Los hijos de tres exjugadores con pasado en Quilmes hoy comparten la camiseta de la Selección marplatense y escriben su propio camino a nivel provincial.
Por Florencia Cordero
Mateo Cequeira, Ciro Cavaco y Antonio Maciel comparten mucho más que una convocatoria a la Selección U13 de Mar del Plata para jugar el torneo de la Federación Bonaerense de Básquet. Los tres llevan apellidos reconocidos para el básquet de la ciudad y son hijos de exjugadores que dejaron su marca en Quilmes y la Liga Nacional.
La historia encuentra además algunas coincidencias que llaman la atención. Mateo continúa ligado a Quilmes, el club donde su padre Junior Cequeira construyó gran parte de su carrera. Ciro Cavaco y Antonio Maciel, por su parte, juegan en Kimberley, institución con la que sus padres también mantienen un fuerte vínculo dentro del básquet local.
Juntos fueron parte del equipo que recientemente se consagró campeón del Torneo Zonal de Selecciones y consiguió la clasificación a la instancia provincial, un logro que encuentra a estos tres apellidos nuevamente vistiendo una misma camiseta.


Mientras los chicos comienzan a transitar sus primeras experiencias representando a la ciudad, Junior Cequeira, Diego Cavaco y Maximiliano Maciel observan desde la tribuna una escena que inevitablemente los transporta varios años atrás.
«Está lindo porque ellos vivieron toda nuestra etapa, tanto la de Diego como la de Maxi, pero hoy es su momento», resume Junior Cequeira.
El exjugador disfruta esta nueva etapa desde un rol diferente. «Tienen la misma pasión, les encanta jugar y nosotros tratamos de acompañarlos en cada momento que viven», cuenta. Para quien supo vestir la camiseta de Quilmes durante años, el desafío ahora pasa por estar cerca, acompañar y dejar que sea Mateo quien escriba su propia historia dentro de una cancha.
Si Junior destaca la importancia de acompañar sin invadir, Diego Cavaco coincide en que el camino debe pertenecer exclusivamente a los chicos.
«Lo vivo con mucha alegría y con naturalidad. Se ha formado un grupo muy lindo. Me encanta verlo, apoyarlo y seguirlo, pero sobre todo que juegue tranquilo y disfrute de todo esto», asegura sobre el presente de Ciro.
La repetición de los apellidos lo lleva inevitablemente a mirar hacia atrás. «Lo hablábamos con Maxi y con Junior. Es muy lindo porque nos lleva a muchos años atrás, cuando compartíamos equipos y selecciones. Ahora verlos a ellos acá es una alegría enorme y un orgullo», expresa.
Sin embargo, deja en claro cuál debe ser el rol de los padres: «Tienen que hacer su camino, entrenar y disfrutar. Nosotros estamos para aconsejarlos y apoyarlos».
En su caso, además, existe una particularidad. Aunque Ciro no llegó a verlo jugar profesionalmente, suele interesarse por aquella etapa de su padre dentro de una cancha.


«Me ha pedido ver videos y partidos. Le gusta verlos y también criticarme«, cuenta Diego entre risas. «Para la edad que tiene, entiende mucho y tiene una mentalidad que me encanta» afirma Cavaco.
La historia de Antonio Maciel tiene un detalle diferente. A diferencia de muchos hijos de jugadores, el básquet no fue su primera elección deportiva. Durante varios años jugó al fútbol como arquero hasta que decidió cambiar de deporte.
«Empezó a jugar hace poco. Iba mucho a verme a la cancha en Kimberley y se ve que se enganchó. Un día vino y me preguntó si podía jugar al básquet», recuerda Maximiliano Maciel.
La coincidencia de los apellidos tampoco pasa inadvertida para él. «Ni que nos hubiéramos puesto de acuerdo», bromea al referirse a la presencia de los hijos de tres excompañeros en una misma categoría y una misma selección.
Más allá de los resultados deportivos, Maciel destaca el valor de las experiencias que genera el básquet durante la formación. «Lo que más me gusta es que disfrute del club y de todo esto. Siempre le hablo de los encuentros que había hace muchos años y que nosotros disfrutábamos mucho. Que pueda vivirlo con sus compañeros es muy lindo», señala.
Tres apellidos que dejaron huella en Quilmes


No se trata de tres nombres elegidos al azar. Durante años, Diego Cavaco, Junior Cequeira y Maximiliano Maciel fueron protagonistas de distintas etapas de Quilmes en la Liga Nacional.
Cavaco abrió el camino a fines de los noventa y se convirtió en uno de los referentes del club, con seis temporadas consecutivas entre 1997 y 2003, además de un regreso en la 2016/17. Cequeira, por su parte, se consolidó como uno de los nombres más representativos del Cervecero a lo largo de tres ciclos (2001/05, 2014/16 y 2022/24) e incluso llegó a disputar el Mundial de Turquía 2010 con la Selección Argentina. Maciel también construyó una extensa trayectoria en Quilmes, donde completó más de una década en distintas etapas (2007/09 y 2012/21) y se ganó el reconocimiento de la parcialidad tricolor.
Compartieron entrenamientos en varias temporadas dentro de una misma estructura deportiva. Dos décadas después, son sus hijos quienes vuelven a reunir esos apellidos en una Selección de Mar del Plata.
La clasificación al Provincial les permitió sumar una experiencia importante dentro de su crecimiento deportivo. También dejó una imagen especial para el básquet marplatense: tres apellidos que años atrás compartieron vestuario, entrenamientos y miles de vivencias vuelven a encontrarse en una nueva generación.
Esta vez, sin embargo, los protagonistas son los hijos de aquellos que supieron representar a la ciudad como jugadores de Quilmes en la elite y que hoy empiezan a escribir su propia historia con la camiseta de Mar del Plata.
Cequeira, Cavaco y Maciel hoy vuelven a encontrarse alrededor de una cancha, pero desde otro lugar. Ya no les toca entrar a jugar, sino esperar en la tribuna, acompañar en los viajes y estar después de cada partido. Mateo, Ciro y Antonio empiezan a recorrer su propio camino, mientras sus padres descubren una nueva manera de vivir el básquet: viéndolo a través de los ojos de sus hijos.
