi más tiempo o menos tiempo y si lo vi con el fondo o si no lo vi con el fondo, aparecerá lo que hablábamos hace un rato: las variables analíticas. ¿Qué implica para mí pero largo? ¿Qué connota? ¿A qué me recuerda? ¿Con qué lo proceso?
Por debajo de las analíticas, hay un espacio donde lo intelectual, lo pegado a la razón, debiera estar desapareciendo. Esa etapa o esa franja, que ya está de mitad de cono hacia abajo, es lo que vamos a llamar “borde ciego”. El borde ciego es el lugar desde donde yo observo la realidad. Es decir, yo observo la superficie de mi planeta acostado en ese borde de ciego mirando hacia la corteza. Todo el cono que hay hacia atrás de ese plano no lo puedo ver. No lo puedo ver porque está vinculado con lo que no es consciente. Entonces, yo sé que hay un montón de lugares que no los puedo revisar, pero sí sé que en el fondo, en el vértice de ese cono está lo que podríamos llamar el deseo de imágenes. ¿Qué es lo que queremos ver? ¿Qué significados queremos encontrar?
Aclaro esto porque muchas veces creemos que sabemos qué es lo que queremos ver y no es así. Porque si lo pienso en palabras, no lo pienso en imágenes. Y porque cuando pienso y cuando imagino y cuando lo verbalizo, aplico un montón de filtros sobre lo que explico y es posible que yo esté diciendo algo que no quiero decir. Bueno, en eso se basa la teoría.
—¿Qué lector te imaginás para este libro? ¿Alguien que ya se dedica a la fotografía, alguien quiere hacerlo o no necesariamente ninguna de las dos?
—Varias veces lo pensé y, con alguna desilusión, detecto que es un libro para fotógrafas, fotógrafos, estudiantes profesionales y docentes. Es un nicho muy chico. No es un libro que por ahí le llegue al gran público, salvo que ese gran público en algún momento tenga algún tipo de pretensión con la fotografía. Este es un libro de estudio. Es un libro de estudio para empezar a pensar la imagen. Digo, no cuento cuentitos, ni historias, ni anécdotas de mi trabajo como fotógrafo. Tampoco hablo de técnica, cosa que sí hago en el libro sobre el que estoy trabajando, sobre el cómo se hace la foto.
“¿Por qué no empezaste por cómo se hace la foto?”. Porque sin entender esto no tiene sentido la técnica. No tiene sentido conocer un idioma si no sé qué es lo que quiero decir en ese idioma. Y del mismo modo, si no entiendo el idioma, no detecto sus valores poéticos. Por eso empecé por esto.
—Más allá de que obviamente la fotografía es una disciplina, en el presente todos construimos imágenes todo el tiempo, todos hacemos fotos. ¿Creés que este libro podría llegar a ser útil para pensar la realidad o las fotos que vemos todos todo el tiempo, incluso en quienes no tienen un interés especial en la fotografía?
—Mira, si fuera por una ilusión, yo apunto a que mi libro saque a mi pueblo del analfabetismo visual. Porque quien no sabe cómo entiende lo que ve, cree que lo que ve es lo que se le ocurrió. Y eso es un hecho fortuito. Quien no conoce un idioma, no sabe ni cómo se expresa ni por qué es cautivado y es manipulado. Tengo la ilusión de que se transforme en una especie de El nombre de la rosa, pero es mucho más chico. No es tan pretencioso.
Digo, quienes no sabían leer no podían entender ni podían ser dueños del pensamiento completo. Yo sospecho que hoy, quien no sabe cómo entiende lo que ve, es tan analfabeto como los que no sabían leer. Porque la mayoría de las personas opina con alguna presunción de conocimiento, solamente a partir de lo que ve. ¿Entendés el disparate que es eso? ¡Y no entendés el idioma! ¡Y creés que lo que viste es verdad! Y que esa verdad construye tus… Por favor, un desquicio.
—¿De qué manera se puede conseguir el libro?
—Bueno, si te interesa o me lo pedís en el tallerdefotografia.com.ar o lo comprás por Mercado Libre y te llega al toque. Si vivís en Mar del Plata, te llega más rápido si pasas a buscarlo. Pero digo, para toda la gente del interior que lo está comprando ahora o de los pueblos cercanos, Mercado Libre es una opción muy rápida. Y si no lo querés hacer por Mercado Libre porque tenés problemas con Galperín o con lo que fuera, me hacés la transferencia y yo te lo mando por correo, es lo mismo.
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El libro tuvo presentaciones en el Primer Encuentro de Fotografía Experimental y de Autor en la ciudad de Tandil; en la Biblioteca Central de la UNMDP, en el marco de “La noche de las bibliotecas”; y en la Feria del Libro de Mar del Plata, en el marco de una clase abierta sobre publicación. Las próximas serán el 31 de octubre en el espacio de arte DICHA, el 12 de noviembre en el Centro Cultural América Libre, y más adelante las habrá en CABA, Villa Gesell y Pinamar. El detalle de cada fecha puede encontrarse en el Instagram del fotógrafo: @julianrodriguezfotografo
