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agosto 29, 2025
Deportes Lo de Acá

Reinventarse sin fronteras: la historia de Dani Cano, una preparadora física global

Por Florencia Cordero

Nacida en Mar del Plata y formada en el ámbito del deporte y la actividad física, su trayectoria profesional la llevó por distintos rincones del mundo empezando por Kuwait hasta instalarse hoy en Málaga, al sur de España, donde continúa desarrollando su carrera como PF.

Su presente europeo llegó después de una experiencia intensa en Medio Oriente. “Tuve que dejar Kuwait porque, aunque había conseguido una nueva oportunidad laboral, mi jefe no pudo gestionar la visa. Sin eso, no podía quedarme. Y entonces decidí venir a España”, cuenta Cano. Lejos de vivirlo como una derrota, ese cambio forzado fue una oportunidad de rediseñar su camino en un contexto que le resultara más familiar y estable.

Afianzada en territorio español, Cano combina la presencialidad con la virtualidad para ofrecer entrenamientos especializados y contenidos adaptados a diferentes niveles con vinculación específica con el hockey. Las redes sociales se convirtieron en una herramienta clave para seguir en contacto con atletas, colegas y seguidores de distintas partes del mundo. “Hoy la distancia no es un límite para compartir el conocimiento”, sostiene.

Instalada en un entorno que valora, sobre todo por la posibilidad de planificar a futuro, la entrenadora reconoce que volver a la Argentina no es una opción en este momento: “Después de haber vivido en otros contextos, cuesta pensar en volver cuando la inestabilidad es tan grande”. Y aunque la nostalgia siempre aparece, su energía está puesta en construir día a día una propuesta profesional que combine formación, entrenamiento y una comunidad con visión global.

El desarraigo y la resiliencia en la experiencia en Kuwait

Antes de instalarse en Málaga, Dani Cano vivió una etapa tan intensa como atípica: trabajó como preparadora física en Kuwait. Aunque su paso por ese país del Golfo fue interrumpido por razones burocráticas, el vínculo con sus alumnos y el recuerdo de esa experiencia siguen muy presentes en su vida.

“No era fácil explicar qué hacía una argentina en Kuwait”, cuenta. En cada clase, al presentarse como marplatense, surgían preguntas sobre su país, su historia y su familia. “Ya conocen a Maradona, a Messi, al asado… después les enseñás el mate, el dulce de leche, el alfajor”, recuerda entre risas. Pero detrás del folclore, muchas veces aparecía la pregunta clave: “¿Extrañás a tu familia?”. Y sí, claro que sí.

Pese al choque cultural y a la distancia, Dani se adaptó rápido. Su objetivo era claro: crecer profesionalmente. Había decidido cambiar de gimnasio, buscar un nuevo aire. Pero cuando su nuevo empleador no logró gestionar la visa, tuvo que irse. “Me hubiese quedado dos años más, al menos. A nivel económico, Kuwait te permite hacer una base. Te da la posibilidad de proyectar”, admite con honestidad. Aunque la vida no lo quiso así, el aprendizaje fue profundo.

Aún hoy mantiene contacto con algunos de sus exalumnos. A través de clases online por WhatsApp, sigue entrenándolos a distancia. “Cada vez que hablo con ellos, me agarra un poquito de nostalgia”, confiesa. Y aunque por poco no se concreta una nueva oportunidad laboral en Dubái -llegó a las instancias finales de una búsqueda internacional-, el deseo de seguir viajando por el mundo con su vocación sigue intacto.

De la nostalgia al presente Kuwait dejó una huella, pero también la llevó a cuestionarse muchas cosas y tomar la decisión de ir a Europa. “A veces sentís que se te viene un tsunami encima y no sabés qué hacer. Pero al final, aprendés a surfear la ola”, resume. Ese instinto de supervivencia, dice, es algo que muchos argentinos tienen incorporado. “Yo le dije a mi papá: si sobreviví a Argentina, voy a sobrevivir a España”.

Hablar de su papá, Oscar Cano -ex presidente del Club Quilmes de Mar del Plata-, también toca una fibra íntima. “Hace seis años que no lo veo. Y hay días en los que me pregunto por qué no puedo estar comiendo un asado con él un domingo. Eso duele”. Daniela no idealiza la vida en Europa. “También hay que remar. Acá no es todo fácil.

Pero al menos lo que hacés tiene valor. Y eso te empuja a seguir”. Aunque confiesa que extraña cosas simples como compartir una comida en familia, no está en sus planes regresar a la Argentina. “Volver sería empezar de cero otra vez. Lamentablemente, no lo veo posible. Ya tengo 41, y lo que quiero es seguir construyendo”.

Hoy, enfocada en su proyecto de entrenamiento online para jugadores y jugadoras de hockey, encuentra motivación en cada mensaje, en cada logro de sus alumnas. “Me encanta verlas avanzar, que logren lo que se proponen. Esa es la parte que más disfruto”.

Más allá del pasaporte, el valor de lo que uno hace 

La historia de Daniela Cano es una más entre tantas que eligen el camino del desarraigo no por deseo, sino por necesidad. Pero también es singular: no solo emigró, sino que se reinventó profesionalmente en cada paso. Lo hizo en Kuwait, donde su rol como preparadora física encontró un reconocimiento inmediato que en Argentina parecía esquivo. Lo vuelve a hacer ahora en España, donde construye desde cero, otra vez, con
la misma entrega de siempre.

Su relato desnuda una realidad conocida por muchos argentinos: que afuera, el trabajo serio y comprometido vale, se respeta, se paga y se reconoce. Y que esa validación – aunque no venga de donde uno nació- también es una forma de pertenencia. Dani eligió no volver, no por falta de amor a su tierra, sino porque ya no se puede construir futuro donde el esfuerzo no tiene eco.

Desde la virtualidad o en los gimnasios, entrenando a jóvenes de hockey o inspirando con su experiencia, Cano representa una de esas tantas voces que encontraron en el mundo el lugar que su propio país les negó. Y lo hace con una convicción simple y poderosa que sostiene y repite: «Si sobreviví a Argentina, puedo sobrevivir en cualquier lado».

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