El artista criado y formado en Mar del Plata será el representante argentino en la 61ª Exposición Internacional de Arte que comenzará el 9 de mayo en la ciudad italiana. En diálogo con Bacap, Duville resalta el valor de exhibir su obra en La Bienal, cuenta cómo surgió el proyecto, detalla los materiales que incorpora y describe la interacción del público con la instalación.
El artista marplatense Matías Duville representará al país en el Pabellón Argentino de la 61ª Exposición Internacional de Arte – La Bienal de Venecia, del 9 de mayo al 22 de noviembre de este año, con su obra Monitor Yin Yang, una instalación construida con sal y carbón vegetal para ser transitada por el público.
Unos trazos de carbón molido, colocados sobre un manto de sal, le dan forma a un paisaje inestable en el que pueden divisarse montañas, caminos, objetos y horizontes.
Duville destaca que la obra funciona como un territorio y que “el público va a poder caminar sobre ella, adentrarse en ese espacio y formar parte del dibujo”.
“Me interesa pensar ese caminar como una forma de lectura. En lugar de observar la obra desde afuera, el visitante la recorre con el cuerpo. Y en ese tránsito también la transforma. Así, la instalación permanece abierta y en constante cambio, construida tanto por el gesto inicial del artista como por la experiencia de quienes la atraviesan”, cuenta a Bacap.


Dos minerales
Duville ya ha utilizado minerales, como sal y carbón, en distintos contextos. La sal ha estado presente en algunas de sus instalaciones como superficie o territorio. En tanto, el carbón es un elemento habitual en su práctica a través de la carbonilla en el dibujo. Pero esta es la primera vez que combina ambos materiales en una misma obra.
“En cierto sentido, la sal reemplaza al papel y el carbón cambia completamente de escala: pasa de ser una herramienta de dibujo a convertirse en parte de un paisaje”, detalla.
Para él, la experimentación es siempre el punto de partida de su trabajo. Antes de viajar a Italia, hizo una prueba a gran escala durante el verano en Capital Federal. El proceso de exploración continúa en Venecia, durante la producción de la obra, en la previa del comienzo de La Bienal.


Recorrer la obra
Si bien sostiene que la mayoría de la gente conoce su obra a partir del dibujo, Duville afirma que “en este proyecto apareció el deseo de llevar esa práctica hacia otro territorio y pensar el dibujo en una escala diferente”.
“Surgió entonces la idea de crear un dibujo transitable, una instalación que el visitante pudiera recorrer físicamente”, comenta.
A esa idea comenzó a sumarle diferentes capas: la iluminación, el sonido, la relación entre los materiales y el espacio, el monitor. “La obra fue creciendo como un sistema de elementos que dialogan entre sí y que transforman el dibujo en una experiencia espacial y sensorial”, describe.
Duville transitó ese proceso junto a Josefina Barcia, curadora de la obra. Juntos fueron descubriendo de qué manera la instalación podía activarse en el espacio y en la experiencia del público.
De Mar del Plata a La Bienal de Venecia
Nacido en Buenos Aires en 1974, Duville se crio en Mar del Plata y se formó en la Escuela Superior de Artes Visuales Martín Malharro. En la actualidad, desarrolla su tarea entre Buenos Aires y Mar del Plata.
En este proyecto, trabajó con un grupo de colaboradores con gran presencia marplatense. El equipo está integrado por Enrique Ranzoni, Mario Gemin, Leo Chiappa, el productor Augusto Morandi —un marplatense radicado en Venecia desde hace más de dos décadas— y Pablo Duville, hermano de Matías.
“De algún modo, trabajar con todos ellos aquí también implica traer un pequeño fragmento de Mardel a Venecia”, subraya.
Desde Centolla Society, proyecto que comparte con su hermano, desarrollaron una composición sonora para esta obra junto a Alvise Vidolin y el equipo del Centro di Sonología Computazionale (CSC) de la Universidad de Padua (Italia). La obra propone también recorridos acústicos a partir de un sistema multicanal que incorpora datos ambientales de Venecia en tiempo real, que generan variaciones en el sonido. Así, la instalación suma un tercer elemento: el aire.


Arte desde el sur global
“Pensándolo desde acá, me doy cuenta que vengo del extremo sur del mundo con sus territorios amplios. Hay una sensación de libertad de cuerpo y mente en ese espacio abierto. Me interesa poder mostrar una obra que sale de este sur para imaginar un paisaje universal”, reflexiona Duville.
El artista, al mismo tiempo, resalta el valor de poder exhibir su instalación en la prestigiosa 61ª Exposición Internacional de Arte. “La Bienal de Venecia es un lugar mítico dentro del mundo del arte, un espacio donde confluyen artistas, ideas y miradas de todas partes del mundo. Poder presentar una obra allí, representando a tu país, tiene un valor muy especial, no sólo por la visibilidad, sino también por la posibilidad de entrar en diálogo con otras prácticas y sensibilidades”, concluye.
En La Bienal, el público podrá transitar esta obra pensada desde el sur global, con sus caminos, con sus paisajes, con sus sonidos, en una experiencia —como dice el autor— espacial y sensorial.
