Se cumplen 127 años del nacimiento del destacado autor argentino y, en su homenaje, cada 24 de agosto se celebra el Día del lector. En ese marco, Bacap dialogó con la doctora en Letras e investigadora del CONICET sobre el legado del escritor, su vínculo con Mar del Plata y las características de sus conferencias y clases.
Por Agustín Casa
El vínculo entre Jorge Luis Borges y Mar del Plata no solo se limita a sus visitas en verano y a los períodos de ocio con sus amistades. En 1966, el escritor dictó una serie de clases de Literatura inglesa y norteamericana a estudiantes avanzados de la Universidad Católica de Mar del Plata, quienes poco tiempo después fueron la primera camada de egresados de la carrera de Letras en la ciudad. Su llegada a Mar del Plata fue por invitación del rector de esa casa de estudios, Juan Carlos García Santillán.
La marplatense Mariela Blanco (doctora en Letras, investigadora del CONICET y docente de la Universidad Nacional de Mar del Plata, UNMDP) se dedica al estudio del habla de Borges. Durante varios años, trabajó con anotaciones y transcripciones de estudiantes que presenciaron esas clases en la ciudad, que fueron reconstruidas en el libro Curso de Literatura inglesa y norteamericana. Universidad de Mar del Plata, 1966, publicado por Sudamericana en 2025, con edición de Blanco y notas de Germán Álvarez.
“Es una historia que me atraviesa en primera persona”, reconoce en diálogo con Bacap Mariela Blanco, quien se desempeña en el Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales (INHUS), dependiente del CONICET y la UNMDP.
Luego de muchos años de estudio sobre la oralidad de Borges, un colega de la Biblioteca Nacional le sugirió que reconstruya esas clases en Mar del Plata. «¡Cómo nunca lo vi antes!”, pensó. Graciela Mazzanti, su mamá, había sido una de las estudiantes que asistió a las clases en la Universidad Católica, que tenía sede donde se encuentra el Colegio Santa Cecilia.
Su mamá había fallecido, pero conocía a sus compañeras de clase. Algunas incluso habían sido sus profesoras en la Licenciatura en Letras en la UNMDP. Se contactó con ellas y le indicaron que los apuntes los tenía Celia Pérez Mathiasen, quien está radicada en Ushuaia.
“Ella había guardado los apuntes. Fue bibliotecaria, entonces, guardaba todo con mucha conciencia del archivo, y resultó algo muy lindo. Ellas habían grabado las clases y después las habían desgrabado, y ella tenía prolijamente guardados los apuntes. Lo interesante es que habían tomado esos apuntes de clase grupalmente”, relata.
Blanco entrevistó a las y los estudiantes que cursaron esas clases, leyó artículos de diarios y pudo constatar lo que decía Adolfo Bioy Casares: Borges viajaba en tren a Mar del Plata solo —en Buenos Aires se transportaba en subte—, vino lunes por medio entre abril y septiembre de 1966 y daba clases de tres horas. También se juntaba a tomar un café con su amigo Homero Guglielmini, un profesor universitario, que hacía colaboraciones con el diario La Capital, que se había venido a vivir a la ciudad.
Según las entrevistas, Blanco reconstruyó que, con el correr de las clases, circuló la novedad de que Borges venía a Mar del Plata y cada vez más personas concurrían a escucharlo. Por ejemplo, el padre de Blanco acompañaba a su madre a clase —por entonces eran novios—, iban profesoras de inglés y personas de otras ciudades de la zona, como Necochea. “De repente, eran clases multitudinarias. Y esto también lo dice Borges en un momento. A él le gustaba cuando las clases eran una conversación íntima con los estudiantes y cuando se volvieron tan públicas su interés decreció bastante”, afirma.
Estaba previsto que Borges dictara catorce clases en Mar del Plata, pero llegó a dar once. Si bien no hay certezas sobre por qué dejó de viajar a la ciudad, Blanco llega a algunas hipótesis basadas entrevistas y biografías.
“Bioy Casares, que para mí es una fuente ineludible, es el que nos permite imaginar la parte más fascinante, que es que Borges venía solo, que se tomaba el tren de las 7.30 y que se iba a Constitución en subte. Parece que una de esas veces tiene un accidente, se tropieza y esa puede haber sido una de las causas, que se lastimó. Una vez se olvida de venir. Entonces, dice: ´Borges se olvidó de ir a Mar del Plata, Leonor (su madre) estaba preocupadísima´”, comenta Blanco.
En esta línea, la investigadora agrega: “Esto nos llegó también por un testimonio y me pareció bastante creíble: él estaba en la Universidad Católica y era agnóstico. Eso también debe haber despertado ciertas reservas. Después es 1966, año de ´La Noche de los Bastones Largos´. Es decir, hay algunas causas. A mí, la del accidente se me hace bastante fuerte”.
Ver esta publicación en Instagram
Encuentros con amigos y paseos por la costa
A lo largo de las décadas, cuando visitaba Mar del Plata, Borges se hospedaba con sus amigos Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares en Villa Silvina. La vida social e intelectual, en tanto, transcurría a pocos metros de allí, en Villa Victoria, asociada al grupo que llevaba adelante la Revista Sur.
Hay imágenes conocidas de Borges en Mar del Plata. En una se lo ve de paseo por la Rambla Bristol junto a Bioy Casares, Silvina Ocampo y Josefina Dorado en 1935. En otra, están sentados contra una carpa en la playa. “Por los relatos, iban al faro o a Punta Mogotes, iban a alguna playa más alejada”, indica Blanco.
Según ha expresado el propio Borges en algunas entrevistas, le gustaba nadar en el mar y Bioy Casares solía nadar en las playas marplatenses. Por lo tanto, para Blanco, es posible imaginar que alguna vez, durante sus estadías en la ciudad, han nadado en las playas marplatenses.
“Hay una postal del 52 que le manda a la madre y le dice: ´Estamos haciendo nada acá en Mar del Plata´. Palabras más, palabras menos. Es exacto lo de la ciudad del ocio. Es decir, el ocio creativo si querés, pero para Borges está la idea de venir a Mar del Plata a eso”, cuenta.
Sin embargo, Blanco advierte: “No tengamos una visión muy romántica de que amaba Mar del Plata. Estela Canto dice que él era bastante renuente a venir”. Canto mantuvo una relación amorosa con Borges entre 1945 y 1950/52. En una serie de postales, que forman parte del libro Borges a contraluz de Estela Canto, se lee que Borges venía a trabajar en la escritura de un guion de cine junto a Bioy Casares.
La ciudad donde pensó “El Aleph” y firmó “El jardín de los senderos que se bifurcan”
En el género epistolar, como las postales que intercambiaba con Canto, no solo se encuentran detalles de sus vínculos sociales, sino también huellas de su obra literaria.
“(A Canto) le manda muchas postales que son de las piletas de Playa Grande y después de las piletas de Punta Iglesia, le dice que todo le hace pensar en ella. Y lo interesante es que en esas postales, que son del 45, él ya está buscando figuras para representar ´El Aleph´”, revela Blanco.
En este sentido, comenta que en las cartas “le dice que sigue pensando que el universo son muchos puntos, que está leyendo a Dante, o sea, siempre da cuenta de la lectura, de lo que está pensando”.
Asimismo, la profesora de la UNMDP añade que Borges le pidió a Canto ayuda para la enumeración del infinito y ella le respondió que no lo podía ayudar con eso. Luego, Borges le dedicó el cuento y le regaló el manuscrito de uno de sus textos de ficción más emblemáticos.
“La imagen de ´El Aleph´ la pensó acá, eso está en estas postales que se recuperaron el año pasado y que la Fundación Borges les dio publicidad el año pasado. Y acá escribió también ´El jardín de senderos que se bifurcan´, por lo menos lo firmó en Mar del Plata”, asegura la investigadora.


La oralidad de Borges
A partir de 2015, Blanco se dedicó al estudio de las conferencias dictadas por Borges entre 1949 y 1955. Se estima que durante ese período el escritor dio más de 400 disertaciones en distintas ciudades de Argentina y también en Uruguay.
“Lo interesante para plantear de ese itinerario son las lecturas. Solemos repetir esto del Borges lector, que él lo dice: ´Para mí es más importante la lectura que la escritura´. Pero eso es real”, indica Blanco. En este sentido, destaca: “Podríamos decir que no hay escritura sin lectura en Borges. Es decir, siempre la base de sus textos son sus lecturas”.
El libro El habla de Borges (Eudeba, 2025), del cual Blanco es compiladora, reúne conclusiones sobre las conferencias de 1949 a 1955 del grupo de investigación “Escritura e invención”, que dirige Blanco en la Facultad de Humanidades de la UNMDP, y de dos investigadores norteamericanos.
Luego de años de estudio, en los que hicieron un mapa de dónde daba las charlas y de qué hablaba, llegó una gran novedad: se donaron once cuadernos de Borges a una biblioteca de Estados Unidos. En ese material inédito, se encontraron notas escritas por Borges para las conferencias que dio en ese período.
Junto a colegas que trabajan en Estados Unidos y Canadá, Blanco estudió los apuntes de esos once cuadernos inéditos, una investigación impulsada por el Borges Center de la Universidad de Pittsburgh. Desde el grupo “Escritura e invención” de la UNMDP se encargaron de reconstruir las lecturas del escritor.
“Es algo sumamente nuevo, que pudimos fechar, estudiar y entender gracias a que antes habíamos hecho ese itinerario de las conferencias. Fue como armar un rompecabezas y decir ´cuando tenemos la conferencia que da en el 49 de Blake, pertenece a estos apuntes´. Y nos lleva también a historizar escrituras y lecturas. Podemos ver, por ejemplo, esta forma de tomar notas, que es distinta en el 49 que en el 51, pero que se mantienen ciertas cosas, como anotar las lecturas al margen. Entonces, nos permite ver qué leía, o sea, Borges dejó como huellas, qué leía y qué decía en relación con lo que leía. Es algo fascinante, porque si querés pensar cuál era su laboratorio de escritura o, en este caso, no tanto la escritura, sino su laboratorio para la oralidad, es bien interesante”, describe la especialista.
En este punto, resume que “Borges estaba haciendo su repertorio”. “No digo que todas las clases están acá, pero, por ejemplo, la última de Literatura norteamericana de Hawthorne y Poe son las primeras conferencias que da en el Colegio Libre de Estudios Superiores en el 49, en un curso que llamó Clásicos de la Literatura norteamericana”, precisa.
Para Blanco, el rescate de las conferencias del 49 al 55 es muy valioso porque están las notas de esas disertaciones y porque también en ese período se fijaron los temas sobre los que Borges seguiría hablando más adelante.
En paralelo, la investigadora destaca “la conciencia que Borges tenía de que se iba a quedar ciego”, debido a sus notas tan meticulosas.
“Parecía que él, esto lo refiere muy bien Bioy Casares en su libro cuando dice que estaba harto de que Borges le hacía ir a buscar cada referencia, si bien tenía una memoria prodigiosa, era muy obsesivo por citar bien. Eso lo refiere Bioy y tiene que ver con esto. Es decir, él acá consignaba el nombre del autor o el nombre de la obra y el número de página. Evidentemente, todos esos conceptos que eran más o menos literales los chequeaba. Entonces, podemos imaginar que Borges dejó como un mapa para después poder repetir esas conferencias a lo largo del tiempo, que es lo que sucedió. Por eso, esta primera etapa entre el 49 y el 55 es tan valiosa, porque Borges todavía veía, porque todavía leía, todavía anotaba y porque dejó como esa especie de itinerario que después le permitiría repetir lo mismo con variantes en distintos lugares”, explica Blanco.
Ese trabajo está publicado en el libro Cuadernos y conferencias (Arta, 2025), editado por Blanco junto con Alfredo Alonso Estenoz, Daniel Balderston, Emron Esplin y María Celeste Martín. El volumen presenta 24 juegos de notas escritas a mano por Borges sobre sus conferencias.
El humor en sus disertaciones
Un elemento muy presente en los ensayos de Borges es el humor. Según Blanco, a partir del análisis de sus conferencias y clases, este recurso lo mantenía en la oralidad.
“La ironía es, como dice Bajtin, una parte de un discurso dialógico, es decir, supone otro discurso y también supone alguien que decodifique esa ironía. Es bien típico de la manera que tiene Borges de concebir la escritura, pero también la oralidad”, afirma la investigadora.
Asimismo, remarca que “Borges tiene muy buen sentido del humor, entonces, siempre está pensando la broma para ser decodificada”. Blanco subraya que Borges anotaba en primera persona anécdotas y chistes que luego decía en las conferencias.
“Esto nos da cuenta de lo meticuloso que era para pensar la estructura de la conferencia. Antes de tener estos materiales, sabía que él hacía bromas, sabía que hacía ilusiones en primera persona, pero no que anotaba eso. Yo lo llamaba improvisaciones, que él anotaba sus lecturas y después improvisaba, y no improvisaba nada. Eso es lo interesante, pensar que no era un escritor improvisador, no era un escritor que aludiera a su obra tampoco”, aclara.


Borges, el conferencista
Blanco cuenta que en 1946, por desavenencia con el peronismo, Borges dejó la biblioteca Miguel Cané. Durante dos años, dirigió la revista Los anales de Buenos Aires, pero luego se quedó sin trabajo y sin ingresos. “Borges necesitaba plata, necesitaba ingresos, era un trabajador”, remarca la investigadora del CONICET.
Victoria Ocampo y otras amigas de ese círculo jugaron un rol importante para el futuro laboral de Borges, que cambiaría notoriamente a partir de su trabajo como conferencista en diferentes ciudades del país.
“Victoria le consiguió trabajo dando conferencias en instituciones en el 49. Entre el 46 y el 49 hay un hiato, pero en el 49 él empieza esta carrera de conferencista. Esto lo vimos, es una de las cosas hermosas del trabajo de archivo. Estela Canto dice que eso repercute mucho en su economía y en su amor propio. Borges cobraba por una conferencia lo mismo que cobraba un mes trabajando de bibliotecario y daba quizás ocho conferencias por mes. Entonces, vemos una persona que multiplica su sueldo por ocho de un día para el otro. Y Canto dice: ´Borges tenía plata para ir a comer, para ir al cine´”, relata Blanco.
Borges, el profesor
Una década después de esa serie de conferencias, Borges dictó once clases en la Universidad Católica de Mar del Plata y se pueden identificar algunas similitudes y diferencias con las conferencias de la etapa anterior.
“Está mucho más canchero como profesor, también su nombre significa otra cosa en la literatura. Acá ves que se está dirigiendo a otro. Es decir, que es cuidadoso respecto de que los estudiantes lo sigan, de hasta desplegar estrategias pedagógicas, que por lo menos a mí me sorprendió, porque si uno piensa en ese escritor con la mirada perdida, casi lo imaginamos en la Torre de Marfil, en su propio mundo, leyendo, y no, era alguien con la preocupación por la comunicación con el otro. Nosotros hicimos con la Biblioteca Nacional unas entrevistas a personas que habían escuchado hablar a Borges y todos te contaban cómo después se quedaban conversando con él, y el uso del humor y de la ironía seguía informalmente”, resalta Blanco.
La investigadora reconoce que, luego de esas entrevistas, se encontró con descripciones de Borges como una persona mucho más cercana, a diferencia de la imagen que tenía previamente o de lo que había leído sobre la figura del escritor. Además, en sus clases incluye algunos autores no tratados en sus conferencias sobre literatura inglesa o norteamericana.


El trabajo con material inédito
La aparición de nuevos materiales ha permitido a Blanco y su grupo capitalizar las investigaciones realizadas y plantear nuevos desafíos y proyectos de estudio.
“Ahora cuento con transcripciones de algunos de los cursos que dio en el 51 y el 52. Son cursos inéditos. Y, al mismo tiempo, tengo los manuscritos de esos cursos. Son materiales como el manuscrito para dar la clase y la clase que alguien tomó una nota, como “El escritor argentino y la tradición”, que dice versión taquigráfica”, detalla.
Blanco asegura que el trabajo consiste en “estudiar el manuscrito y cómo lo lleva a la oralidad, las estrategias para oralizar, que en muchos otros casos no puedo hacer, pero ahora puedo conjugar hipótesis”.
El Colegio Libre de Estudios Superiores, donde Borges y otros profesores dictaron conferencias durante años, les pedía que enviarán sus disertaciones por escrito y se publicaban en la revista Cursos y Conferencias, donde, según Blanco, se publicó por primera vez “El escritor argentino y la tradición”.
Sobre ese texto, señala que Borges después lo publica en una reedición de Discusión, un libro de 1932. En este sentido, subraya: “La gente piensa que ese ensayo Borges lo escribió en el 32 y es una conferencia que da en el 51. Eso es por lo cual se nos hace tan difícil a veces y tan necesario situar históricamente la palabra”.
“La mayoría de los escritores mandaban a Cursos y conferencias o al Colegio Libre de Estudios Superiores sus conferencias escritas para que se publicaran. Borges no hacía eso, porque no tenía la conferencia escrita. Borges no escribía a máquina, escribía a mano, tomaba apuntes, no iba a mandar eso. Entonces, él iba y daba la conferencia. Yo conjeturo que, como ya sabían eso, ponían a una secretaria a tomar notas de las conferencias de Borges. Eso es lo que pasa con ´El escritor argentino y la tradición´, eso es lo que pasa con cuatro cursos más que encontramos afortunadamente transcriptos. Entonces, yo puedo comparar cómo escribió, cómo preparó su curso de tres clases sobre Kafka y cómo lo dijo realmente. Y comparar con otro curso sobre otro autor y si hizo lo mismo o no”, explica.
Blanco señala que otro de los textos más citados de Borges es “Kafka y sus precursores”, un escrito breve publicado en el diario La Nación. Esas líneas son la conclusión de su curso sobre Franz Kafka.
“Tenía que publicar para La Nación, tenía que entregar un texto como cualquier periodista, tenía tiempos de entrega, y estaba dando su curso simultáneamente sobre Kafka. Cortó un pedazo, el mejor pedazo, la conclusión, el efectista total. Borges pensaba los finales de cada clase. Pensaba magistralmente cómo introducir, cómo usar la anécdota, hay una retórica de la oralidad que me voy dando cuenta cada vez más pensada, más desarrollada, cero improvisación y, al mismo tiempo, un uso de ese tiempo y de esos conceptos. Llega a esta conclusión, la corta y la uso para este texto. Tenemos ahí un pasaje entre la escritura, la oralidad, y de la oralidad nuevamente a la escritura”, describe.


El legado de Borges
En el 127° aniversario de su natalicio, y a cuarenta años de su partida, es importante seguir pensando el legado que dejó Jorge Luis Borges para la literatura y la cultura argentina e hispanoamericana.
“Si bien Borges siempre estuvo presente, estas fechas sirven para que repensemos la importancia de determinadas figuras en nuestra cultura, en nuestra tradición, en un año tan identitariamente argentino como este. No tengo dudas de decir que Borges es el más argentino de nuestros escritores y, al mismo tiempo, el más famoso internacionalmente”, sostiene Blanco.
En esta línea, celebra que a través de actividades y muestras dirigidas al público general nuevas personas, sobre todo jóvenes, se acerquen a la figura y la literatura de Borges, aunque, como académica, preferiría que esa aproximación sea más por las lecturas que por la figura.
Borges es uno de los escritores más citados por la comunidad científica. De hecho, hay libros que hablan del vínculo entre los cuentos del escritor argentino y la ciencia, como Borges y la física cuántica de Alberto Rojo y Borges y la matemática de Guillermo Martínez.
“Las investigaciones permiten demostrar que estas buenas hipótesis de lectura que tuvieron Rojo y Martínez sobre el vínculo de Borges con las ciencias exactas estaban, era una preocupación, hay lecturas que lo avalan”, resalta.
En paralelo, Blanco asegura que el reconocimiento de Borges a nivel internacional continúa en aumento y que en la actualidad es muy mencionado y citado.
“En la comunidad internacional, sea la ciencia o el área científica de la cual se trate, citar a Borges es citar a una autoridad, es traer a una autoridad que te legitima”, reflexiona.
Además de sus emblemáticos libros de cuentos y ensayos, Borges dictó numerosas conferencias y clases que permiten identificar sus lecturas y cómo pensaba la literatura.
De reconocimiento internacional —entre escritores, científicos y lectores en general—, la obra de Borges sigue sumando nuevos materiales con anotaciones de sus lecturas, manuscritos de conferencias y transcripciones de sus disertaciones.
En ese sentido, la reconstrucción de las clases de Mar del Plata en 1966 aporta nuevos datos sobre esta etapa de Borges como profesor, en una ciudad en la que vivió momentos de ocio junto a sus amigos y períodos de trabajo creativo, que pueden asociarse a dos de sus cuentos más emblemáticos: en Mar del Plata pensó “El Aleph” y firmó “El jardín de los senderos que se bifurcan”.
