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Mar del Plata
diciembre 6, 2022
Descubriendo a

Tan grande que le decían Chiqui

Chiqui, la inquebrantable, la dulce y fuerte a la vez, tan dulce como la jalea y tan fuerte como el algarrobo.

Hebe de Bonafini

Por Aldana Arén

El lunes 8 de noviembre de 1976. Guillermo y Pepe, su papá, estaban por pagar el impuesto al automotor en el Automóvil Club Argentino de Av. Colón y Santa Fe, en Mar del Plata.

Hacía un mes y quince días que Guillermo se había casado con Julia, y menos de una semana que lo habían soltado luego de cinco días de detención en la Base Naval. “¿Vio señora que quien nada tiene pronto sale?” le dijo el policía a su mamá, Soledad, cuando lo devolvieron a su casa.

De repente, un Falcon verde cruzó por Colón y encerró al auto en el que estaba Guillermo. Nunca más se supo de él.


La Chiqui vivió 92 años, los últimos 40 de una lucha obstinada e ininterrumpida, como todas las Madres de Plaza de Mayo. Se llamaba Herminia Soledad Pereda de Berdini, pero sigue siendo la Chiqui.

Los Berdini tenían un hotel, que también era su casa, ubicado en Tucumán entre Castelli y Garay, al lado de un destacamento policial de Infantería. Aun así, en la casa de la Chiqui se realizaban las reuniones del Partido Socialista. Ella siempre dijo, orgullosa, que acompañó a su hijo en la militancia.

El 29 de octubre de 1976 a la madrugada, tres militares tocaron el timbre del hotel. La Chiqui les abrió. “Tres tipos eran: dos con caras de gitanos, como decía mi marido, y uno rubio que mirá quién era: Astiz. Me dicen: ‘señora venimos por una cuestión de rutina’” contó. Su hijo, Carlos Guillermo Berdini, militante del Partido Socialista de los Trabajadores, no se encontraba en la casa. Lo detuvieron cuando volvió, al mediodía.

Estuvo cinco días en la Base Naval y luego, el 3 de noviembre, lo devolvieron a su casa. “Acá lo tiene, lindo y gordo como se lo llevamos, un poco despeinado’”, le dijeron los militares a la Chiqui. Ese fue el primer secuestro que sufrió Guillermo.

Cinco días después, el 8 de noviembre de 1976, la dictadura cívico-militar-eclesiástica argentina volvió a secuestrarlo. En diciembre, su Madre ya estaba organizada junto a otras tres mujeres que pasaban por la misma situación. Carlos Guillermo Berdini aún continúa desaparecido.


Ante la mirada curiosa de las personas que revuelven libros, llega la Chiqui Pereda de Berdini con su pañuelo blanco. Se dirige al stand que Madres de Plaza de Mayo comparte con el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos en la 12° Feria del Libro marplatense, ubicada en Plaza Mitre.

Saluda a las otras Madres, sus compañeras, Irene Molinari y Angelita Tasca, y a las personas que atienden el stand.

“Traje las galletitas que les gustan, unas almohaditas y un poco de yerba para que tengan” dice. La Chiqui se sienta a tomar mate y observa el estante con las remeras que Madres de Plaza de Mayo vende todos los años. “Mirá, las remeras tienen que ir más adelante, así se venden más” dice la Chiqui, con tono de quien sabe cómo vender.

Algunas personas se detienen en el stand para saludar, o simplemente observar, a las Madres. Unas vienen a pedir una foto, otras a conversar, algunas ni siquiera se acercan, tal vez porque las mujeres del pañuelo generan en algunos tanta admiración como imponencia. Ellas siempre devuelven calidez.


La Chiqui viajó por primera vez a Plaza de Mayo en 1977, junto a otras tres Madres, luego de reunirse todas las semanas durante meses en diferentes iglesias de Mar del Plata.

“Fue una emoción inmensa: era llorar, consolarse una con otra. No se puede explicar con palabras lo que se vivía en esa Plaza”.

Las Madres marplatenses comenzaron a encontrarse cada sábado en la Catedral, pero los Falcon verdes las esperaban a la salida de las reuniones. Entonces, decidieron juntarse en Santa Ana, pero luego de cuatro encuentros el Padre fue amenazado y también debieron irse de allí. Las iglesias San Antonio, Don Bosco y la Iglesia Metodista fueron lugares de reunión para las Madres, pero todos eran perseguidos. Finalmente, volvieron a Santa Ana.

“Íbamos a todos lados, a los sindicatos, siempre estábamos haciendo cosas para reclamar, para que supieran que estábamos. Marchábamos frente a la estatua de San Martín, pero después no nos dejaron los milicos porque decían que interrumpíamos el paso de los autos y que chocaban porque nos miraban, y entonces nos vinimos frente a la Catedral”.


Es un jueves de marzo muy lluvioso. Angelita, Irene y Dorita encabezan la marcha frente a la Catedral, como todas las semanas. Pero no es como todas las semanas.

Al terminar la marcha, Irene habla, lo intenta: la Chiqui fue un pilar para las Madres. Todos saben que las palabras nunca van a explicar lo que sólo quienes la conocimos, aunque sea un día, sentimos. El orgullo y la emoción de poder recordarla cálida, bondadosa y popular.

El jueves, 2 de marzo de 2017, por primera vez en 40 años Herminia Soledad Pereda de Berdini, la Chiqui de Mar del Plata, no está en la marcha. Pero está. Estará en la Catedral, y estará en Plaza de Mayo. Cada jueves.

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