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agosto 3, 2021
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Mundo cómic MDP

Te contamos cómo es el mundo de las historietas en Mar del Plata, quiénes lo integran y por qué quienes las descubren ya no dejan de leerlas, incluso hasta mucho después de peinar canas.

Por Limay Ameztoy

Como esos rincones de las ciudades a los que cuesta llegar pero que, una vez descubiertos, fascinan de inmediato. Así es el mundo de la historieta en Mar del Plata. Solo que en este caso no se trata de un único lugar sino de un ecosistema económico, social y cultural que se encuentra esparcido por toda la ciudad.

¿Dónde radica el atractivo de este universo? En primer lugar, en que es un mundo de imágenes y de colores, como toda actividad en la que están involucradas las artes visuales. Pero también es un mundo de palabras, de relatos, de buenas (y a veces las malas) historias.  Y además es un mundo inclusivo, que da lugar a todo tipo de contenidos: ficción y no ficción, aventuras e historia, súper héroes y gente de a pie, humor (infantil, juvenil, político, social …), denuncia, crónica… El límite es la imaginación.

Por otra parte es un mundo multicultural: tanto puede ser reflejo de “lo nacional” (a través de la siempre vigente historieta argentina) como una ventana abierta al mundo por la que entran desde Ásterix el galo hasta los manga, que de tan japoneses se leen al revés. 

En otras palabras, el mundo de las historietas es tan amplio que es fácil perderse en él. En esta nota te damos las coordinadas básicas para que puedas ubicarte en Mar del Plata, y disfrutarlo. 

Quiénes leen

Contrario a lo que suele creerse, el mundo del cómic no es un mundo infantil. Aunque hay niñas y niños que leen historietas, el descubrimiento del arte de las viñetas suele producirse entre los 13 o 14 años.  A partir de entonces es frecuente el ingreso a una etapa de consumo intenso que puede extenderse  hasta bien entrados los 20. Pero quienes realmente gustan de este universo seguirán siéndole fieles, incluso hasta después de empezar a peinar canas.

Así lo describe Claudio Herrera, propietario de Rayos y Centellas, una mítica comiquería cuya ubicación -en lo más profundo de una galería céntrica- garantiza calidad de clientela: llegan los que saben y quieren a las historietas. Su propia historia sirve para graficar la evolución del sector en la ciudad: “Cuando yo era chico no había lugares especializados que trajeran lo que uno buscaba –recuerda-. Muchas veces había que viajar y no siempre nos enterábamos, o  nos enterábamos tarde, de lo que estaba pasando fuera de la ciudad. En un momento pensé que necesitaba un lugar especializado. Y así empecé”.

Era diciembre de 1993. Veintisiete años después, Herrera sigue ligado al mundo del cómic con la misma pasión que en sus inicios. Y por supuesto, no es el único: “Mis clientes van desde los 13 hasta los 50. O más, pero mejor no preguntar” confirma, cómplice.

Fotos: Mauricio Arduin

Por qué se lee historieta

O quizás la pregunta sea cómo se llega a las historietas. Según Daniel Tiberio –quien supo estar al frente de la librería Polo Norte, cuya sucursal de Constitución llegó a tener tres empleados especializados especializados en cómics-, una de las posibles respuestas tiene que ver con la rebeldía: los niños y niñas, describe, suelen inclinarse por los libros coloridos o los libros álbum, muchas veces inducidos por sus padres o madres que  “todavía tienen la idea desacertada de que la historieta no es literatura”.

Pero el tiempo pasa, los chicos crecen y “tal vez por la necesidad de pertenecer de alguna manera a un grupo de jóvenes lectores, comienzan a descubrir el mundo del cómic”, relata Tiberio.

El historietista marplatense Pablo Lizalde coincide con Tiberio pero también añade otros factores. En primer lugar, recuerda que los niños y niñas de hoy crecen consumiendo productos audiovisuales, lo que los hace más proclives a entender los códigos de las historietas. Y además, rescata el factor de transmisión generacional del que él mismo es testigo como coorganizador del Encuentro de Publicaciones Autogestivas e Historietas –EPAH- que ya va por su séptima edición: “En casi todas las familias hay un padre, un tío o un abuelo que profesa su amor por la historieta y eso le abre la puerta a las las nuevas generaciones” describe.

La utilización del masculino por parte de Lizalde no es casual: durante muchos años, el mundo del cómic fue esencialmente masculino. “Durante mucho tiempo en mi local solamente tuve tres clientas mujeres a las que podía reconocer en la calle porque me llamaban la atención” recuerda Herrera. Afortunadamente, en los últimos años la situación cambió. Y en ese cambio hubo un factor determinante que tiene que ver con…

¿Qué se lee?

Es una pregunta tan amplia como el propio universo del cómic, pero para comenzar a responder hay que apelar, nuevamente, a ciertas características del público lector. En primer lugar aparece nuevamente la edad: cuantos más años, más apego por las producciones nacionales. Lizalde afirma: “Creo que las etapas de revistas de historieta han marcado a generaciones anteriores, como lo fue la editorial Columba (las revistas Tony, D’Artagan, Intervalo, etc), Skorpio y Fierro -describe-. Esto sirve para perpetuar la vida y el amor por la historieta nacional.

El público adulto es, también, el que más se inclina por las denominadas novelas gráficas, donde la variedad se amplía aún más, dando lugar a lo real, la denuncia, la crónica -por ejemplo la historieta periodística-, las biografías o las versiones gráficas de clásicos de la literatura.

Pero si hablamos de qué se lee debemos referirnos a dos fenómenos que cambiaron la historia de los últimos años. En primer lugar aparecen los cómics de superhéroes: sostenido durante décadas por lectores nostálgicos que crecieron con los los personajes originales (Superman, Batman y Linterna Verde, por mencionar algunos, hicieron sus primeras apariciones entre 1938 y 1940), el sector tuvo un renovado impulso a partir de la llegada del Universo Marvel a la pantalla grande. “Las películas ayudaron a impulsar el mercado de historietas de superhéroe e incorporar nuevas generaciones de lectores” confirmó Lizalde. 

Pero aún más importante es, sin duda, el efecto del manga: desde que la historieta japonesa irrumpió en el mercado occidental se convirtió en un motor que no dejó de expandir los límites del mercado del cómic a nivel planetario. También en Argentina y en Mar del Plata, la tracción viene de la mano del público adolescente y juvenil, donde los fans llegan a participar de encuentros de cosplay representando a sus personajes favoritos.

Como ejemplo del fenómeno, Herrera relató que en un principio las editoriales argentinas no se animaban a traer mangas originales, por lo que las versiones eran occidentalizadas. “Pero después se dieron cuenta de que la demanda justificaba el cambio y hoy vendemos el manga original, es decir en formato pequeño y hasta con la lectura en sentido invertido” describió.

Por último cabe aclarar que los públicos de cada tipo de historieta no son cerrados sino que muchas veces se cruzan. “Muchas personas llegaron buscando historias de aventura pero después pasaron a otros tipos de cómic o incluso al manga, y viceversa”, describe.

Dónde ir y cuánto invertir

Como el consumo de historieta no es masivo -ni siquiera de manga-, no siempre es fácil conseguirlas. Ni son baratas. En Mar del Plata hay actualmente entre 7 y 8 comiquerías y algunas librerías con secciones especializadas. El número, bajo si se compara con la cantidad de librerías tradicionales, tiene su explicación. 

“Es que no cualquiera puede vender cómics -explica Tiberio-. Es un mundo muy particular, que tiene sus propios códigos, lenguajes y expresiones”. Y como ejemplo menciona que “hay que tener un perfecto conocimiento de los personajes, los nombres en japonés de algunos manga, cuándo comienzan y cuando terminan las series editadas y hasta los números especiales donde ocurren determinadas situaciones”.

Además de las ya mencionadas comiquerías, algunas librerías tienen secciones dedicadas a historietas. El Gran Pez es una de ellas. Alejandra Rumitti aclara que el local no vende manga pero sí novelas gráficas de editoriales nacionales como Maten al Mensajero, Hotel de las Ideas, Loco Rabia y Wai Cómics. “También tenemos algunos títulos españoles y la gente suele sorprenderse al verlos” agrega y añade que la salida es buena: “las rarezas vuelan”.

Como casi todos los artículos de nicho, no son baratos. Sin embargo, esto no suele volverlas inaccesibles. “En general la gente hace el esfuerzo, porque además de la calidad del contenido influye que son deseables como objetos” describe Herrera, quien lo compara con la música: “Cuando realmente te gusta querés tener los discos para volver a escucharlos, mirarlos, tocarlos. Bueno, con las historietas pasa lo mismo”.

Es que, como se dijo, el mundo de las historietas es fascinante. Y lo maravilloso es que toda esa magia puede estar ahí, en nuestras bibliotecas, al alcance de nuestras manos y de nuestra imaginación.

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