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agosto 3, 2021
Especiales

Mercado de Pulgas de la Plaza Rocha: historias y personajes de la mitología urbana

Puede ser un viaje en el tiempo o simplemente un recorrido casual para los curiosos. Paraíso coleccionista y punto débil de los melómanos de Mar del Plata. El mercado de pulgas de la Plaza Rocha forma parte de la identidad de nuestra ciudad y es un hábitat donde se respira nostalgia.

Por Makú Rodríguez

Aterricé en Plaza Rocha casi por accidente. Aún era medianamente nuevo en la ciudad cuando en mi afán de conseguir discos, me topé con la feria. La parafernalia me fascinó. No solamente por los puestos repletos de cosas interesantes, sino por el entorno y el desfile de personajes característicos que deambulaban por el lugar. 

Ese fue mi primer acercamiento a las tierras de la feria de la Plaza Rocha. Los puestos dibujan el contorno de la plaza. Avenida Luro, 14 de Julio, San Martín y 20 de Septiembre son las calles que rodean una parte de la feria. Una manzana entera de puestos que se sitúan geométricamente sobre los costados de la plaza. Del otro lado, con la calle 14 de Julio como frontera y división, se encuentra la otra parte de la plaza. Allí la feria es más grande y tal vez, hasta un tanto caótica. Los feriantes se triplican y no son sólo los costados a la vereda los sectores designados para montar sus puestos, sino que se dispersan por toda la plaza, convirtiéndola en un laberinto gigante de ropa, artículos usados y comida.

Personalmente, la Plaza Rocha es uno de mis lugares favoritos de la ciudad. Las antigüedades guardan consigo miles de historias. Los objetos varían. En la feria podés encontrar desde esa figurita de álbum que nunca conseguiste para completarlo, hasta un afiche que reza por el retorno del General Perón a nuestro país. Hay para todos los gustos y para todo tipo de coleccionistas.

Autitos de colección y para todos los gustos. Foto: Mauricio Arduin.

La cuarentena fue dura para los feriantes de la Plaza Rocha. Los primeros meses del 2020 fueron los más duros. Con el ASPO rigiendo, las actividades de la feria se suspendieron. La incertidumbre era muy grande. Nadie sabía cuándo se iba a poder volver a la normalidad para merodear por los puestos del mercado en busca de algún tesoro. Afortunadamente, luego de un largo tiempo de espera, la feria de la Plaza Rocha se encuentra activa desde hace varios meses. Los feriantes cumplen con los protocolos y con el distanciamiento. Eso es fundamental para poder continuar con su trabajo en tiempos tan extraños como los que corren.

De todo y para todos

Desde libros, hasta cassettes. Desde vinilos, hasta herramientas. Cualquier cosa que se te ocurra la podés ir a buscar ahí. Además de la escritura, otro de mis pasatiempos favoritos, es buscar tesoros musicales y coleccionar música en formato físico, más que nada todo lo relacionado a cds y cassettes. De hecho, mi afán por la música en formato cintas, nació en Plaza Rocha. Hace algunos años mi abuela me regaló un walkman antiquísimo que aún conservaba para escuchar la radio con auriculares. Lo usaba poco, así que decidió regalármelo. En mi casa había algunos cassettes perdidos, pero muy pocos y, francamente, no llamaban la atención. Al otro día fui a la plaza a buscar algún cassette que me gustara y rendirle honor al viejo walkman de mi abuela. Y así fue. Rust In Peace de Megadeth fue el tesoro encontrado y gracias a esa búsqueda empedernida para ampliar mis horizontes en el formato musical, conocí a un gran personaje característico de Plaza Rocha, que hasta el día de hoy es mi proveedor oficial de música en formato físico. 

Foto: Mauricio Arduin.

Allí siempre está Pablo. Pelo largo, rodeado de vinilos, discos y cassettes. Sentado, con su serenidad característica. Sabe mucho de música y de ediciones extrañas. Un melómano de la vieja guardia. Trabaja en la feria de la Plaza Rocha hace más de 10 años. Cada vez que paso a visitarlo, antes de llegar a su puesto, me dice a la distancia: “conseguí esto, seguro te interesa”. Me conoce y sabe perfectamente cuáles son mis gustos predilectos a la hora de buscar música.

“La idea en un principio era vender libros“cuenta Pablo. Y agrega “después fui llevando de a poco los discos de mi colección y vi que se vendían mejor que los libros”. Así comenzó su historia con el Mercado de Pulgas de la Plaza Rocha. Pablo no es el único en la plaza que se dedica exclusivamente a la venta de discos. A unos metros de su puesto se encuentra Carlos, otro gran proveedor de música en formato físico.

La convivencia entre feriantes (o permisionarios, como se autoproclamó él) es “igual que en cualquier otro trabajo donde trabaja mucha gente” asegura Pablo. Con acuerdos y desacuerdos, al igual que en cualquier grupo humano, convergen de manera tranquila.

Tiempos difíciles

La cuarentena fue un impedimento muy grande para todos los trabajadores de la plaza rocha. La suspensión de las actividades comerciales dentro del mercado de pulgas, trajo consigo una fuerte crisis económica entre los trabajadores de la feria. Pablo continuó con su trabajo a través de internet y con el showroom de discos que lleva adelante en su casa. Las actividades dentro del Mercado de Pulgas dependen de la Secretaría de Cultura de MGP. Los primeros seis años de su labor en la feria estuvo como ayudante en el puesto de un amigo que le brindó el espacio para comenzar a trabajar allí. Luego de un tiempo, le otorgaron su propio espacio para poder vender sus discos.

“Lo que más me gusta de mi trabajo es que siempre te sorprendes con algo nuevo que aparece y que no conocías” responde Pablo ante la pregunta de qué es lo que más disfruta de su trabajo. En su caso, le gusta descubrir nuevos artistas o grupos de los cuáles no hay información en ningún lado. Una vez me recomendó un cassette de una banda Brasileña. Según él, “era Depeche Mode en portugués”. Investigué sobre aquella banda y la información que había en internet era nula. Ese ejemplo me sirvió para comprender lo fascinante de los descubrimientos musicales.

Foto: Mauricio Arduin.

El Mercado de Pulgas de la Plaza Rocha (o simplemente “La Feria”) es un halo de misterios y guarda dentro de sí cientos de historias. Una suerte de escapismo o un vórtice de tiempo que nos transporta a la década que queramos. Un paraíso coleccionista. Un mundo más feliz para los nostálgicos. Un planeta rodeado de pasto y árboles que siempre te invita a socavar en pilones de revistas y cajas llenas de vinilos. Un viaje interior que nos lleva a recordar los viejos tiempos.

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