Lionel Messi puso fin a su carrera futbolística en la Selección Argentina. Hace una semana, a través de un posteo de Instagram, el 10 nos contó su carta, escrita a mano, que hizo dos días después de la final contra España. Se terminó una era, no sólo para el fútbol.
Por Juma Lamacchia
El final llegó cuando todos lo esperábamos, aunque él mismo fue capaz de sembrar la duda y combatir el tiempo, quizás lo único que no podemos controlar. Lionel Andrés Messi no jugará más en la Selección Argentina, duele decirlo y duele leerlo, pero así lo anunció hace siete días, en un posteo de Instagram. Un lunes al mediodía, un lunes cualquiera, dos días después de convertir cuatro goles para su equipo el Inter Miami en la MLS. Un día normal en la vida del mejor del mundo.
El fútbol tal como lo conocimos, o como más lo disfrutamos, ha dejado de existir. No volverá a suceder lo que sucedió durante los últimos 21 años. La relación de Messi con Argentina perdurará por siempre, pero ya no seremos testigos de esa historia. A partir de ahora, nos inundará la melancolía y los recuerdos de los momentos más lindos de este deporte. Al menos dos generaciones llevan, a partir de hoy, su duelo de viudez con el fútbol. Y otras dos generaciones, habrán vivido la extraordinaria aventura de cerrar el ciclo que les permitió, por segunda vez, vivir al mejor jugador del mundo festejando con los colores argentinos en lo más alto del olimpo deportivo.
No corren con la misma suerte quienes hoy tienen, aproximadamente, doce años de edad o menos. Hoy saben quien es Lionel, disfrutaron sus goles, si tuvieron una familia un poco más futbolera festejaron un mundial y lloraron al conocer la derrota cuatro años después. Pero esa generación no tendrá los mejores recuerdos, posiblemente sean escasos momentos sin mucha nitidez técnica de los movimientos del mejor de la historia. Ellos comienzan su propia aventura, en la que criticarán a quienes ocupen su lugar, porque no son como él. Buscarán en una fuente inagotable de talento al que les dé su propia alegría y el que les llene el cuarto de pósters y el cuerpo de tatuajes. Entre Diego y Messi pasaron, años más, años menos, dos mundiales. Ojalá sea un patrón interminable.
Nunca el 10 significó tanto: quién heredará la camiseta de Messi


Por el momento, el equipo que ocupa el puesto número 2 del ranking FIFA, deberá suplantar a quien a sus 39 años de edad fue la figura del último mundial con 8 goles y 4 asistencias. Por suerte, hay antecedentes y muy buenos, como este baile monumental a Brasil por eliminatorias. Pero esto es una tarea más difícil, por la presión que tendrá quien use la 10 en la espalda y por saber que esta vez necesita encontrarlo en serio y no por un momento o ratos de partido. Nico Paz, Alexis Mac Allister, Enzo Fernández, Thiago Almada o quien sabe quién, cargará con la cruz por ser el heredero. Los Ortega, Riquelme o Aimar de los más chicos.
El número 10 significa más que una posición o un lugar en una lista. A partir de Maradona, significa que ese es el mejor del equipo, el enganche, el que se carga el equipo al hombro, el que da la cara, el que juega y hace jugar, el que los nenes en el colegio imitan y anhelan ser años después. Inevitablemente, el que compararemos con Messi. Como él también lo sufrió. Como sufrió tantos años al no darse sus títulos y logró revertir en la última etapa de su carrera. Lionel Messi jugó 207 partidos con la Selección Argentina, hizo 125 goles, 68 asistencias y ganó 4 títulos (también JJOO y mundial sub 20). Fueron 21 años hasta que dijo “estoy vacío, no tengo más para dar”. Y si como la comparación con Diego Maradona no fuese parte fundamental de la esencia futbolística de la pulga, hace unos días, después de la muerte de su padre Jorge, escribió sobre el partido final del Mundial 2026: “Las piernas no me daban más”.


El modelo de negocios de la AFA con Messi como jugador
Los hinchas no somos los únicos que velaremos por la ausencia de Messi en cada partido de la selección. También lo hará la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) en la logística y diseño de su modelo de negocios más rentable: los amistosos. En los últimos años, se estima que en cada partido AFA cobró entre 10 y 15 millones de dólares entre venta de tickets (si el partido era en Argentina), sponsors, televisación o el simple hecho de una especie de canon que pagaban los rivales para asegurarse el show. Si bien el equipo de Scaloni (por ahora) sigue siendo de los mejores del mundo y atractivo por sus individualidades pagadas a millones de dólares, no es lo mismo sin la presencia del astro mayor del fútbol.
Messi será también una guía temporal de nuestras vidas. Todos recordaremos qué estábamos haciendo cuando publicó su carta de despedida del equipo nacional, dónde vimos los partidos contra Inglaterra, Suiza, Egipto y Cabo Verde. Dónde y con quién festejamos el título en Qatar y cada uno de los partidos de ese mundial. Las finales ganadas a Brasil, Colombia e Italia. Y también las finales perdidas que tantos años lloramos, contra Chile, Alemania y también Brasil (España aún es parte de un proceso). Su debut, su primer gol en mundiales, su entrada en calor y abrazos con Diego, su cara en Rusia y su llanto pos Qatar. Lo vemos en nuestros tatuajes, en los kilómetros recorridos, los viajes siguiendo el nuestro sueño y el que teníamos por él, las promesas cumplidas, los aplausos, los llantos, las peleas defendiéndolo, los arrepentimientos por haberlo puesto en un lugar que no merecía, y lo más importante, el orgullo que sentimos cada vez que lo veíamos.
Esta despedida parece el fin de una era y el comienzo de una a la que no sabemos como ir y por dónde encarar. No sabemos lo que es vivir sin Messi y sentir el fútbol de otra manera. Si bien en un tiempo no muy lejano volveremos a estos textos, ninguno es hincha del Inter Miami, como tampoco lo éramos del Barcelona o el PSG, pero Lionel Messi aún no se retiró del fútbol y todavía podemos disfrutarlo, aunque sea en otro contexto, jugando a la pelota.
