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junio 15, 2021
Especiales

Miguel Ángel y el trasero divino

De la gloriosa, cuasi divina Capilla Sixtina, con sus más de 300 figuras humanas, a la más mundana de las representaciones sagradas. Esta es la historia de cómo Miguel Ángel, el señor Michelangelo, representó a todas las huestes angelicales a la par del culo de Dios.  Podés escucharla también en nuestro podcast.

Por Remigio González

El backstage

Que los distraídos levanten la vista: estamos llegando a la Florencia de principios del siglo XVI. A su izquierda pueden ver a Miguel Ángel, preparando el mármol para su David. A la derecha, Leonardo Da Vinci seca sus pinceles al sol para continuar con La Gioconda, y más al fondo, un siempre joven Rafael hace los bocetos para La escuela de Atenas. Wow. Y uno aquí, haciendo aviones con palitos de helado y plasticola. Somos todos hijos de nuestra época, y qué época fue el siglo XVI en el oeste italiano, mamma mia. 

Nuestro tour por las tierras tanas pondrá el ojo en Michelangelo Buonarrotti, nuestro Miguel Ángel. El escultor ya gozaba de cierta fama después de la Piedad del Vaticano y de su David, y era largamente considerado el más célebre artista europeo del momento. En el año 1508 recibe una solicitud extraordinaria: El entonces Papa Julio II, también conocido como el Papa guerrero, le encarga a Miguel Ángel la decoración de los techos de la Capilla Sixtina. Con casi 41 metros de largo y 20 metros de alto, además de la forma redondeada propia de una bóveda, el trabajo era en extremo exigente. 

Bóveda completa de la Capilla Sixtina. Nótese la complejidad de las formas y encuentros entre paredes, columnas y techo redondeado. Foto: Scala

Cuando su autoestima roce el suelo, recuerde: Miguel Ángel casi rechaza el trabajo porque no se consideraba un buen pintor. Así es. Uno de los cuatro padres del Renacimiento, responsable de una de las obras pictóricas que, en palabras de Da Vinci, más se acerca a la perfección, no tiene el ego a la altura como para llamarse a sí mismo pintor. De repente, mi avioncito de madera no me da tanta vergüenza…¿Alguien tiene el número del MOMA?

Después del pedido papal hubo un fuerte choque de personalidades. Sabemos que Miguel Ángel era temperamental, efusivo y malhumorado, y que no se consideraba el artista adecuado para la tarea, porque él era escultor. Al mismo tiempo, el mote de Papa guerrero nos aleja de la imagen papal de un señor canoso, cachetón y con mofletes rosados. Julio II fue un pontífice sumamente involucrado en conflictos bélicos y políticos, y la tenacidad y firmeza necesarias para arrastrar el sobrenombre chocaron frontalmente con la terquedad miguelangeliana. De todas formas, y después de renegar y negociar durante unos meses, Miguel Ángel acepta la titánica misión, y comienza a ejecutarla en mayo de 1508.

El encargo

Las negociaciones no eran sólo de dinero. El pedido original de Julio II era la representación de los doce apóstoles, sus vidas y obras. Sin embargo, Miguel Ángel propuso un racconto mucho más complejo y abarcativo de las narraciones bíblicas, que cronológicamente comenzaría con la creación de la Tierra hasta los eventos del Gran Diluvio.

Por las dimensiones de la Capilla Sixtina sabemos que Miguel Ángel pintó, en total, casi 500 metros cuadrados, incluyendo lunetas (intersección entre dos bóvedas menores), enjutas (sección entre un arco y el techo), pechinas (encuentro entre arco y bóveda) y secciones curvas. La complejidad y la extensión de la superficie pintada hacen aún más milagrosa la obra. ¿Quieren más agua bendita? La técnica exigida por Julio II era la del buon fresco, es decir que la pintura debía ser aplicada directamente sobre el yeso recién mezclado. No sólo que esta no era la especialidad de Miguel Ángel, si no que la técnica no es amigable con los errores, y la pintura para una determinada sección debe ser aplicada en una misma jornada, para evitar que el yeso se seque primero. No obstante, es gracias a que fue esta la técnica elegida que la obra llega prácticamente intacta hasta nuestros días. El buon fresco da color al material adherido a la pared, por lo que es muy resistente al paso del tiempo.

Ajusten sus monóculos, porque este humilde gondoliere quiere hacer énfasis en una iconografía muy precisa. Si usted entra a la Capilla Sixtina y se desnuca mirando hacia arriba, verá la narrativa bíblica desarrollándose al revés: primero verá El Diluvio Universal, seguido de El Sacrificio de Noé, el Pecado original, la Creación de Eva, la Creación del Hombre, La separación de la Tierra de las Aguas, La Creación del Sol, de la Luna y de las Plantas y, al final, justo encima del altar, La separación de la Luz de la Oscuridad. Nos detendremos un paso antes del altar, con la nuca al piso, mirando La Creación del Sol, de la Luna y de las Plantas.

Esta sección particular contiene, tal vez, la simbología menos simbólica y más explícita de toda la bóveda. Notará que en la parte izquierda, aparece representado el trasero de Dios, el gluteus maximus, las nalgas magnas. No seamos inocentes en sugerir que lo que vemos es a Dios de espaldas, y que le estamos prestando demasiada atención a su ya-sabés-que. Ni el más escéptico entre nosotros pensaría que las telas que recubren el cuerpo sacro se acomodaron de esa forma por obra del azar. El traserum divinum bien podría haber estado mejor escondido entre los ropajes pero, por supuesto, hubo una intención detrás. Si, dije detrás.

La Creación del Sol, de la Luna y de las Plantas, donde podemos ver la santa retaguardia.

El motivo

No es del todo fácil encontrar una explicación que satisfaga nuestra curiosidad. La era del Renacimiento está repleta de símbolos, alegorías e interpretaciones ocultas, y tenemos una predisposición especial para que las cosas encajen. Si las cosas pueden encajar de forma mística o espectacular, mejor aún. Hay varias teorías gravitando alrededor de las posaderas celestiales. Una hipótesis muy fuerte es que Miguel Ángel, a pesar de ser profundamente espiritual y creyente en la doctrina judeocristiana, no se llevaba para nada bien con la autoridad, menos aún con la Iglesia. Las eternas discusiones con Julio II, los pagos atrasados y las pésimas condiciones de trabajo podrían haber llevado a Miguel Ángel a esconder muchas levantadas del dedo medio por toda la Sixtina. Y las nalgas perfectas no serían los únicos vaffanculos: Se considera que la forma que aparece detrás de Dios en La Creación de Adán es un perfecto corte sagital de un cerebro humano, teoría que dispara cientos de nuevas corrientes de análisis. También sabemos que representó a muchos jerarcas eclesiales como figuras demoníacas en el fresco de El Juicio Final, que pintó 24 años después de la bóveda.

Pequeño garabato que acompañaba un poema que escribió Miguel Ángel explicando el difícil proceso. Vemos que el artista pintaba parado, contrario a la creencia popular de que lo hacía acostado sobre los andamios.

Hay, no obstante, otra conjetura posible. Miguel Ángel era un erudito estudioso de la literatura clásica y de las Sagradas Escrituras. Hay una famosa anécdota entre Miguel Ángel y Leonardo Da Vinci, donde Leonardo estaba discutiendo con algunos florentinos un asunto sobre la obra de Dante. Miguel Ángel pasaba por allí, y Leonardo lo llamó para que resuelva el problema. Por la fricción entre ambos genios, la cosa no terminó nada bien. La conjetura sigue. Hay un pasaje del Antiguo Testamento, en Éxodo 33, donde Dios está hablando con Moisés, y le explica que cuando Él se vaya no podrá ver su rostro: sólo podrá ver su espalda. En nuestro español moderno esto no supone ningún problema. Pero en el latín del siglo XVI, la cosa no es tan sencilla.

El pasaje original en hebreo, el sustantivo “espalda” es plural, y se escribe así: גב La primera traducción del hebreo es al griego, donde se mantiene la pluralidad del sustantivo (τὰ ὀπίσω μου), y del griego al latín se mantiene, nuevamente, la pluralidad, llegando a los ojos de Miguel Ángel posteriora mea. Estudioso como era el artista, no podía hacer menos que retratar no la mera espalda de Dios, sino sus espaldas, sus partes traseras. También se considera un fuerte signo la aparición, en el mismo fresco, de las plantas de los pies de Dios, un símbolo normalmente reservado para los sucios mortales. Digámoslo, como corresponde, a calzón quitado: Una libre interpretación del pasaje con una sólida justificación literal y lingüística fueron suficientes para retratar las pompas todopoderosas.

Goethe una vez dijo que hasta que uno no conoce la Capilla Sixtina, no sabe de lo que es capaz el hombre. Da Vinci, a pesar de sus rivalidades, consideró a la obra en las bóvedas sixtinas como perfectas. El fresco de La Creación de Adán es, solo con excepción de La Gioconda, una de las escenas más famosas del arte occidental. El David, la Piedad del Vaticano, la basílica de San Pedro. Más que suficiente para un pintor que no está seguro si sabe pintar.

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