La joven de 24 años fue despedida este lunes por su familia mientras la investigación avanza bajo secreto de sumario. El caso expone mucho más que un crimen: interpela las condiciones que la llevaron a aceptar una oferta laboral para sostener a sus dos hijas y las respuestas que el Estado dio —o no dio— cuando desapareció.
Por Juan Manuel Salas
Por estas horas, Johana Mailén Antonich fue despedida por su familia. Dos niñas, de un año y de seis, quedaron sin su mamá. Mientras el dolor atraviesa a sus seres queridos (y a gran parte de la sociedad), la investigación judicial ingresó en una etapa de absoluto hermetismo: el fiscal Carlos Russo decretó el secreto de sumario para reconstruir qué ocurrió desde que la joven salió de su casa el viernes con la expectativa de conseguir un trabajo hasta que, poco más de un día después, fue encontrada asesinada en Punta Cantera.
La autopsia preliminar determinó que murió como consecuencia de una puñalada en el cuello que le provocó un shock hipovolémico. Los médicos forenses también constataron múltiples golpes en el cuerpo y descartaron lesiones compatibles con un abuso sexual.
Los dos detenidos por el caso, Agustín Nicolás Díaz Bartolomé (26) y José Luis Aquino (27), serenos del predio donde fue hallado el cuerpo, permanecen imputados mientras la fiscalía intenta reconstruir las últimas horas de la víctima y establecer cuál fue el móvil del crimen.
Y esa es, justamente, la primera gran pregunta. Si no hubo un ataque sexual, ¿por qué la mataron?
Ese interrogante, por ahora, pertenece al expediente en el que trabaja Carlos Russo. Su respuesta podría haber nuevas líneas investigativas.
Mucho antes del crimen
Los principales acusados del femicidio, que podrían recibir pena de prisión perpetua, son los serenos Díaz y Aquino. Pero tampoco puede ignorarse el contexto, la condición de vulnerabilidad de Mailén ayuda a comprender por qué terminó expuesta a una situación de riesgo.
Mailén era una madre de 24 años que necesitó salir a buscar un ingreso para sostener a sus dos hijas. Una publicación en Facebook apareció como una posibilidad de conseguir trabajo y esa urgencia económica fue más fuerte que cualquier desconfianza.
Su familia, cuando dejó de tener noticias de ella, comenzó desesperadamente a buscarla.
Entre esas dos escenas —la necesidad y la desaparición— también se explica este caso.
El Estado que llega tarde
Según reconstruyó la familia, el viernes cuando dejaron de tener noticias de Mailén acudieron a la Comisaría 16 (Camusso 1587) para denunciar su desaparición, pero allí no les recibieron la denuncia. Fueron ellos mismos quienes comenzaron a reconstruir sus últimos movimientos. Una amiga logró ingresar a la cuenta de Facebook de la joven y encontró la conversación vinculada con la oferta laboral. A partir de esos mensajes pudieron identificar el lugar al que había concurrido.
Con esa información regresaron a la policía.
Recién durante la noche del sábado la denuncia fue recibida en la Comisaría Quinta (Puán 2251). Con los nuevos datos, efectivos policiales acompañaron a familiares hasta Punta Cantera.
Allí observaron a dos hombres que quemaban objetos dentro de un tambor. Al advertir la presencia policial escaparon, aunque fueron detenidos pocos minutos después cuando intentaban ocultarse debajo del parador Waikiki. Durante la inspección del predio apareció el cuerpo de Mailén, detrás de una casilla.
Esa reconstrucción dio lugar a cuestionamientos que hoy exceden a la familia.
El Movimiento de Mujeres y Diversidades de Mar del Plata-Batán denunció que la respuesta institucional fue negligente y reclamó que se investigue por qué no se activó inmediatamente el protocolo de búsqueda. Además, sostuvo que el caso no constituye un hecho aislado y recordó otras desapariciones recientes en las que las familias terminaron encabezando los rastrillajes.
En la misma línea, la Mesa Interinstitucional de Lucha contra la Trata de Personas afirmó que “Mailén estuvo desaparecida pero nadie la buscó“, recordó que las primeras horas son determinantes para encontrar con vida a una persona y cuestionó la respuesta estatal denunciada por la familia.
Lo que dice el protocolo de búsqueda
Uno de los puntos sobre los que coincidieron ambas organizaciones es la necesidad de desterrar un mito que todavía persiste: no existe ninguna obligación legal de esperar 24 o 48 horas para denunciar la desaparición de una persona.
La denuncia puede realizarse de inmediato en cualquier comisaría o fiscalía y corresponde que, desde ese momento, se activen las medidas de búsqueda previstas por los protocolos vigentes.
Si además existen indicios de que la desaparición pudo estar vinculada con una captación mediante engaños o con un posible caso de trata de personas, esa circunstancia debe ser informada expresamente para activar mecanismos específicos de investigación y protección.
La Policía Bonaerense cuenta con un protocolo específico para las averiguaciones de paradero que dispone actuar desde el primer momento y adoptar medidas urgentes cuando existen indicadores de riesgo.
¿Por qué?
El femicidio de Mailén deja preguntas que difícilmente encuentren respuestas, pero da los argumentos necesarios, fundamentales, para reclamar al Estado políticas de género.
¿Por qué una madre de dos hijas tuvo que aceptar una oferta laboral publicada en redes sociales para intentar sostener a su familia?
¿Por qué la policía no tomó la primera denuncia? ¿Por qué la familia tuvo que impulsar la búsqueda?
¿Por qué fueron los allegados quienes reconstruyeron el recorrido de Mailén antes que el Estado?
Hablar de la ausencia del Estado no significa mirar únicamente lo que ocurrió en una comisaría. También implica preguntarse por las redes de contención que no evitaron que una joven saliera desesperadamente a buscar un ingreso para alimentar a sus hijas. Y por las respuestas institucionales que, según denuncian su familia y distintas organizaciones, no estuvieron a la altura cuando desapareció.
Quizás el expediente logre responder quién mató a Mailén y por qué.
Pero hay preguntas que se repetirán como ecos. ¿Qué habría pasado si esa oferta de trabajo nunca hubiera sido una necesidad? ¿Si hubiese tenido más alternativas? ¿Qué habría pasado si la búsqueda de la policía se activaba desde el primer momento?
Las respuestas ya no cambiarán el destino de Mailén. Pero sí pueden ayudar a evitar que otra historia vuelva a escribirse de la misma manera.
