Una seguidilla de robos registrados en distintos puntos de Mar del Plata había vuelto a instalar la preocupación por la inseguridad. El asesinato del comerciante Ricardo Raúl Ruiz durante un intento de robo terminó de sacudir a la ciudad y profundizó un reclamo que, tras el cacerolazo del jueves, busca llegar al Concejo Deliberante con un pedido de Banca 25 para exigir una estrategia integral de seguridad.
La preocupación por la inseguridad en Mar del Plata encontró este sábado su expresión más dramática. Ricardo Raúl Ruiz, de 48 años y propietario de la ferretería Bener, ubicada sobre la avenida Libertad al 7700, fue asesinado de un disparo en el pecho por dos motochorros que intentaron asaltarlo y a quienes había logrado poner en fuga. Los presuntos autores, de 23 y 25 años, fueron detenidos a las pocas cuadras del lugar y quedaron imputados por el delito de homicidio criminis causa.
El crimen ocurrió apenas dos días después del cacerolazo que vecinos de distintos barrios realizaron para reclamar mayores medidas de seguridad y terminó por reforzar un planteo que ya venían sosteniendo fomentistas, comerciantes y residentes de distintos sectores de la ciudad: la inseguridad hace tiempo que no es una preocupación aislada y es uno de los principales problemas de la agenda pública, con un reclamo que tiene que interpelar a la dirigencia política.
Pero el homicidio de Ruiz no apareció de un día para otro. Llegó después de semanas marcadas por una sucesión de entraderas, robos a mano armada, ataques de motochorros y asaltos a vecinos cuando llegaban a sus viviendas. Los hechos se acumulan, cambian los nombres de las víctimas y los barrios donde ocurren, pero el diagnóstico es cada vez más parecido: ya no existen zonas que puedan considerarse ajenas al problema.


En las redes sociales y grupos vecinales circulan diariamente denuncian, reclamos y testimonios en primera persona de víctimas de robos que dicen no encontrar respuesta en la Policía o la Justicia.
Ese clima tuvo su expresión el jueves por la noche, cuando distintos barrios protagonizaron un cacerolazo para reclamar mayores medidas de seguridad. La protesta se sintió en sectores del norte de la ciudad, Playa Grande, la zona de la Vieja Terminal, San Carlos, el entorno de la estación ferroautomotora y distintos barrios de la periferia marplatense bajo una consigna común: “Basta de robos, de motochorros y de violencia”.
Del reclamo en la calle y las redes al Concejo
Más de veinte sociedades de fomento comenzaron a coordinar acciones conjuntas y la próxima semana formalizarán un pedido para ocupar la Banca 25 del Concejo Deliberante.
El objetivo, según explicó a BACAP el presidente de la Sociedad de Fomento del barrio Constitución, Heraldo García, es que el cuerpo legislativo convoque a una mesa permanente integrada por el Municipio, la Provincia, la Nación, la Justicia y representantes vecinales para diseñar una estrategia común frente a la inseguridad.
“Estamos viendo que se trabaja sobre los focos de inseguridad. Mandan móviles, se calma durante unos días, pero el foco se corre. Termina siendo una calesita», describió.
Para García, el principal problema es que la respuesta sigue siendo reactiva y localizada.
“En algunos barrios se resuelve una situación puntual, pero mientras tanto otros quedan desprotegidos. Así nunca termina el problema”, sostuvo.
La intención es que el debate deje de quedar reducido a cada episodio puntual y pase a convertirse en una política sostenida en el tiempo.
“Si a todos los sectores les interesa ayudar a los vecinos, tienen que sentarse en una misma mesa. Y si alguno no quiere hacerlo, tendrá que explicar cuáles son sus intereses”, planteó.
Un mapa que ya no distingue barrios
Uno de los aspectos que más se repitió durante las entrevistas realizadas por BACAP fue la percepción de que ya no existen zonas consideradas “seguras”.
Desde la zona de la Vieja Terminal, vecinos describieron un aumento de las entraderas a edificios, la escasa presencia policial, problemas de iluminación y la proliferación de viviendas abandonadas que generan preocupación.
En San Carlos, Gonzalo aseguró que “todos los días pasa algo” y advirtió sobre el crecimiento de los robos cometidos por motochorros. Incluso señaló que algunos vecinos comenzaron a pensar en armarse para defenderse.
En el extremo sur de la ciudad, Adrián vive desde siempre en el barrio Alfar y asegura que el cambio se hizo evidente con el paso de los años. Recuerda que décadas atrás predominaban los escruches en viviendas de veraneo o los robos de autos durante la temporada estival. Hoy, afirma, el panorama es completamente distinto.
“Hay robos a mano armada, entraderas, usurpaciones y motochorros. Cada vez que llegás a tu casa tenés que mirar para todos lados y esperar que alguien te abra para entrar. Está bravo todo el año”, describió.
Una mirada distinta aportó Emilce, integrante de Barrios de Pie y vecina del barrio San Jorge. Si bien reconoció la preocupación que existe por la inseguridad, sostuvo que el fenómeno no puede analizarse únicamente desde los hechos delictivos y señaló al avance del consumo problemático de drogas como uno de los factores centrales.
“El problema número uno hoy es el narcotráfico. Hay muchísimo consumo y cada vez más. Después aparecen los robos menores, los robos de motos o carteras y también los delitos vinculados con las autopartes. La droga está avanzando muchísimo y nos está perforando como sociedad”, expresó.
La prevención, en el centro del debate
Una mirada similar planteó Javier Zumpano, integrante del Foro Municipal de Seguridad, quien aseguró que la inseguridad dejó de estar concentrada en determinados sectores de la ciudad y pasó a ser una preocupación generalizada.
“Antes uno decía que había barrios complicados y otros tranquilos. Hoy Mar del Plata y Batán están iguales. Ya hablamos de tener suerte si en un barrio no roban”, resumió.
Según explicó, una de las principales dificultades es la pérdida de capacidad operativa de las comisarías. En ese sentido, sostuvo que muchas veces quienes llegan a una seccional después de haber sido víctimas de un delito deben esperar varias horas para ser atendidos o incluso regresar otro día por falta de personal. “Eso termina generando un enojo con el policía que está en la comisaría, cuando en realidad el problema es que no hay recursos suficientes”, señaló.
Zumpano también advirtió sobre un fenómeno que considera cada vez más frecuente: el crecimiento de vecinos que deciden armarse para proteger sus viviendas.
“Hoy te patean la puerta o te cortan una reja y entran igual. Lamentablemente la población civil se está armando y eso no está bueno. No estamos preparados para manejar un arma en una situación límite”, reflexionó.
Para el referente del Foro de Seguridad, además de reforzar los recursos humanos resulta necesario volver a priorizar la prevención. Recordó que, cuando existían recorridas permanentes de efectivos a pie en los barrios, los llamados al sistema de emergencias disminuían de manera considerable.
“No alcanza con montar operativos fijos. El delincuente ve el control desde dos cuadras y cambia de camino. La prevención tiene que ser dinámica y estar presente en los barrios”, sostuvo.
Mientras tanto, las sociedades de fomento avanzan con la presentación de la Banca 25, que será anunciada formalmente durante la próxima semana. La intención es transformar un reclamo que comenzó con cacerolas en una discusión institucional que involucre al Municipio, la Provincia, la Nación, la Justicia y los propios vecinos en el diseño de una política integral de seguridad.
Pero mientras ese debate empieza a tomar forma, la violencia volvió a imponerse sobre la agenda. El homicidio de Ricardo Raúl Ruiz durante un intento de robo no solo enluta a una familia y a un barrio: también expone con crudeza el escenario que vecinos, comerciantes y fomentistas describen desde hace semanas. Un reclamo que dejó de expresarse únicamente en redes sociales o grupos de WhatsApp, salió a las calles con un cacerolazo y ahora busca llegar al Concejo Deliberante con un objetivo claro: que la seguridad deje de discutirse únicamente después de cada hecho trágico y pase a formar parte de una estrategia sostenida para toda la ciudad sin distinción de banderas políticas.
Al momento de la publicación de esta nota, Mar del Plata volvía a quedar conmocionada por otro crimen violento. Johana Mailen Antonich, de 24 años y madre de dos hijas, fue hallada asesinada en un predio del balneario Punta Cantera, luego de que su familia denunciara su desaparición tras acudir a una supuesta propuesta laboral contactada a través de redes sociales. Por el hecho fueron detenidos dos hombres, de 26 y 27 años, que quedaron a disposición de la Justicia mientras avanza la investigación. Aunque se trata de un caso con características y una investigación distintas al resto de los hechos abordados en esta nota, el femicidio volvió a colocar a la violencia en el centro de la agenda marplatense. Sumado al asesinato del comerciante Ricardo Raúl Ruiz durante un intento de robo y a la sucesión de delitos que motivaron el reciente cacerolazo, el crimen de Antonich profundiza la conmoción que atraviesa la ciudad y refuerza la demanda de respuestas por parte de las autoridades.
