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diciembre 5, 2022
Elvis
Música

El último Elvis (parte 1)

Cómo las leyendas trascienden las fronteras. Cómo una muerte puede dar vida atravesando todo un continente. De Memphis a Mar del Plata se trasladó la magia del “Rey del Rock and Roll”. Conocé la historia de un mítico lugar de la ciudad, que atesora una parte de nuestro rock y trascendió fronteras.

Por Martín Zelaya

El 16 agosto de 1977, desde Memphis (Estados Unidos), se comunicaba a todo el mundo la muerte de uno de los ídolos más importantes de la música. Para aquellos fanáticos del rock and roll, recordarán que es el paso a la inmortalidad de Elvis Aaron Presley. 

Por estas latitudes, un pequeño llamado Walter se enteraba de la existencia de este personaje mientras miraba una revista en su casa del barrio San Carlos. No sabía quién era, pero claramente su estilo le llamó la atención y comenzó a investigar, hasta llegar a su música.

Walter Rúa hoy tiene 55 años y guarda esos recuerdos como un tesoro. Lo que nunca imaginó es que después de su encuentro con una leyenda del rock and roll a través de un periódico, él hiciera su propio camino con un bar en Mar del Plata, transmitiendo la esencia del “Rey del Rock and Roll”.

Los comienzos en la música

Desde muy chico, Walter Rúa se conectó con la música. A los 9 años ya interpretaba más de 100 tangos de Carlos Gardel, pasión heredada de su abuelo. Solía presentarse en el Asilo Municipal de Ancianos de calle 12 de octubre, para cantar algunas canciones del “Zorzal Criollo”. Estos fueron sus primeros pasos en un camino artístico y cultural que no pararía. “Desde que escuché a Gardel, me voló la cabeza y puedo decir que él fue mi profesor”, recuerda entre risas.

Entre la adolescencia y los primeros años de juventud Walter trabajó en hotelería, para luego volcarse a la música como salida laboral. “Tocaba una vez por semana frente a la Biblioteca Municipal y ganaba lo mismo que en el hotel”, comenta.

En 1992 inauguró su primer café en la zona de Buenos Aires y Peralta Ramos. “Pasábamos fútbol y las carreras de TC, ahí ya metía cada tanto algún show mío”, cuenta.

Sin embargo, el negocio no funcionó muy bien y Walter pensó en otra idea, sin saber que vendría uno de los locales más míticos de la ciudad y que marcaría una época.

El inicio de Elvis

El primer “Elvis Café”  funcionó a mediados de los 90´ -entre 1994 y 1998- como un local temático de la zona de Córdoba y Saavedra. “La idea era pasar música, que hubiera referencias a las épocas de los 50´ 60´, fotos, venta de ropa y discos, pero la verdad que nunca anduvo, hasta teníamos un Elvis parado en la puerta”, explica su mentor.

Una tarde de 1994, en las que no había mucha gente en el bar, ingresó un joven maravillado por toda parafernalia del lugar. El culto a Elvis lo había impactado y obviamente el ingreso, con el propio muñeco de Elvis dando la bienvenida. 

Ese joven, que no dudó un segundo en expresarle a Walter, sus ganas de tocar ahí; era Fernando Blanco, miembro de los Super Ratones.

Elvis Café Mar del Plata
Los Super Ratones en el improvisado escenario del primer Elvis Café.

 “Si bien ya había hecho algunos shows con bandas locales, a partir de ahí, empecé a armar shows más seguido. Me di cuenta que era prolijo haciéndolo, las bandas quedaban conformes y empezamos a traer cada vez más artistas”, recuerda.

A través del reconocido baterista Isah Portugheis, quien había ya trabajado con el bar marplatense cuando se presentó junto a Miguel Cantilo, comenzaron a tocar otros artistas de culto. Vox Dei, Nito Mestre, Moris y quien se convertiría en el padrino del lugar; Norberto “Pappo” Napolitano, entre otros.

El chalet de Brown y San Luis

La nueva sede de Brown y San Luis, fue una refundación (1998 -2005) para  lo que se conoció como el segundo Elvis Café, ya con un escenario más amplio, además de luces y sonido acordes para dar un show profesional para la época.

Dos años antes, en el viejo local, Walter Rúa comenzaría su reconocido show de Sabina, que hasta el día de hoy sigue interpretando y que le valió conocer al propio Joaquín. Pero, esto será tema para otra nota.

Sin dudas, “Elvis” comenzaba a sonar en la gira de cada grupo que venía a tocar a Mar del Plata, ya sea para tratar de subir al escenario o al menos visitar el lugar. 

“El boca en boca entre los músicos que venían de Buenos Aires y otras partes del país fue nuestra mejor publicidad. Siempre laburamos bien, nunca cagamos a nadie y eso el artista lo valora”, recuerda Rúa.

Elvis Café Mar del Plata
El segundo “Elvis Café”, quizás el más recordado por los marplatenses. Ubicado a metros de la plaza Mitre por calle Almirante Brown.

Por ese escenario, tocaron grandes exponentes del rock nacional como Pappo, Charly García, Ratones Paranoicos, Memphis La Blusera, La Bersuit, Caballeros de la Quema, Ataque 77, Babasónicos y a nivel internacional, hasta el mismísimo Joaquín Sabina.

Alguna vez pasaron Pablo Lescano de Damas Gratis y hasta Daniel Agostini, referentes de la cumbia, quienes sabían de la existencia del lugar y querían saber de qué se trataba.

Charly y Pappo en Elvis Café

En 1998 Charly García y “Elvis Café” sellarían un pacto para toda la vida. “Una tarde de verano apareció el manager de Charly en el bar, y me dijo que quería tocar ahí, pero sin ser anunciado. Obvio que al otro día tocó”, cuenta Walter.

“Fuimos a buscarlo al Sheraton, esa noche de miércoles me acuerdo que justo tocaba una banda tributo a Charly, lo hicimos pasar por el costado del local sin que nadie lo viera. Habíamos puesto una persona más de seguridad por las dudas. Nadie se dio cuenta. Cuando salió a escena se venía abajo el lugar, la gente no podía creerlo. No éramos muchos igual, habría menos de 100 personas”, recuerda Walter.

Después de esa noche donde Charly realizó un recital íntimo para los privilegiados que estuvieron allí, el músico sería un integrante más de la familia “Elvis”. “Desde ahí quedamos de amigos, de hecho iba a casa y  cuando nació mi hijo cuando le pintó un cuadro para regalárselo”, recuerda el dueño del lugar.

Elvis Café Mar del Plata
Charly supo dejar un grafitti de su autoría en una de las paredes del lugar.

Norberto “Pappo” Napolitano, el padrino de “Elvis” era otro habitué del lugar, de hecho cuando no paraba en su clásico camión de gira solía hospedarse en un pequeño hotel de la zona.

“Pappo era otro gran amigo de la casa, él solía ir a comer a la casa de nuestra cocinera –amaba sus empanadas- y su parrillero oficial en la ciudad, era nuestro encargado de mantenimiento. Era una gran familia la de Elvis”, recuerda Walter Rúa.

Pappo y su amigo Cactus en pleno show.

En algún reportaje, el presentador de Pappo, Felipe Angelizzi ha recordado a un Pappo desesperado tratando de encontrar a su perro “Cactus” en “La Feliz”. Hasta el músico salió pidiendo en los canales de TV por su aparición y ofreció una de sus guitarras como recompensa. 

“Fuimos a tocar al parador de la Rock & Pop Beach y Cactus siempre andaba suelto por la playa. Cuando Pappo empezaba a tocar, volvía y se subía al escenario. Esa vez terminamos de tocar a eso de las 6 de la tarde y el perro no aparecía. Nos quedamos toda la noche buscándolo, el loco estaba enloquecido. La banda se volvió y yo me quedé con él y un par de personas más. Tres días en Mar del Plata buscando al perro. A la tarde alquilábamos caballos para buscarlo por la playa. Hasta que un día íbamos en auto por el centro y había un chabón paseándolo con una cadena, nos bajamos y se lo arrebatamos de frente manteca”, relató alguna vez Angelizzi, en una de sus tantas anécdotas con el Carpo.

Un libro que no podía faltar

Con innumerables anécdotas e historias, “Elvis Café” merecía tener su libro y es por eso que con el apoyo de la Municipalidad de General Pueyrredon, Walter Rúa está preparando “Crónicas de Elvis Café”, que será publicado este año.

Walter Rúa, el mentor de Elvis Café.

“Tengo amistad con Carlos Balmaceda, el actual secretario de Cultura, y un día me dice porqué no hacía un libro contando un poco todo esto. Estábamos en cuarentena y aproveché. No tengo pretensiones literarias con esto, sólo poder recopilar parte de la historia. Saldrá próximamente en formato físico y digital”, cuenta Walter Rúa.

Tampoco tengo grandes pretensiones con esta nota, pero si quieren seguir enterándose de más anécdotas del rock y esta ciudad, les recomiendo que estén atentos a la segunda parte de este especial que no tiene desperdicio.

***CONTINUARÁ***

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