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Mar del Plata
noviembre 26, 2022
El Mundo Lo de Allá

El lugar habitado más remoto del mundo, con una población de ocho apellidos y al que se puede llegar desde la Argentina

A más de 2.000 kilómetros de cualquier otra comunidad y con acantilados que hacen casi imposible su acceso, Tristán de Acuña alberga a la población más alejada del mundo, de apenas 270 personas. Cómo se vive en la isla.

POR CHRISTIAN CAMBLOR

En Tristán de Acuña se encuentra la población más alejada del mundo -según consta en el libro Guiness-, a más de 2.000 kilómetros de cualquier otra comunidad, con acantilados que hacen casi imposible su acceso, y una población de apenas 270 personas, que no superan los ocho apellidos. Como la serie Lost, pero con personas reales, que no aspiran a rescate alguno.

No es fácil llegar a este archipiélago británico, ubicado en el Atlántico Sur, a 3360 kilómetros de Sudamérica y a 2816 kilómetros de Sudáfrica: no hay aeropuerto y solo se lo puede hacer por barco. Se puede desde Ciudad del Cabo, que realiza unos ocho viajes al año. Otra opción, acaso la más habitual, parte de nuestras tierras: son los cruceros turísticos que pasan por Ushuaia.

Tristán de Acuña es, en rigor, una isla mayor del mismo nombre con una superficie de 98 kilómetros cuadrados, más las islas de Inaccesible y Ruiseñor, directamente deshabitadas. En una tercera isla, Diego Alvarez, mora una solitaria antena meteorológica sudafricana, cedida a cambio del viaje periódico de una embarcación de ese país.

Santa Elena, a 2173 kilómetros, lo más cercano

Todo el territorio es una dependencia de la isla de Santa Elena, ubicada 2173 kilómetros al norte. En rigor, los británicos solo ocuparon Tristán de Acuña en 1816 por miedo a que lo hicieran los franceses, con la idea de liberar a Napoleón Bonaparte, quien se encontraba exiliado en Santa Elena.

Los solitarios islotes fueron descubiertos en 1506 por el navegante portugués Tristao da Cunha, quien, claro, legó su nombre al lugar, rodeado de acantilados de 600 metros de altura.

Quien se animó a visitarlos fue nada menos que el Príncipe Alfredo, Duque de Edimburgo, en 1867, en el marco de una “vuelta al mundo”. En agradecimiento, el único asentamiento pasó a llamarse “Edimburgo de los Siete Mares”.

Un poder ejecutivo de administrador y jefe de isla

El remoto lugar está representado por el gobernador de Santa Elena, aunque este designa a un administrador, que ocupa el único edificio de dos pisos en Tristán de Acuña.

La “ardua” labor policial recae en un inspector de policía “a tiempo completo” y tres agentes especiales. También hay un Consejo Insular de ocho miembros que desempeña un mandato de tres años. Además, se vota un Jefe de la isla, que es el líder político de la comunidad. James Glass es desde marzo de 2019 el líder político que más debe experimentar la soledad de poder.

Un exilio de dos años

En 1961, el volcán Reina María, que ocupa el centro de la isla, entró en erupción, y todos los habitantes debieron evacuados al Reino Unido, donde afrontaron enfermedades desconocidas por su habitual aislamiento. La mayor parte decidió regresar en 1963. Encontraron las viviendas afectadas por la lava… y saqueadas por piratas. Los perros se habían comido a todas las ovejas para sobrevivir.

En las páginas de ilustres novelistas

Este archipiélago, casi nunca visitado, sí fue mencionado por ilustres escritores, como Edgar Allan Poe (“La narración de Arthur Gordon Pym”), Julio Verne (“Un capitán de 15 años”), y Emilio Salgari (“El rey del aire”).

Todos, claro, narradores de increíbles aventuras marinas.

Los tuyos, los míos: una endogamia inevitable

La especial situación geográfica hace que sus habitantes practiquen la endogamia.

Los matrimonios entre los propios habitantes son regla. De hecho, hay solo ocho apellidos: Glass, Green, Hagan, Laverello, Repetto, Rogers, Swain y Patterson, que conforman ochenta familias.

Este perfil genético propició ciertas patologías: asma y glaucoma.

Vivir en la isla: la “movida” de Tristán de Acuña

Cuenta con una tienda de ultramarinos, una radio, un café, un pub (The Albatros Bar), un campo de fútbol, un campo de golf, una pileta y un court de tenis. Hay un teléfono en la oficina del administrador, pero se asegura que mejoró la conexión a Internet.

Si surge una urgencia, debe trasladarse a un hospital de Ciudad del Cabo, pero médicos y dentistas realizan largas estancias para verificar la salud de la población.

El aislamiento de Tristán de Acuña también influye en el idioma, que resulta un inglés del siglo XIX, más influencia del afrikáans (lengua neerlandesa hablada en Sudáfrica) y el italiano.

Economía comunitaria

Los isleños se conformaban con subsistir hasta 1950, cuando floreció la industria de la langosta, que los lanzó a la economía de mercado.

El lugar presenta una cualidad acaso socialista: toda la tierra es propiedad comunitaria. No se permite la compra de tierras, “para evitar que algunos estén en mejor posición que otros”. Tampoco el asentamiento de personas de afuera. El número de cabezas de ganado es controlado, para preservar el terreno.

Se asegura que la venta de estampillas, principalmente a coleccionistas, también aporta unos ingresos considerables.

Tampoco se usa la libra de Santa Elena, sino directamente la libra esterlina de Reino Unido.

La televisión en directo recién llegó en 2001 y puede verse BBC One, BBC Two, Canal 4, ITV y BFBS Extra.

El gobierno de la isla y la Asociación de Tristán de Acuña mantienen un sitio web oficial.

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