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abril 17, 2024
Abraham Gómez Reategui
Lo de Allá

El ilustrador de ciudades: un joven dibuja mapas a mano alzada y es furor en redes sociales

 

Por Josefina Marcuzzi

Con más de 30 mapas dibujados a mano alzada en tinta china bajo la técnica de perspectiva isométrica, el artista e ilustrador Abraham Gómez Reategui es viral en redes sociales gracias al trabajo que realiza, en el que combina su conocimiento de la cartografía y la arquitectura plasmando en papel los mapas de las ciudades más importantes de Argentina y otras del resto el mundo.

A Abraham Gómez Reategui le gustan el dibujo y las ciudades desde que tiene uso de memoria. Nacido en Lima, Perú, se crió en un pueblo que estaba muy cerquita del mar, pero muchas veces demoraba entre una hora y media y dos horas en llegar a la playa debido al caos que era transitar la ciudad.

De chico recorrió Lima en transporte público para ir a la escuela o a la casa de sus amigos y fue testigo de la lenta transformación que fue sufriendo la ciudad, que aunque tuvo obras viales en los principales accesos, siguió siendo hostil para habitar, especialmente para las personas que vivían en los barrios periféricos. Esto, dice, de algún modo fue estructurador para su vocación, que lo trajo a la Argentina cuando tenía 19 años.

Hoy tiene 27 y está en sexto año de arquitectura en la Universidad Nacional de La Plata; hijo de un padre policía y una madre ama de casa, es el primer universitario de una familia que todavía vive en Lima. Aunque trabajó en otras actividades para poder estudiar y sobrevivir, durante la pandemia comenzó a ilustrar mapas de ciudades a mano alzada con una técnica de perspectiva isométrica y hoy acumula más de 33 obras.

Aunque considera que La Plata es una ciudad con algunas dificultades en la periferia, Abraham estudió sus características en la facultad: la habitó y la desandó, y esa experiencia le permitió hacer el mapa de la capital de la provincia de Buenos Aires, el primero de una serie que hoy es un fenómeno y que alcanza el reconocimiento de otros profesionales y colegas.

En una conversación con Télam, el ilustrador cuenta cómo comenzó con esta peculiar disciplina, comparte detalles de la técnica que utiliza y admite que, entre otras ciudades que todavía tiene pendientes, está Lima, su lugar de origen.

Abraham Gómez Reategui
Fotos: Eva Cabrera.

-¿Cuándo y cómo empezaste a dibujar los mapas?

-Empecé en pandemia. Venía dibujando otras cosas, pero en algún momento se me ocurrió dibujar un mapa de La Plata, algo pequeño, de Plaza Moreno y alrededores. Empecé de a poco a mostrar ese trabajo, a compartirlo con amigos. En cada mapa fui aprendiendo un poco más, mejorando el trazo y la forma en que quería dibujar. Incluso el último, el de Buenos Aires, fue de mucho aprendizaje. Los dibujos fueron creciendo, hasta que en algún momento se me ocurrió hacer uno grande de Rosario y ahí se viralizó un montón. Ese fue el primer paso para empezar a darle forma a todo el trabajo y entendí que quería dedicarme a esto.

-Cuando elegís una ciudad para dibujar, ¿cómo es la dinámica de trabajo? ¿Tenés un modelo? ¿Incide la experiencia que tenés de la ciudad?

-Tiene un poco y un poco de eso. Las imágenes satelitales son una de las fuentes más importantes, pero lo que hago es combinar algunas técnicas. Lo que hago es dibujo en perspectiva isométrica, que es una perspectiva que se usa generalmente para poder ver los tres ejes de un volumen, cuando uno quiere ver el detalle de algo. Es una técnica que te da un panorama amplio y eso, trasladado a una ciudad, me parecía particularmente interesante.

No conocía muchos mapas volumétricos hechos de esta forma entonces decidí aplicarlo así. En vez de dibujar el mapa simplemente desde arriba, empecé a darle volumen y apoyado en las herramientas satelitales pude reconstruir las ciudades. Empecé con lugares que conocía mucho, como La Plata, Rosario o Retiro, que había habitado, y que incluso podía identificar en las imágenes satelitales elementos que estaban faltantes. Después empecé a trabajar por encargo y he dibujado lugares en los que nunca he estado. Pero en esos casos hice un trabajo de investigación: cuál es la forma de la ciudad, cómo funciona, qué tan posible es retratarla. Hay veces que no es tan fácil, porque la información que recopilo básicamente determina si puedo dibujarla o no, al menos en esta técnica en la que trabajo.

-¿Con alguna ciudad te pasó eso, de no poder resolverla?

-En algún momento me encargaron un mapa de La Habana, y Cuba tiene muy poco relevado en imágenes satelitales. Cuando conversé con la persona que me lo encargaba, definimos hacerlo específicamente sobre el barrio en donde él nació, porque de toda La Habana era imposible. Para la reconstrucción fue clave la imagen satelital. Técnicamente esas imágenes son cenitales, pero influye la curvatura de la Tierra. Si es una imagen satelital plana, por ejemplo sobre el Ecuador, probablemente yo no pueda ver más que los techos de cada cosa. Pero como La Habana está más al norte, hay cierta inclinación y por ende hay dimensión: pude ver si eran casas, edificios chicos o edificios grandes. Con ese registro entendí que podía hacerlo.

-¿Cuánto tiempo te demora trabajar en un mapa?

-Puedo estar quince días trabajando en un mapa de tamaño similar al A3, entre el tiempo que me lleva investigar el lugar y el tiempo que me lleva el dibujo del mapa.

-¿Cómo es la técnica con la que dibujás y qué materiales usás?

-En general uso tinta china y acuarela. La tinta china la utilizo en una microfibra o estilógrafo, que es una microfibra recargable. Las diferentes graduaciones me permiten llegar a los detalles más escondidos de cada mapa. Todo lo que es reglado lo hago al comienzo, cuando empiezo a dibujar la forma de la ciudad. Luego el trabajo volumétrico en sí es a mano, no hago un traspaso de medidas de la realidad al papel en escala. Obvio toda esa parte para poder apreciar el mapa como una representación de lo que veo, le agrego valor en esa reinterpretación de cada porción de la ciudad. Luego está el uso de la acuarela para las partes que quiero colorear, que son los espacios públicos verdes, los vacíos urbanos: los coloreo para contrastarlos con toda la masa gris de la ciudad. Lo hago con azules, también he usado verdes, pero siento que el azul transgrede un poco más.

Abraham Gómez Reategui

-¿Tenés algún referente artístico que haga algo parecido a lo que hacés vos?

-No tengo un referente, pero sí siempre me interesaron los dibujos, pinturas o ilustraciones que trabajan con la “sobrecarga” de contenido. Esto varía desde obras artísticas y complejas, como “El jardín de las delicias”, hasta lo que se ve en una tapa de “Buscando a Wally”. Siempre me llamó la atención esto de una cosa sobre otra, y otra construyéndose, y nada nunca acabando, como sucede en las ciudades.

-¿Es cierto que dibujaste un mapa de las batallas de las Islas Malvinas?

-Sí, fue en 2022, para el aniversario de los 40 años. Fue un trabajo en conjunto con el Centro Argentino de Cartografía. Fue un trabajo largo, que duró aproximadamente dos meses; no tanto por el dibujo, sino por el trabajo de investigación, que era necesario para poder entender en profundidad ciertos momentos de la guerra y así poder dibujarlos.

-¿Trabajaste con otras asociaciones o entidades?

-Sí, uno de ellos fue un mapa que hice para la organización “Paradiplomacia”, que son trabajos de investigación interdisciplinarios respecto al territorio. En ese caso, la propuesta fue ilustrar algo vinculado con la Cuenca del Río de La Plata, entonces dibujé un mapa que tiene algunas ciudades identificadas pero el foco está especialmente en los entrelazamientos de los cursos de agua que conforman la cuenca.

¿Considerás que tu trabajo populariza la cartografía?

-Nosotros nos relacionamos constantemente con los mapas: en la parada del colectivo, cuando vamos al subte, cuando tenemos que llegar a una dirección. El diseño de los mapas y la forma de expresarlos ha ido cambiado con el tiempo, pero supongo que lo que hace especial mi trabajo es lo manual, que es quizás un modo innovador. Esto no le quita valor a la cartografía tradicional, pero en un momento de tanta digitalización y automatización de las cosas, ver el trabajo de alguien que se toma el tiempo y la molestia en hacer esto quizás cierto valor. Será, quizás, lo valioso de la vuelta a lo artesanal.

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