Quilmes y el desafío de competir con sentido de pertenencia

Javier Bianchelli
El entrenador Javier Bianchelli vive la temporada del “cervecero” en la Liga Argentina, la segunda categoría del básquet nacional, desde un lugar especial, atravesado por la historia y la identidad del club.

 

Por Florencia Cordero

Hay momentos en los que el básquet deja de ser solo un juego de sistemas, resultados y tablas de posiciones. Momentos en los que la cancha, la historia y las personas se entrelazan. El presente de Quilmes en la Liga Argentina parece transitar por ese territorio, con Javier Bianchelli como un entrenador que condensa proceso deportivo y emoción genuina.

El DT marplatense analiza la temporada con una mirada clara y realista, pero atravesada por un vínculo profundo con el club. “Sabíamos que teníamos un comienzo favorable, con muchos partidos en casa, y que el equipo estaba bien preparado”, explica sobre el arranque que tuvo a Quilmes durante varias fechas en los primeros puestos. Luego llegaron las derrotas, las lesiones y la necesidad de reorganizarse. “Nos tocó perder, nos tocó reorganizar muchas veces el equipo, jugar con jugadores importantes lesionados. Es parte del crecimiento”, señala.

En ese contexto, Bianchelli vuelve una y otra vez a la misma idea: el proceso. “Me parece que estamos en el camino correcto porque estamos compitiendo”, sostiene, aun sabiendo que la regularidad sigue siendo una cuenta pendiente. “Internamente el equipo tiene que encontrar un rendimiento mucho más parejo”, reconoce, ya con la competencia avanzada.

Desde lo estrictamente deportivo, el coach valora el material con el que cuenta esta temporada. “Tenemos un equipo con puestos bien cubiertos, con jugadores importantes para la categoría”, remarca, aunque aclara que todavía hay piezas en proceso de adaptación. En ese sentido, menciona el caso de Tomás Nally, que bajó de categoría y aún no pudo desplegar todo su potencial. “Por el trajín de la competencia y las exigencias, todavía no lo pudimos insertar al cien por ciento en su capacidad de juego”, explica, convencido de que “con el correr del tiempo se va a convertir en una ficha mucho más importante”.

El crecimiento, insiste, no es inmediato. Es progresivo. Y requiere paciencia.

Tomás Nally
Bianchelli confía en que Tomás Nally ocupará un rol importante en el equipo.

Si hay un punto donde el análisis deportivo se cruza inevitablemente con lo emocional, es el regreso al “José Martínez”. Para Quilmes, y especialmente para Bianchelli, la localía recuperada en su propia sede social tiene un peso simbólico enorme. “Jugar en el ´José Martínez´ es un plus. Es combustible de la historia y de la unidad”, define desde su lugar de exjugador que pisó ese escenario en diferentes categorías a lo largo de los años.

No es solo una cancha. Es memoria. Es identidad. “Para el jugador es un empuje tremendo. Es una cancha hermosa para disfrutarla y creo que los rivales, con el apoyo de nuestra gente, lo sufren. No es fácil jugar ahí”, afirma. La respuesta del público, incluso en la derrota, refuerza esa sensación. “Nos tocó perder nuestro primer partido de local contra un gran equipo, perdimos bien, pero la gente fue incondicional desde que empezó hasta que terminó”, recuerda.

Bianchelli lo valora, aunque no pierde de vista lo esencial. “Con la gente sola no basta. Hay que jugar bien, defender y meter la pelota”, aclara, devolviendo la charla al terreno del juego.

Quilmes marcha sexto en la Liga Argentina de Básquet, con 12 partidos ganados y 7 perdidos.

Cuando se le plantea un escenario ideal de final de temporada, aparece el costado más íntimo del entrenador. “Sueño y me levanto cada día deseando al final de esta temporada jugar el último partido”, confiesa, sin mencionar la palabra ascenso. No lo dice como una promesa, sino como un deseo humano. Inmediatamente después llega el equilibrio: “Si no hacemos un montón de cosas y no tenemos un crecimiento progresivo para llegar a las fechas importantes, eso es muy difícil”.

El vínculo con Quilmes le exige aún más cuidado. “Soy el primero que tiene que poner los pies en la tierra, bajar los decibeles y poner la mente en claro para que ese sueño esté cada vez más cerca”, reconoce, consciente de que su historia personal con el club potencia cada emoción.

En tiempos donde muchas veces se analizan los procesos solo desde los números, Quilmes transita la Liga Argentina con una particularidad: la de intentar crecer sin renegar de su identidad. Y en ese camino, Javier Bianchelli encarna algo más que un entrenador. Representa la idea de competir, construir y soñar, pero siempre desde un profundo sentido de pertenencia.

El regreso de Javier Bianchelli a Quilmes también está signado por una relación poco habitual entre un entrenador y un club. “Yo jugué desde minibásquet hasta Liga Nacional, pasando por regionales, Liga C, TNA y Liga Nacional, y dirigí desde minibásquet hasta Liga Nacional”, repasa, al explicar por qué su vínculo con la institución excede lo estrictamente profesional. “La parte afectiva es obvia. El sentimiento que yo tengo por el club y el sentido de pertenencia de mi parte no está en duda”, afirma.

Javier Bianchelli
Bianchelli jugó y dirigió en Quilmes desde minibásquet hasta Liga Nacional.

Al mismo tiempo, el entrenador pone ese vínculo en contexto dentro de la realidad del básquet actual. “Cuando el deporte se convierte en un negocio, porque esto es por plata, más allá de los deseos de querer ascender, muchas veces se diluye la identificación o el cariño con el profesional”, reflexiona. En ese marco, entiende que su recorrido personal le permite manejarlo de otra manera. “Yo el sentido de pertenencia lo tuve toda la vida, entonces por suerte lo puedo manejar bien, pero muchas veces eso no se entiende”, señala.

Bianchelli también se detiene en una de las tensiones propias de la categoría. “Es un esfuerzo muy grande, una competencia muy larga, con el premio para uno solo”, describe. Y amplía su mirada sobre el concepto de éxito y fracaso: “No creo que en más de 30 equipos el que no asciende haya hecho las cosas mal. Es imposible y no es lógico”.

Desde lo deportivo, explica que los tiempos no siempre coinciden con las urgencias. “Puede pasar que el pico de rendimiento lo encuentres al final de la temporada y te encuentres con un ascenso”, apunta, aunque vuelve a insistir en la idea de crecimiento progresivo.

En ese sentido, remarca que su llegada al club y el camino que se está transitando responden a objetivos claros desde el inicio. “La dirigencia conmigo fue muy clara y los objetivos están planteados desde un principio”, concluye.

Quilmes transita la Liga Argentina con una tensión que atraviesa a todo club con historia en la máxima categoría: la necesidad de volver y la obligación de no apurar los tiempos. La expectativa de su gente empuja, el pasado pesa y el deseo de ascenso está siempre presente.

Bianchelli lo sabe y lo acepta, pero elige sostener una mirada que prioriza la lógica de la categoría y el crecimiento paulatino. Competir, crecer y estar preparados cuando llegue el momento. En ese equilibrio incómodo entre la urgencia externa y la construcción interna, Quilmes busca el camino que le permita regresar a la elite, pero con bases firmes.

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