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octubre 2, 2022
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¿En qué se nos va el tiempo a los argentinos?

El Indec lanzó los resultados preliminares de la Primera Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT). Allí se determinó, entre otras cosas, que en las casas donde el trabajo doméstico es más equitativo entre hombres y mujeres, mayor es la participación de ellas en el mercado laboral. La educación de los encuestados y la existencia o no de personas demandantes de cuidado en las viviendas, son otros factores de influencia.

Por Julia Van Gool

El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) lanzó en abril los resultados preliminares de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo 2021 (ENUT) y volvió así a poner en el debate económico y social el peso de las actividades no remuneradas en las dinámicas hogareñas y laborales de las y los argentinos.

¿En qué se nos va el tiempo? ¿A todos se nos van las horas del día en las mismas actividades? ¿Dedican la misma cantidad de horas al trabajo doméstico ellas que ellos? Y los que tienen mayor nivel educativo, ¿gastan el tiempo en lo mismo? Las respuestas a estas y otras preguntas están en los resultados de la ENUT, en el que se presenta la tasa de participación de la población en diferentes actividades y el análisis que se desprende de las diferencias por sexo y otras variables sociodemográficas.

Antes de adentrarnos de lleno en los resultados, arranquemos por el principio. La encuesta fue realizada en todo el país en 2021, entre octubre y diciembre, a personas de 14 años y más, en el marco de un día de referencia. Se estudió el tiempo dedicado a actividades personales (uso de medios de comunicación, actividades de convivencia y recreación y actividades vinculadas al estudio), en las actividades de ocupación (trabajo a cambio de una retribución) y trabajo no remunerado (trabajo doméstico, de cuidado o de voluntariado).

El objetivo del trabajo se centró en dar a conocer, caracterizar y cuantificar el uso del tiempo y la participación de esta población en las distintas formas de trabajo. También propuso visibilizar las desigualdades socioeconómicas y de género en el uso del tiempo, entre otros indicadores.

Todos estos objetivos serán alcanzados en su totalidad en la segunda mitad de año, momento en el que el equipo dirigido por el licenciado en Economía Marco Lavagna anunció que presentará la versión final del estudio, con un análisis más complejo y detallado.

El trabajo completo lo podés ver acá

No es amor

El feminismo es uno de los movimientos políticos que mayores cambios provocó en la manera de vivir en sociedad. En la batería de debates instalados, que van desde el aborto y la educación sexual integral hasta las rectificaciones de género en los documentos de identidad, la variable económica tuvo un rol preponderante. La “feminización de la pobreza” (con su contracara: la masculinización de la riqueza) y “No es amor, es trabajo no pago”, son algunas de las sintetizaciones utilizadas para referirse a la desigualdad generada por, entre otras cosas, el sinfín de tareas del hogar y de cuidado que, en su mayoría, realizan las mujeres, ocupándoles tiempo y energía que podrían volcar en trabajos por lo que recibirían una compensación económica, entre otras actividades.

Esta desigualdad se vio reflejada en el relevamiento impulsado por el Indec, el cual indicó que las mujeres realizan trabajo no remunerado en mayor proporción que los varones: el 91,6% de las mujeres realiza el trabajo doméstico, de cuidado o de apoyo a otros hogares o voluntario, mientras que en el caso de los varones esa cifra es del 73,9%.

Sobre el trabajo productivo total -sumando remunerado y no remunerado- las mujeres realizan un 94,6% mientras que los varones un 90,2%. Con lo cual sumando ambos tipos de trabajo, las mujeres trabajan más horas que los varones.

Del trabajo en la ocupación (remunerado), los hombres realizan el 55,5% mientras que las mujeres el 36,9%, lo que indica que persiste la prevalencia masculina en el mercado laboral remunerado.

Doble rol

Como ya señalamos en la nota “¿Quién paga por el sector económico más estratégico?”, el trabajo no pago no solo es parte inherente de su contraparte remunerada, sino que básicamente sostiene todo el sistema sobre el que actualmente vivimos.

Pero, además, y tal como señala la ENUT, el trabajo no remunerado cumple con un doble rol dentro del sistema económico y social. Por un lado, produce fuerza de trabajo materialmente, alimentándola y cuidándola. Y, por otro lado, produce fuerza de trabajo de manera simbólica, transmitiendo valores esenciales para el desempeño en la sociedad.

ENUT
El ENUT pone en el debate económico y social el peso de las actividades no remuneradas en las dinámicas hogareñas y laborales.

Es por ello que resulta fundamental desglosar por género el tiempo dedicado a tareas por las que no se percibe una retribución económica pero sí, al fin y al cabo, nos permiten luego acceder a aquellas que sí.

Es que las mujeres no solo dedican más horas de su día al trabajo doméstico, sino también se ocupan más del cuidado de las personas demandantes del mismo en el hogar (30% ellas, 19% ellos) y, además, realizan más tareas de voluntariado en organizaciones sin fines de lucro (8,9% para mujeres frente a 5,8% para varones).

Sobre edades y género

A la hora de analizar los resultados por edad y género, en el caso del trabajo en la ocupación, son los adultos de ambos sexos de entre 30 y 64 años quienes alcanzan la mayor tasa de participación –71,4% de los varones y 48,5% de las mujeres–. Sin embargo, el estudio señala que, más allá de estos niveles elevados, es en esta etapa donde se registran las mayores brechas de participación, con 22,9 puntos porcentuales (p.p.) más para los varones.

La ENUT también señala que, naturalmente, es a partir de los 65 años que comienza a disminuir proporción de personas que realiza este tipo de trabajo, aunque se mantienen niveles más altos para los varones: mientras éstos registran una tasa de 23,9%, la de las mujeres alcanza al 10,9% y la brecha desciende a 13 p.p.

La brecha es inversa cuando se trata de tareas no remuneradas. La realización de las tareas se incrementa con la edad y se reducen las diferencias entre varones y mujeres. En las edades jóvenes (14 a 29 años), el 83,0% de las mujeres realiza trabajo no remunerado, contra el 65,4% de los varones (más de 17 p.p. de diferencia).

En cambio, en los mayores de 65 años, el 94,1% de las mujeres realiza este tipo de trabajo, mientras que en los varones alcanza el 83,1% (la diferencia se reduce a 11 p.p.).

Finalmente, entre los 30 y 64 años, se registran los mayores niveles de participación en las tareas de cuidado (30,6%), actividad en la que participan en mayor medida las mujeres (37,7%), y que, según indica el estudio, “genera una sobrecarga para ellas, al superponer las responsabilidades domésticas y de cuidado con la participación en la ocupación”. 

ENUT y el nivel educativo

La encuesta también reveló que, cuando ingresa la variable educativa a la ecuación del trabajo no remunerado, se observa una reducción de la diferencia entre varones y mujeres. Es que, si bien el porcentaje de mujeres que lo realiza baja a medida que se incrementa el nivel de instrucción, los varones aumentan su participación a mayor nivel educativo.

Mientras las mujeres con hasta primario incompleto participan en un 95,8% de actividades de trabajo no remunerado, en las de nivel terciario o universitario esta participación es de 89,6%. En cambio, en el caso de los varones, y con menor participación relativa en todos los niveles, la proporción que realiza esas tareas aumenta a mayor instrucción: el 70,1% de los varones con primario completo y secundario incompleto realiza trabajo no remunerado, y el valor asciende a 79,7% para el caso de aquellos con nivel de educación alto (terciario o universitario incompleto y más). De esta manera, al igual que lo que ocurre con el trabajo en la ocupación, las mujeres con nivel educativo alto presentan la menor diferencia en puntos porcentuales de participación en el trabajo no remunerado con relación a sus pares varones.

¿Y si hay niñes o personas que demandan cuidados?

Con relación al trabajo en la ocupación, se observa una mayor participación en los hogares sin demandantes de cuidado (47,0%) que en aquellos con demandantes (44,1%). Esta situación se invierte cuando se focaliza en el trabajo no remunerado: los hogares con demandantes de cuidado registran una tasa de participación del 84,8%, mientras que en los que no tienen demandantes baja al 81,9%. ¿Un dato interesante y que refleja la desigualdad?: Cuando se desagrega por sexo, se observa que la participación de los varones no se ve afectada por la presencia o no de demandantes de cuidado. Mientras que el trabajo en la ocupación se mantiene en torno al 55%, las actividades no remuneradas se ubica en torno al 74%.

En cambio, la situación de las mujeres se modifica cuando hay demandantes de cuidado: la participación en la ocupación baja del 39,0% al 34,2%, y aumenta en el trabajo no remunerado para pasar del 90,0% al 93,8%.

Si bien los resultados finales del ENUT estarán en la segunda mitad del año, conocer qué hacemos con algo tan valioso como nuestro tiempo puede resultar fundamental al momento de diseñar políticas públicas que mejoren la calidad de vida de la sociedad y fomenten el desarrollo tanto equilibrado como igualitario y justo. Y vos, ¿en qué se te van las horas?

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