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mayo 29, 2024
espectaculos Temporada 2024

Trazando emociones: Neshamá, una fusión única de música y danza en el Teatro Auditorium

Cantante, compositor, músico, profesor y terapeuta de sonido. Leopoldo Gaillour habló con Bacap sobre sus inicios en la música, la sonoterapía y el espectáculo que brindará junto a Monserrath Otegui en el teatro Auditorium el próximo 6 de abril.

Por Ian Punter

El pianista Leopoldo Gaillour vuelve a la escena marplatense con «NESHAMÁ”: Un concierto para el alma que promete elevar los sentidos y tocar los corazones, fusionando su música original con la gracia de la danza de Montserrath Otegui. Antes de la presentación, diseñada para deleitar y elevar el espíritu, Bacap dialogó con Gaillour.

El show se llevará a cabo el próximo 6 de abril a las 21 horas en la sala Astor Piazzolla del Teatro Auditorium de Mar del Plata. Las entradas están disponibles en la boletería del teatro o en plateanet.

– ¿Cuál es el punto de partida? ¿Dónde comienza todo esto? 

 -Bueno, comienza cuando yo tenía cinco años, aproximadamente. Pasé por la ventana de una famosa juguetería en Mar del Plata y allí recuerdo que vi un pequeño piano de juguete. Tuve una llamada allí, me llamó la atención. Gracias a Dios mis padres me lo compraron, me dieron acceso a él, y no me bajé de ese pequeño piano durante muchos meses. Estaba todo el día en ese pequeño piano tocando melodías de oído.

Hasta que dijeron (sus padres): “Tenemos que hacer algo con este chico está todo el tiempo en el piano”. Entonces me llevaron a lo que en ese momento era la Academia Yamaha, estaba en la calle San Martín y Córdoba. Ahí es donde iba a aprender, en ese momento el teclado estaba muy de moda. A los 13 años también comencé a cantar en coros, así que inmediatamente comencé a tomar clases de canto, comencé a viajar mucho a Buenos Aires.

Entonces empecé a trabajar con coros, como pianista. Empecé a trabajar con muchos cantantes como pianista. Allí pude combinar un poco de ambos. El canto (el canto académico), porque siempre me manejé en esos ámbitos: Para ópera, para música de cámara, para oratorio; pude combinarlo con el piano. Así que, si no cantaba, acompañaba a cantantes.

– ¿Crees que la música se encuentra solo en lo académico?

– Creo que la música es una sola cosa. Hoy en día si me preguntas, la única diferencia es si se hace con gusto o no. Pero es tan importante un trabajo folclórico como una pieza de música, una obra de Haydn. 

De hecho, creo que nunca debemos dejar de lado el folclore, como en todas las culturas, el comienzo de la música está en el folclore está en las raíces. Luego se elabora, crece, se desarrolla y se vuelve más complejo. 

– ¿Cuándo empezaste a investigar sobre la terapia de sonido? 

-Bueno, eso llega en un momento crítico de mi vida donde siento que tengo que dejar un poco el escenario. Esto habría sido hace seis o siete años, donde algo me dijo que tenía que ir a otro lado, tal vez estaba actuando demasiado y estaba haciendo música sin pensar. No tenemos que pensar tanto en los lazos o cómo hacerlos, sino más en el ego. Tenemos que tener un poco de cuidado con eso, porque fácilmente nos confundimos en hacer arte para mostrarnos y para el aplauso, para el reconocimiento. Genuinamente al contar o comunicar lo que sucede internamente a través del arte como una herramienta, es una línea muy, muy fina. Así que sentí que tenía que ir a otros lugares y al mismo tiempo sentí que la música también tenía que tener un lado positivo y que las personas no estén sentadas, sino que estén de una manera diferente y reciban los sonidos desde otro lado, no como espectadores.

En ese momento hice mucha música con Alia Mosquera, una amiga mía de hace muchos años. Hemos tenido muchos conjuntos, entre ellos música celta y fado. Entonces ella viene y me dice: «Leito, quiero hacer algo con vos y con esto». Y me muestra unos cuencos tibetanos. Hasta ese momento no los conocía, no sabía qué era. Y los escuché y dije: «Va por este camino». 

-También esa experimentación con los Cuencos te lleva a crear el álbum “Frecuencias” y luego “Frecuencias Cristalinas” ¿Qué diferencias se encuentran en esos dos álbumes? 

– Han pasado muchos años desde que he estado trabajando, investigando sobre sonoterapia. Mi trasfondo como músico hasta ese momento fue de gran ayuda porque me ayuda a entender muchas preguntas sobre frecuencias y sobre afinación, que hay muchas preguntas sobre cálculos matemáticos y demás, que se transfieren a la música. Y allí, si no estás muy inmerso en la música, es como que no entiendes de dónde viene.

Con el advenimiento de la pandemia y el aislamiento de este período espantoso que pasó había estado trabajando en espacios con sonoterapia. Cabe destacar que la sonoterapia es una rama de la musicoterapia, es decir, no es musicoterapia.  Cuando llegó la pandemia, estaba trabajando de manera muy activa con la sonoterapia, con sesiones individuales. Llegó la pandemia y dije: “Bueno ¿Qué hago con esto ahora?”. Porque sentí que tenía que seguir trabajando con eso. No por razones económicas, gracias a Dios, pero para seguir haciendo la actividad. Entonces pensé: «Es un buen momento para seguir investigando el tema». Y encontré algunas investigaciones que había hecho un médico a finales del XIX, principios del XX, sobre ciertos aspectos de la salud, tanto física como emocional, y cómo la aplicación de frecuencias sobre el cuerpo podía modificarlos de manera favorable. 

Cuando hablo de frecuencias, el concepto es bastante simple. El universo y nosotros mismos, todos los seres vivos vibran a cierta frecuencia, sutiles o más concretas. Somos un instrumento, estamos afinados, tenemos afinación, frecuencia. Cada fibra de nuestro cuerpo tiene una frecuencia, tiene una atenuación, así que podemos modificar esa patología o podemos modificar un estado emocional, ir a esa frecuencia y modificarlo.

Por eso tomé esa lista que hizo Raymond Riffe sobre una lista enorme sobre cuestiones emocionales y físicas, tomé una muestra de sonido de este cuenco, lo pasé por un sintetizador y lo afiné digitalmente. Fui a la frecuencia exacta que Raymond Riffe dijo en la lista y junté estos dos discos. Las frecuencias tienen que ver con las patologías del cuerpo físico y las frecuencias cristalinas del cuerpo emocional. 

– Hay un espectáculo en el Teatro Auditorium en el que vas a ser parte, se llama «Neshamá» ¿Qué te lleva a pensar este espectáculo con Montserrat Otegui?

-Habíamos trabajado juntos hace años, han pasado unos 10 años más o menos, con un conjunto de fado. El fado es, como nosotros tenemos el tango, los portugueses tienen el fado. En ese momento, Montserrat hace una intervención bailando uno de los números que hacemos en este espectáculo, en este concierto de Fado en el Teatro Colón aquí en Mar del Plata. La vi bailar y dije: «Esta chica es de otro mundo». Para mí fue como un rayo de luz que cruzaba el escenario de arriba abajo, era una cuestión geométrica perfecta: “¡Qué bailarina!, fabulosa”. Y, además, tiene un don humano increíble, una humildad, un trato. Realmente es un ser humano hermoso. 

Nos encontrábamos cada dos por tres, en un concierto, en la calle; bueno, Mar del Plata  es chico  siempre te encontrás con personas. Y hacía mucho tiempo que quería hacer algo con ella, pero al mismo tiempo pensaba que ella no se iba a interesar. Esos temas de autosabotaje que suelo tener. Y en un momento me dice que ella estaba pasando por lo mismo, y me dice: «Soñé contigo, soñé que estábamos haciendo esto, que estábamos los dos en el escenario, tenemos que hacer algo, yo escribí tres textos, que no sé de dónde salieron, pero salieron, y sentí la necesidad de escribirlos, y los tengo que hacer con vos, no hay otra persona, si no es con vos, no lo hago”.

Entonces acepto ante semejante propuesta, en ese momento estaba en un proceso familiar complejo debido a la enfermedad de mi padre. Que no me permitía dedicarme a nada más que a asistirlo y cuidarlo, así que le dije: «Me encanta la idea, pero necesitamos dejar pasar un tiempo hasta que esto se resuelva, porque no tengo tiempo de hacer absolutamente nada más que estar con él.» 

Luego de encontrar cierto equilibrio nos pusimos a trabajar, yo tenía que hacer un ballet al piano, con música compuesta por mí. Así que con esos tres textos compuse un ballet de cámara, es decir, es un pequeño ballet para piano y bailarina solista, pensando en los textos y pensando en su figura, obviamente, porque están compuestos para que ella baile.

Neshamá tiene un sentido de búsqueda del sentido de la vida y de la verdad. ¿Por qué estamos en este plano y para qué estamos?, la búsqueda del propósito y también tiene un cierto trasfondo sobre la visión de la mujer en la historia de la humanidad, cómo ha sido muy desplazada y no ha tenido el lugar que debería tener. A través de estos tres textos, montamos un ballet que se llama “El ballet de Neshamá”. Y ahí vamos a estar en el Auditorium el 6 de abril haciendo este estreno.

– ¿Cuáles son tus planes para el futuro? 

-Estoy en un momento de mi vida en el que estoy haciendo muchas cosas y estoy como diría, un poquito saturado porque estoy haciendo muchas cosas que me gustan, pero muy diferentes. El futuro inmediato, es seguir trabajando con la música que es lo que amo y tratar de unir todas esas cosas que he hecho hasta ahora. Unificarlas de una manera coherente, unificarlas y darles un propósito y un camino a seguir, y por supuesto seguir creando música. Pero de una manera más profunda, quizás, más sincera, menos aparatosa. Menos orientada al lucimiento, sino más orientada al mensaje.

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