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junio 15, 2021
Lo de Acá

Cooperativas en pandemia: la fortaleza en medio de la crisis

El sector es uno de los más castigados y recibió escasos incentivos estatales. Sin embargo durante el aislamiento se incrementó la cantidad de consultas y trámites para la conformación de nuevas empresas sociales en la ciudad. Existen 227 cooperativas en General Pueyrredon.

Por Aldana Arén

El modelo cooperativo se caracteriza por crecer en época de crisis: la pandemia no es la excepción. Mar del Plata tiene un movimiento amplio y en aumento, desde el ya tradicional Nuevo Amanecer hasta las empresas sociales de servicios públicos. De acuerdo al padrón del Instituto Nacional de Economía Social (INAES), en el Partido de General Pueyrredon existen 227 cooperativas vigentes, y el 85% son de trabajo.

Además de su función en la cadena productiva, las cooperativas se destacan de otro tipo de empresas debido a su carácter solidario, que se volvió imprescindible desde que comenzó la pandemia. Es el Nuevo Amanecer quien aporta 800 litros de leche semanales a comedores y merenderos, e Hilar Futuro, una cooperativa textil, que recicla ropa para donar a sectores vulnerables.
Sin embargo, el movimiento cooperativo atraviesa un momento económico muy delicado. A la situación pandémica se le suma la profunda crisis que sufrió el sector los últimos años, en los que se redujo al 50% la cantidad de matrículas, según afirmó Mario Cafiero, ex titular del INAES recientemente fallecido, en una entrevista con Télam en mayo. “Eran 20 mil las cooperativas y Macri las redujo a 10 mil, casi lo mismo hizo con las mutuales” expresó el dirigente.

Por otro lado, en mayo se puso en marcha un trámite de emergencia para la conformación de cooperativas a través de la resolución 7/2020. Mariana Delgado, trabajadora de la Dirección Provincial de Acción Cooperativa (DIPAC)
en la ciudad, explicó que el impacto de esta medida fue notorio, ya que “entre el 2016 y el 2019 el INAES entregó 17 matrículas de cooperativas en Mar del Plata y en este tiempo, desde que salió la resolución 7, llevo contabilizadas alrededor de 20 cooperativas que iniciaron o están a punto de iniciar el trámite”.

La situación en la actualidad

El Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO) puso nuevamente a prueba la capacidad de resiliencia y reinvención de las cooperativas. Como todos los sectores, debieron repensar sus actividades, adecuar las tareas y resolver los obstáculos pandémicos.

La Cooperativa de trabajo M-S se dedica al envasado, la venta y distribución de agua de mesa en la ciudad hace 15 años, luego de que en 2003 un grupo de trabajadores despedidos de la multinacional Danone S.A decidieron organizarse para no perder su fuente laboral. Actualmente son 13 asociados, pero sólo 8 trabajan de forma activa en la planta de la empresa ubicada en el barrio El Gaucho.

Antes de la pandemia, el agua de M-S llegaba a escuelas, hoteles, restaurantes y lugares institucionales, incluido el Palacio Municipal. Sin embargo, la restricción de las actividades a causa del ASPO redujo un 70% el trabajo de la Cooperativa.
Guillermo Issa, presidente de M-S, explicó que es por ello que decidieron realizar el reparto de bidones día por medio “para bajar los costos”, ya que la empresa está “creando mucha deuda” a causa de la compra de insumos, el
alquiler de la planta y el pago de impuestos.

Otro caso

Otra empresa social destacada en la ciudad es Tierra Nueva Ltda., más conocida como Amuyén, la primera escuela cooperativa de Mar del Plata, ubicada a pocos metros del hipermercado Carrefour en la Avenida Constitución. La institución fue fundada en 1986 por un grupo de 40 familias con la visión de generar una formación pedagógica distinta a la tradicional. Hoy Amuyén ofrece tres niveles educativos (inicial, primario y secundario), integrados por 350 estudiantes.

Al igual que la mayoría de las escuelas, se vio obligada a trasladar su actividad al plano digital. En este sentido, Matías Lanfranconi, presidente de la Cooperativa, aseguró que “la primera mitad del año fue más compleja”, pero que ahora las clases virtuales “están funcionando bien”. En cuanto a lo administrativo, la virtualidad requiere más tiempo y una dinámica de organización distinta: docentes y directivos trabajan conectados en línea, y el instituto abre sus puertas dos veces por semana durante 4 horas para atender consultas de los asociados, con turno previo.

Por su parte, la Cooperativa de trabajo El Repulgue Rebelde, dedicada a la elaboración y venta de empanadas, se achicó para no cerrar: antes de la pandemia eran 10 asociados activos, ahora son 4. Con la modalidad de take away, la empresa recuperada por sus trabajadores en 2013 intenta afrontar las deudas y subsistir.

La cooperativa El Repulge Rebelde. Foto: Mauricio Arduin

Aunque ellos no se vieron obligados a cerrar las puertas, sí sintieron una caída importante en las ventas. Ariel Teraccio, expresidente y tesorero de la Cooperativa, explicó que en los primeros meses de cuarentena “el trabajo bajó muchísimo, porque mucha gente se quedó sin laburo”. Finalmente, cuando recuperaban un ritmo laboral similar al anterior, la ciudad retornó a fase 3 y “volvieron a caer las ventas”.

Economía de crisis

Tras una larga etapa de crisis económica durante los últimos años, la pandemia encontró a las cooperativas desprovistas de fondos de emergencia, sin capacidad para sostener la inactividad que generó la primera etapa de cuarentena.
“Nosotros no teníamos un margen de ganancia como para que un 35% de morosidad no nos afectará. Teníamos una provisión de dinero que alcanzó para salvar dos meses” explicó el presidente de Amuyén. Luego, se quedaron sin fondos. Cortaron “todos los servicios que se podían ”, solicitaron ayuda estatal y redujeron los costos.

En cuanto a los recursos estatales, los referentes cooperativos coincidieron en que fueron muy reducidos, e incluso nulos en algunos casos. Muchos asociados pudieron beneficiarse con el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) o con créditos a tasa 0, pero los incentivos económicos pensados directamente para las empresas resultaron escasos.
Todos destacaron el cobro del Programa de Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP), que consiste en 9 mil pesos mensuales que cobran los asociados de forma personal. Sin embargo, la llegada de este ingreso fue irregular: algunos meses sí, otros no.

Por su parte, Amuyén accedió a un crédito de 80 mil pesos de la línea para cooperativas lanzada por el gobierno, pero la institución tiene alrededor de 2 millones de pesos en gastos que afrontar mensualmente. Hasta el momento,
asegura Lanfranconi, pudieron pagar todos los sueldos, aunque están endeudados con los servicios. A su vez, la línea de créditos no funcionó para el Repulgue Rebelde, ya que el monto recibido depende de la facturación de la empresa, y no tenían “la suficiente como para obtener un crédito que hiciera la diferencia”.

A pesar de la crisis y la incertidumbre del futuro, Teraccio confió en que la Cooperativa debe “tomar fuerzas para la etapa que viene y reinventarnos para salir adelante con lo que sabemos hacer”.
“Es importante que la gente sepa cuál es el trabajo que realizamos las cooperativas. Nosotros no dejamos gente en la calle. La forma cooperativa hoy es la mejor para crear puestos de trabajo” finalizó Guillermo Issa.

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