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octubre 2, 2022
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Chapadmalal, el escenario de la caída de un meteorito hace 3,3 millones de años

Mar del Plata y la zona presentan una riqueza geológica con características únicas. El estudio de los acantilados del partido de General Pueyrredon y del impacto meteorítico producido durante el Plioceno ofrecen la oportunidad de entender cómo era la región hace millones de años y qué ocurrió tras aquel evento.

Por Agustín Casa

Los fósiles de la fauna que habitó en el pasado la zona de la actual Mar del Plata suelen ser el foco de atención. Quizás por la abundancia de las piezas descubiertas o por las imponentes reconstrucciones de estos animales prehistóricos.

Sin embargo, la costa del partido de General Pueyrredon también presenta una gran riqueza geológica, con características únicas para conocer cómo era la región en el pasado. En los acantilados, que se extienden a lo largo de decenas de kilómetros, hay información valiosa para estudiar cómo ha evolucionado el paisaje durante millones de años.

“Es el único lugar en toda la región que te permite hacer un análisis muy completo porque son muchos kilómetros de exposición. Los acantilados tienen más de 20 kilómetros desde playa San Carlos hasta Miramar. Y esa es una situación poco frecuente, muy inusual en cuanto a las exposiciones que brinda la naturaleza”, destaca a Bacap Marcelo Zárate, geólogo, doctor en Ciencias Naturales e investigador del CONICET en el Instituto de Ciencias de la Tierra y Ambientales de La Pampa (INCITAP).

En ese sector de la costa bonaerense, en particular en Chapadmalal, desde hace 27 años un equipo internacional se dedica al estudio de escorias (ver foto principal) que brindan pistas sobre el impacto de un meteorito en la región hace alrededor de 3,3 millones de años.

El inicio de los trabajos se remonta a 1995, cuando una becaria de doctorado estadounidense visitó Mar del Plata y se reunió con Zárate. Aquí conoció los acantilados de la zona de Chapadmalal y se llevó muestras de material para analizar en su país. Ese material le generó interés al investigador estadounidense Peter Schultz (profesor del Departamento de Ciencias Geológicas de la Brown University, en Rhode Island), quien en junio de ese año llegó a Mar del Plata para observar el lugar. 

“Peter hizo un viaje relámpago en junio, le mostré el material y se llevó muestras para hacer análisis que yo no podía hacer acá en Argentina. Así empezamos la historia juntos. Después fuimos a otros lugares de la provincia de Buenos Aires, donde se había citado la presencia de escorias. Y es una historia que todavía sigue”, recuerda Zárate. 

Pero ¿qué son las escorias? “Las escorias consisten en fragmentos de tamaños diversos, de aspecto vítreo, con vesículas y, en ocasiones, estructuras fluidales, muy similares en su apariencia general al material escoriáceo generado durante las erupciones volcánicas”, definen Marcelo Zárate e Irina Podgorny en “Apuntes para una biografía científica de las escorias y tierras cocidas de las pampas”, publicado en 2011 en Publicación Especial de la Asociación Paleontológica Argentina.

En la misma línea, los autores detallan que “las tierras cocidas son fragmentos muy tenaces, de color rojo intenso, a veces con cierta porosidad, que le otorgan un aspecto semejante a pedazos de ladrillo o inclusive de materiales cerámicos”. Tanto las escorias como las tierras cocidas en ocasiones son halladas en los mismos niveles estratigráficos. De hecho, en la zona de Chapadmalal se han encontrado ambos materiales.

Las escorias y las interpretaciones a lo largo del tiempo

Si bien las escorias halladas en la zona de Chapadmalal motorizaron importantes investigaciones desde la década de 1990, la presencia de estos materiales en la región había sido descrita desde mediados del siglo XIX. En aquella época, dos geólogos suizos, Jakob Christian Heusser y Georges Claraz, realizaron tareas de campo en el este del país. Durante su visita por la zona de Chapadmalal observaron escorias y les concedieron un origen volcánico. A comienzos del siglo XX, Florentino Ameghino vio estos materiales y los relacionó con incendios provocados por poblaciones humanas, en sintonía con sus ideas vinculadas al origen sudamericano del Homo sapiens, como cuenta Zárate.

Los estudios comenzados en 1995 por Schultz y Zárate aportaron datos a nivel petrográfico y pudieron determinar la composición geoquímica de esas escorias. “Fueron datos muy contundentes en cuanto a un origen que no estaba relacionado con fuego. Inclusive algunos han sugerido que podían ser fulguritas, que son producto de los rayos”, indica Zárate. 

En el marco de esos trabajos, los investigadores estimaron que hace alrededor de 3,3 millones de años, durante el Plioceno medio, se produjo la caída de un meteorito en la zona de Chapadmalal. En 1998, Schultz, Zárate y equipo comunicaron esta novedad en el artículo “A 3.3-Ma Impact in Argentina and Possible Consequences”, publicado en la prestigiosa revista Science.

Luego, en el 2000, Zárate junto al equipo de Schultz de la Brown University recibieron financiamiento de la National Science Foundation (NSF) de Estados Unidos en cooperación con el CONICET. “Nos agarró todo el lío del 2001 y el fin del 1 a 1. El dinero que nos había dado CONICET nos alcanzó para un viaje que pude hacer yo solo. Ese fue un proyecto conjunto en el que la mayor parte del dinero lo puso la NSF, y permitió hacer dos publicaciones más aparte de la de Mar del Plata. Así que fue bastante fructífero”, comenta Zárate.

El estudio del impacto del meteorito

Desde 2019, el equipo internacional lleva adelante un nuevo trabajo que cuenta con financiamiento de la línea de investigación de Astrobiología de la NASA. El proyecto es liderado por profesionales de la Universidad de Rhode Island, Peter Schultz (profesor emérito de la Brown University), y Marcelo Zárate como colaborador en Argentina.

Meteorito en Chapadmalal.
Los acantilados en la zona de La Estafeta, con la E está marcado el nivel donde aparecen las escorias.

En marzo de 2019 se realizaron dos perforaciones en la zona de La Estafeta, en Chapadmalal. En ese trabajo de campo, se extrajeron dos testigos de sedimentos y fueron enviados a Estados Unidos para que sean analizados. El objetivo de la investigación en curso es lograr una reconstrucción del clima antes y después de la caída del meteorito para poder determinar si el impacto meteorítico tuvo consecuencias en el clima, la flora y la fauna de la región durante ese período.

Las tareas comprenden el estudio de toda la columna sedimentaria, es decir, los sedimentos que se encuentran por debajo y por arriba de los sedimentos que presentan las escorias. En noviembre de 2019, Zárate emprendió su último viaje a la Universidad de Rhode Island, donde analizó las características de los sedimentos en las muestras tomadas. 

La continuidad de las investigaciones durante casi tres décadas ha permitido tener mayor precisión sobre la ocurrencia del evento. Un investigador estadounidense encontró pequeños pedacitos –en micrones– del meteorito tanto en las muestras de la zona de Chapadmalal como en otras de la zona de Bahía Blanca. Estas serían pistas contundentes sobre el origen meteorítico de las escorias. 

“Las nuevas evidencias –asegura Zárate– confirman la hipótesis inicial sobre el origen. No habría dudas. Lo que esperamos ahora es tener más información con respecto al clima antes y después. Por otro lado, esos dos testigos sacados son interesantísimos porque es el único lugar en el sur de Sudamérica, que se conoce hasta el momento, para poder analizar todo ese intervalo de tiempo. Eso está bueno. Y a mí me entusiasma mucho más que lo del impacto, porque no hay otro registro disponible”.

Hasta el momento, debido a la diferencia entre la fauna antes y después de ese evento, Zárate y sus colegas han planteado como una coincidencia la extinción significativa que se produjo en esta región hace más de tres millones de años. Actualmente, es uno de los interrogantes que intentan develar. “Por el momento nosotros lo hemos puesto como una coincidencia. ¿Tendrá que ver con el impacto o es algo que responde a otro proceso? Todavía no se sabe”, reconoce el geólogo. 

Se espera que los trabajos comenzados en 2019 puedan aportar nuevas evidencias sobre las consecuencias del impacto del meteorito. “Con estos nuevos datos, tendremos información que pueda desechar esa posible relación o no. Y una idea más concreta de cómo era el clima. Hay un nuevo indicador, que se está poniendo a prueba, que daría indicios de valores aproximados de temperatura, que generalmente de eso no tenemos casi nada. Siempre tenemos indicadores de humedad, pero no tanto de temperatura. Entonces, es muy auspicioso”, explica Zárate.

40 años de estudios en los acantilados marplatenses

Marcelo Zárate es colaborador desde Argentina de esta investigación internacional que lleva casi tres décadas. Recibido de licenciado en Geología y de doctor en Ciencias Naturales en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata, es uno de los científicos que más conoce la geología de la costa marplatense y lleva toda su vida científica desentrañando la historia natural que atesoran los acantilados

Su tesis la realizó sobre la estratigrafía de los acantilados, es decir, estudió los sedimentos que conforman las barrancas en sentido vertical y horizontal. Ha recorrido la zona durante cuarenta años, desde la década del 80, cuando empezó a desempeñarse como becario.

Fue docente de la Universidad de Mar del Plata entre 1984 y 1997, donde enseñó en la carrera de Biología. En 1995, ingresó al CONICET. En la actualidad, es investigador en el INCITAP de La Pampa y es profesor de la Universidad Nacional de La Pampa.

Si bien ha visitado los acantilados de la región repetidas veces y ha realizado diversos estudios, su pasión por el conocimiento sigue intacta. “Sigo con la misma capacidad de sorpresa que tenía hace cuarenta años. Siempre es una enorme satisfacción cada vez que hay un logro que, como en este caso, implica tener nuevos datos, nuevas evidencias más refinadas, más sofisticadas, para poder ajustar las interpretaciones”, concluye.

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