Una reflexión sobre el legado artístico, cultural y humano del Indio Solari, una figura que marcó a generaciones y transformó para siempre la historia del rock argentino.
Por Darío Sampietro*
“En fin…La muerte de todas las cosas será un espectáculo emocionante”.
Indio Solari
El Indio Solari. ¡Que decir! Se nos fue el más grande de todos los tiempos. Podríamos hacer una historia de la Argentina contemporánea contando su historia.
Su cautiva voz. Su fisonomía. Su pelada. Su talento narrativo. Sus bastas cejas. Sus anteojos negros. Sus movimientos en el escenario. Su filosofía de vida. Su soledad. Su amor por la vida. Su mensaje social, político y cultural. Sus proyectos artísticos. Su vínculo con los perros. Su pasión gris por la muerte. Su aura y calidez. Su mirada contemplativa. Su política, ética y estética sobre la cultura que mantuvo con Los Redondos y con Los Fundamentalistas. Su hipocondría. Sus obsesiones. Sus amores interdisciplinarios: arte, cine, comics, filosofía, música, poesía, religión, pintura, dibujo. Esa mente interdisciplinar y oceánica. Sus crónicas-canciones de la cruda vida de los desangelados. Y así podríamos estar describiendo hasta el infinito.
El Indio nos mejoró la vida. Puso un signo de pregunta en la existencia. Fue un autor existencial. Siempre nos decía que “la vida protegida entre algodones no es vida”. Que “la vida debe ser expuesta”. Que “vivir solo cuesta vida”. La experiencia nos marca. La calle, la pulsión vital del deseo. En el fondo, su filosofía fue la de la defensa del estado de ánimo. Por eso el Indio fue un chamán para nosotros. Porque nos proveía de un sistema de conocimiento complejo. Como hacían los viejos chamanes de las antiguas comunidades: se tragaba nuestro dolor. Con sus canciones. Ellas eran los mantras de la vida cotidiana del pueblo. Para cada momento del día, había una o varias frases del Indio. La vida se nos hizo más sostenible porque la narrábamos con sus frases, sus metáforas, sus canciones-adivinanzas. El Indio siempre nos decía que sus canciones no eran para entender, eran para sentir. La poesía que el escribía era para imaginar. Para abrir preguntas y observar las tensiones del filo de existir. La existencia siempre es hoy. Por eso el “a vivir que son dos días”. Y esa mágica frase “bebamos de las copas más lindas que tenemos hoy”. La vida es hoy. Se cobra al contado, sostenía siempre. Cantaba sobre la defensa de nuestros derechos y trabajos. Somos los dueños de nuestros propios actos. Y hay que defenderlos y decidir estar vivos. La pulsión de muerte no se puede imponer sobre la pulsión de vida. ¡Ese era su lema, entre tantos!


Desde siempre, supo que el camino para transformar la sociedad no era la política. Era la cultura. El Indio se educó en una época de revoluciones. Donde se buscaba el hombre nuevo. Lo que buscaban eran cambiar la especie. En la medida que mutaban los valores y la condición humana, la sociedad se trasformaba. Ese clima epocal fue el mayo francés, la revolución hippie, los movimientos de los derechos civiles en Estado Unidos, la Revolución Cubana, la batalla cultural de Mao, la psicodelia. Se formó en ese contexto. Las banderas eran las de la ética por la vida. Por mejorar la sociedad. Y el camino fue el arte. La música. Los Redondos. Desde la independencia económica y artística. Siempre. Fue un modelo de manifestación cultural único que se concretó en un movimiento de masas que nadie jamás pudo entender, ni se entenderá.
El Indio siempre nos recomendaba que cada uno debe cuidar su culito. El precio de Los Redondos lo ponían ellos. Lo sabía la Negra Poly, la mujer más importante en la historia del rock sudamericano. La compañera de Skay, la manager e ingeniera psíquica de Patricio Rey. Ella, Skay y el Indio comandaban una nave que había empezado desde la comunión de un colectivo de artistas independientes en La Plata. Con sus manifiestos artísticos y éticos. La independencia era el valor de fuego. El happening la modalidad de los encuentros. Música, bailarinas, teatro, monologuistas, dibujantes, artistas.
La relación que tuvo el Indio y Los Redondos con la prensa fue una forma de administrar la comunicación con la sociedad muy especial y estratégica. Ni los especialistas de marketing comunicacional están a su altura. Primero estábamos nosotros: los redonditos de abajo: El público. La comunicación era directa, en el escenario, sin intermediarios. Y de vez en cuando la prensa, radial o escrita. Jamás televisiva. “Así es este amor, no televisión”. Ellos elegían con quien dar las entrevistas. En ese sentido el Indio fue variando su vínculo con los periodistas. Desde Lalo Mir, Tomo Lupo, Claudio Kleiman, Pergolini hasta Marcelo Figueras en los últimos años.


Cuando Los Redondos estaban en pañales, allá por comienzos de los 80, el Indio trabajaba en la dirección de un Hogar de niños, que era del hermano. Por el día trabajaba allí, y por la noche tocaba en Cemento, Café Einstein, Palladium. Nunca terminó la secundaria. Fue siempre muy rebelde con las instituciones. En ese sentido fue muy nietzscheano. Él se autodenominada como un francotirador solitario. Fue siempre autodidacta. Gran consumidor de todas las disciplinas que antes mencione. Por eso en el último disco de los Fundamentalista: el ruiseñor, el amor y la muerte, les rinde homenaje a todos sus maestros.
Sus canciones fueron y serán la banda sonora de nuestros días. La capacidad narrativa y poética es inédita. Difícil de encasillar. Trabajaba con la ambigüedad. Fabricó y narró la historia de una gama de personajes de todo tipo, que funcionaban como pinturas e imágenes de nuestra vida contemporánea. Bandoleros, prostitutas, cafiolos, villanos, marginados, brujas de alma sencilla, nenes de oro, políticos transas, nenes bravos, policías robo-cops. Le habló al pueblo. A los marginados de una sociedad que se caía a pedazos con el devenir del menemismo neoliberal de los 90.
Encontramos en su figura un padre, un guía, un redentor, un educador. El Estado se retiraba, pero la cultura y la imagen y la acción social del Indio se posicionaban generando un poder de relación social y comunitaria que generaba cohesión. Por eso el lugar que le daba al público fue siempre preponderante. Primero estaba, para el Indio, la gente, los seguidores. Y siempre le gustaba escuchar a los más jovencitos. En la histórica conferencia de prensa que dio en Olavarría tras la prohicion de un recital de Los Redondos dijo: “en los nervios de los chicos esta la información del futuro”. De alguna manera en uno de los himnos de Los Redondos (Juguetes perdidos), cantaba: “¡Este asunto ahora y para siempre está en tus manos, nene!”
Su pelea con Skay fue dolorosa. Jamás se reconciliaron. Una pena. Se quisieron mucho. “Me amaste mucho en poco tiempo”, canta en una de sus últimas canciones.
Los títulos de sus temas son un tópico aparte. Jamás vi un titulero así. Porque el nombre de los títulos no era explicito, jugaba con una imagen que después, en la mayoría de los casos, no estaba en la letra de la canción. Tenía una capacidad única para titular. La atmósfera que creaba en sus crónicas-canciones, están a la altura de los poetas beats. El Indio es nuestro poeta argento non-ficción. Le debemos, como siempre exigió Rocambole, un tratamiento y una incorporación en la Academia. Las Universidades y Escuelas deben incorporar como bibliografía sus letras. No puede ser que no sea parte de las curriculas de carreras como Letras, Sociología, Narrativa, Filosofía, Antropología, etc. Muchos docentes lo trabajamos en nuestras clases. Pero de contrabando. Y es una fiesta semántica.
Me parece que estamos en un antes y un después. La vida se puede esgrimir e historizar en antes del Indio y después del Indio. Como Cristo. Y la religiosidad que vivimos y lo seguiremos haciendo, es muy especial. No se llamaban recitales los conciertos del Indio, eran misas! Rituales. Somos peregrinos que se juntan en una congregación social, cultural y humanista, inédita en el mundo. Viajes interminables para verlo en cualquier parte del país. La potencia del encuentro de almas y cuerpos deseando juntarnos para vivir la vida felices, unidos por una misma misión: el placer de estar juntos. El Indio fue un hedonista por excelencia. Lo somos. Nos encanta la vida, disfrutar la vida. Por eso el motor de todo es el amor. Y la válvula que lo agiliza y lo mueve es el ánimo. El Indio fue nuestro Gurú, porque nos recomendaba que lo cuidemos siempre. Porque el poder está para capturar nuestra pulsión de vivir. Pero “la dicha no es una cosa alegre”. Por eso hay que cultivarla día a día. Y no es fácil la vida.
Indio en sus últimos años sufrió como la llamaba el: una enfermedad malvada. Mal de Parkinson. Sin embargo, luchó hasta último momento. Se dio la oportunidad de escribir su propia autobiografía junto a Marcelo Figueras. Un libro que no puede faltar en nuestra biblioteca.
En una famosa entrevista el Indio decía: “Es una oportunidad especial la muerte, para librarte de tus compromisos y hacer lo que quieras”.
Indio: ¡gracias! Ya te estamos extrañando. Dicen, que cuando un hombre tan espeluznante nos deja, emerge una luz que no va a dejar de acompañarnos nunca.
Nos vamos a seguir cuidándonos, como siempre nos enfatizabas. ¡Porque si hay algo que aprendimos en todos estos largos años es que, si no nos cuidamos entre nosotros, estamos fritos!
Su lema: “Graciosos y valientes”. Así fuimos, somos y seremos Indio!
PD: escuchen la canción “A bailar que no hay infierno”, de ahí el título de este escrito. Uno de los temas más lindos que compuso en estos últimos años.


*Darío Sampietro es periodista y licenciado en Sociología por la UNMdP. Investigador de temas relacionados a música-sociedad. Específicamente analiza el complejo mundo de la historia de los Redondos y al Indio Solari para comprender la Argentina Contemporánea. Es autor del libro Mimados y temidos: los Redondos y la prensa.
