Una investigación de la DDI Mar del Plata permitió identificar a cinco sospechosos que cumplían diferentes funciones en una organización dedicada a estafas telefónicas y vinculada con robos violentos. Los allanamientos se realizaron en las unidades penitenciarias de Olmos y Batán. Uno de los investigados se hacía pasar por un subcomisario y realizaba al menos 50 llamadas diarias.
Una investigación que comenzó con un intento de estafa bajo la modalidad del «cuento del tío» en Mar del Plata derivó en el descubrimiento de una organización delictiva que operaba desde distintas unidades penitenciarias, realizaba engaños telefónicos en varias provincias y estaría vinculada con violentas entraderas. El operativo culminó con allanamientos simultáneos en las cárceles de Batán y Olmos, tres detenciones y dos aprehensiones, aunque estas últimas personas recuperaron posteriormente la libertad respecto de esta causa.
La investigación estuvo a cargo del Gabinete de Robos Agravados a Viviendas de la Delegación Departamental de Investigaciones (DDI) Mar del Plata, con intervención de la Fiscalía N° 13, a cargo de Mariano Moyano.
Según la información policial, los investigadores lograron reconstruir el funcionamiento de una estructura en la que los sospechosos tenían roles diferenciados: algunos buscaban posibles víctimas, otros realizaban llamados para concretar las estafas y otros estaban vinculados con la ejecución de delitos en Mar del Plata.
Uno de los principales investigados es Miguel Hugo Franco, de 62 años, quien estaba alojado en la Unidad Penal N° 1 de Olmos y se presentaba telefónicamente como el «subcomisario Gutiérrez». De acuerdo con la pesquisa, realizaba no menos de 50 llamadas diarias para intentar engañar a sus interlocutores.
El falso subcomisario y las llamadas desde la cárcel


La investigación permitió identificar diferentes modalidades utilizadas por la presunta organización para obtener dinero de sus víctimas.
Una de las estrategias consistía en llamar a una persona y presentarse como el «subcomisario Gutiérrez, de la Seccional Tercera». A partir de esa identidad falsa, los sospechosos desarrollaban distintas historias para convencer a sus interlocutores de que debían entregar dinero.
Entre los argumentos detectados por los investigadores aparecían supuestos familiares detenidos, accidentes protagonizados por allegados, llamados de personas que se hacían pasar por hijos de las víctimas y comunicaciones atribuidas a directivos bancarios.
Según la Policía, las maniobras permitían obtener pagos de importantes sumas de dinero mediante engaños y situaciones de presión.
Los investigadores también determinaron que la presunta organización desarrollaba estas maniobras en diferentes provincias, entre ellas Neuquén, Mendoza, Córdoba y Salta.
El nombre utilizado por el falso policía dio origen a la denominación con la que los investigadores identificaron a la banda: «Gutiérrez is mai neim», en referencia a una producción televisiva de ficción.
Una organización con funciones repartidas
El análisis de las comunicaciones telefónicas permitió a los investigadores establecer cómo se distribuían las tareas entre los sospechosos.
De acuerdo con la hipótesis policial, Miguel Franco Isaías, de 29 años, y Jonathan Ezequiel Villalba, identificados como integrantes de la organización, se encargaban de localizar posibles víctimas y transmitir esa información a otros involucrados.
Los datos llegaban a Miguel Hugo Franco, alojado en Olmos, y a Alejandro Demetrio Rosales, quien también se encontraba detenido en una unidad penitenciaria de Batán.
La investigación atribuye a Isaías, Villalba y Rosales participación en la actividad delictiva desarrollada en Mar del Plata.
Para reconstruir estas conexiones, los detectives analizaron teléfonos celulares, comunicaciones y registros de antenas, además de intervenir seis líneas telefónicas vinculadas con los investigados.
A partir de esos elementos, la Policía sostuvo que existía una asociación ilícita organizada, con distribución de funciones entre sus integrantes.
Una violenta entradera y el avance de la investigación
El origen de la pesquisa se remonta al 8 de julio, cuando tres hombres se presentaron en un domicilio de Mar del Plata y afirmaron ser policías.
Inicialmente solicitaron ingresar a la vivienda, pero luego modificaron su explicación y dijeron que habían ido a retirar dinero que el propietario tenía guardado.
El hombre advirtió la situación, volvió a ingresar a su casa y no salió nuevamente. Los tres sospechosos escaparon.
A partir de ese episodio, los investigadores comenzaron a revisar cámaras de seguridad y registros de comunicaciones. Así encontraron posibles conexiones con otra causa por robo agravado en la que estaba investigado Alejandro Demetrio Rosales.
El 14 de julio, Rosales fue detenido en flagrancia por un violento robo cometido en una vivienda de Artigas al 700.
La víctima, una mujer de 70 años, fue atacada por un grupo de delincuentes que ingresó a su domicilio bajo la modalidad de entradera.
Según el informe policial, los agresores actuaron encapuchados y con guantes, maniataron y amordazaron a la mujer, la golpearon, le provocaron lesiones y le cortaron dedos de un pie.
Los delincuentes sustrajeron 600.000 pesos y utilizaron un Volkswagen Polo que posteriormente fue secuestrado.
La detención de Rosales permitió avanzar con el análisis de su teléfono celular, autorizado por el fiscal Moyano, y profundizar la investigación sobre sus contactos.
Otro de los sospechosos, Jonathan Ezequiel Villalba, fue detenido el 29 de julio en el marco de un robo cometido contra un hombre de 58 años, a quien cuatro delincuentes que circulaban en dos motocicletas le sustrajeron una Peugeot Partner identificada con el ploteo de la empresa Andreani. El vehículo fue recuperado posteriormente.
El análisis del teléfono de Villalba permitió encontrar comunicaciones con Rosales y, según la investigación policial, vincularlo con el intento de engaño que había dado origen a la pesquisa.
Allanamientos simultáneos en Olmos y Batán


Con el avance de las intervenciones telefónicas, la Fiscalía obtuvo órdenes de detención y allanamiento que fueron ejecutadas el 22 de octubre en tres establecimientos penitenciarios: la Unidad Penal N° 1 de Olmos y las unidades 44 y 15 de Batán.
El operativo fue coordinado por la DDI Mar del Plata, con colaboración de efectivos de la DDI La Plata.
Los procedimientos se realizaron de manera simultánea para evitar que los investigados pudieran alertarse entre sí y descartar elementos de interés para la causa.
En la Unidad Penal N° 1 de Olmos, los policías identificaron a Miguel Hugo Franco, señalado como el falso subcomisario Gutiérrez, y a su compañero de celda, Joel Hugo Aguirre, de 24 años, a quienes los investigadores vincularon con las llamadas telefónicas utilizadas para concretar las estafas.
En ese establecimiento se secuestraron cuatro teléfonos celulares y dos troqueles de chips telefónicos.
Por disposición del fiscal Moyano, Franco fue aprehendido como presunto jefe de la asociación ilícita y Aguirre como presunto integrante de la organización. Sin embargo, ambos recuperaron posteriormente la libertad respecto de esta investigación, conforme al artículo 161 del Código Procesal Penal bonaerense.
En la Unidad Penal N° 44 de Batán se concretaron las detenciones de Miguel Franco Isaías y Alejandro Demetrio Rosales. Allí se secuestraron tres teléfonos celulares, dos de ellos en poder de Rosales, incluido uno que no tenía declarado.
Por último, en la Unidad Penal N° 15 de Batán se hizo efectiva la detención de Jonathan Ezequiel Villalba y se secuestraron un teléfono celular y documentación considerada de interés para la causa.
En total, los investigadores secuestraron ocho teléfonos celulares, dos troqueles de chips y documentación y anotaciones que serán analizadas para profundizar la reconstrucción del funcionamiento de la presunta organización.
La investigación judicial
La causa está a cargo del fiscal Mariano Moyano y comprende una presunta asociación ilícita vinculada con estafas, tentativas de estafa, robos agravados y tentativas de robo agravado, delitos que aparecen atribuidos en concurso real.
La hipótesis policial sostiene que los sospechosos integraban una organización con capacidad para realizar maniobras de engaño desde establecimientos penitenciarios y mantener conexiones con delitos cometidos fuera de las cárceles.
Los teléfonos y la documentación secuestrados durante los allanamientos constituyen nuevos elementos de interés para una investigación que permitió relacionar distintos episodios delictivos y avanzar sobre los presuntos integrantes de la organización.
