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noviembre 26, 2022
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Cine y series

“El crimen del siglo”, el documental imprescindible de HBO

Explora el origen, la dimensión y las consecuencias de una de las mayores tragedias sanitarias de Estados Unidos: la epidemia de opioides que produjo millones de muertes por sobredosis. 

Por Max Czajkowski

Quien escribe estas líneas llegó a esta producción tras ver en Twitter un video viral que mostraba personas caminando como zombies o totalmente dobladas (la pera tocando la rodilla) por los barrios bajos de Philadelphia, Estados Unidos. Se trata de cientos de adictos a los opioides, una droga sintética que se consigue en las farmacias y es capaz de anestesiar elefantes. Philadelphia se declaró en crisis sanitaria tras la gran cantidad de muertes por sobredosis a causa de esta droga que es 100 veces más fuerte que la heroína. 

“El crimen del siglo” fue escrito y dirigido por Alex Gibney, quien es rotulado por un gran sector de la prensa como “el documentalista más importante de estos tiempos”. Este director y productor utiliza, quizá, el elemento más revelador, un video de uno de los ejecutivos de esta compañía en la que se cuestiona sobre su papel y el del medicamento de su marca en la epidemia de opioides. Este material es exclusivo y es usado muy hábilmente para argumentar el caso en su contra dentro del relato, el cual contiene también entrevistas con familiares de personas que murieron por sobredosis de este medicamento y con especialistas en medicina y fármacos.

El crimen del siglo

La crisis de los opioides está relacionada con la falta de toda forma de ética y moral por parte de la industria farmacéutica, juntas médicas y políticos. Todos ellos tienen una única finalidad: el dinero. Es espeluznante ver cómo a lo largo de los años se ha permitido el uso de ciertos medicamentos a sabiendas de lo perjudiciales y lo peligrosos que podrían ser para la sociedad. Dichas drogas son promocionadas durante miles de horas de publicidad como “la cura para cualquier dolor y así tener una mejor vida”.

Los grandes medios o producciones hollywoodenses  nos han mostrado que los mayores narcotraficantes lucen como Pablo Escobar ó el Chapo Guzman. Sin embargo, durante más de 30 años omitieron que los causantes de la mayor tragedia sanitaria norteamericana, se asemejan a cualquier pediatra personal. Estos están avalados por las instituciones públicas y forman parte de los sistemas de salud de las principales potencias occidentales. “El crimen del siglo” pone al verdugo en su sitio y a la víctima en el que le corresponde; Gibney muestra los rostros de los culpables: La familia Sackler, inventora de ese medicamento para el dolor, que se puede picar e inhalar o ser inyectado, con el cual ganaron más de 10 mil millones de dólares. 

Al ver esta producción la indignación será muy grande. Durante dos horas se presencia el horror y hasta qué punto el ser humano puede destruir a otro. “El crimen del siglo” es un documental que merece ser visto, por su información y actualidad, aunque los medios tradicionales evitan hablar. En definitiva, es un documental muy bien realizado, con una eximia investigación para correr el velo el cual, a veces, se nos hace difícil sacar. 

Miralo en HBO MAX. 


“Pierrot, el loco” y el mejor Jean-Paul Belmondo 

El último 6 de septiembre el icónico actor francés murió a los 88 años. Fue clave en la “Nueva ola” del cine y la película de Jean-Luc Godard lo inmortalizó con su actuación. 

La nouvelle vague, corriente cinematográfica francesa de nuevos directores a fines de la década de los 50, tiene varios rostros que la han inmortalizado, uno de ellos es el de Jean-Paul Belmondo. Actor versátil, carismático y un estilo para fumar delante de cámara único. Muchos jóvenes de aquellos años emulaban el atuendo de esa figura de 1,76 con nariz prominente y sonrisa de oreja a oreja. Belmondo fue el primer héroe de acción sin dobles de riesgo, traspasó la pantalla con sus genuinas interpretaciones. Y si hacemos foco en sus actuaciones, “Pierrot, el loco” (1965) es una película indispensable para verlo en todo su esplendor. 

El filme de Godard nos cuenta la particular historia de Ferdinand Griffon, alias ‘Pierrot’, quien huye de París con Marianne (Anna Karina), la niñera que ha contratado su esposa. La pareja se dirige al sur de Francia, pero el viaje se torna muy peligroso cuando una banda de gángsters con los que Marianne está implicada, los persigue para matarlos. La trama suma drama, crimen, thriller, road-movie y sátira social.

Fue la tercera y última colaboración de Godard con Belmondo, y la sexta y última con su primera esposa, Anna Karina. La obra reúne todos los elementos del universo godardiano, lo que la convierte en una cinta emblemática y relevante. En ella se encuentra romanticismo, monólogos, una odisea épica, aventura, violencia, reflexiones filosóficas, referencias cultas, citas cinéfilas, fatalismo y el distanciamiento brechtiano (término proveniente de Bertolt Brecht, dramaturgo y poeta alemán) de los personajes respecto del público.

Pierrot es un romántico, de esos bohemios que ya no existen. Su personalidad fue creada por Belmondo, porque recordemos que Godard le daba libertada sus actores a la hora de componer personajes; entonces, vemos un protagonista deslumbrar y embelesar la película recitando frases improvisadas, convirtiéndola en un poema visual enmarcado en una costa francesa llena de referencias, juegos y musicalidad. Jean-Paul desgarra, traspasa la pantalla, parece que flota con sus brazos extendidos y su cara pintada de azul. Una actuación sobresaliente que lo convirtió en un ícono. Un actor único que anduvo por la senda de distintos géneros cinematográficos, pero siempre inyectándole su impronta. Si uno piensa en Francia se le viene a la cabeza la torre Eiffel, la Marsellasa y Jean-Paul Belmondo. Porque como dijo el presidente francés Emmanuel Macron en el funeral del actor “fue nuestro embajador a nivel mundial, quien más nos representó como franceses”. 

Belmondo fue despedido de este mundo con honores de un Jefe Estado en Los Inválidos, un complejo arquitectónico que alberga los restos de soldados y militares franceses, entre ellos el de Napoleón. Un funeral emotivo en el cual, mientras retiraron el cuerpo del actor, sonó la canción de la película “Le professionnel” (1981) hecha por el gran Ennio Morricone. 

 

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