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septiembre 25, 2022
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Ciencia marplatense y economía circular

Investigadoras marplatenses llevan adelante el proyecto UNIBIO Argentina que propone la reutilización de cáscaras de langostinos para el desarrollo de productos para prevenir el estrés en las plantas y mejorar su rendimiento. A fines de 2021, fueron finalistas del programa internacional Accelerate2030, impulsado por las Naciones Unidas.

Por Agustín Casa

La economía circular es una alternativa para el desarrollo sostenible. Y la reutilización de desechos de algunas actividades humanas será cada vez más habitual en el sector productivo en los próximos años. 

Con esa perspectiva circular, investigadoras del Instituto de Investigaciones Biológicas (IIB) y del Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (INTEMA), pertenecientes al CONICET y la UNMdP, llevan adelante un proyecto que tiene como objetivo reutilizar las cáscaras de los langostinos –un desecho de la pesca– para el desarrollo de productos para mejorar las respuestas de las plantas frente a diferentes tipos de estrés ambiental.

Esta iniciativa, llamada UNIBIO Argentina, logró visibilidad internacional a fines de 2021 cuando fue elegida como finalista del programa Accelerate2030, una convocatoria impulsada por las Naciones Unidas que busca proyectos que se enmarquen en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

UNIBIO Argentina propone la reutilización de los caparazones o cáscaras de langostinos, que son un descarte de la pesca y actualmente su disposición final representa una problemática ambiental, sobre todo en la zona del golfo San Jorge en la Patagonia, donde se desarrolla mayormente esta actividad.

Estas cáscaras son abundantes en un polímero natural llamado quitina y a partir del cual se obtiene su principal derivado industrial: el quitosano. Este compuesto por sí mismo induce los mecanismos de protección de las plantas, es decir, protege a las plantas del estrés. Y a la vez tiene funciones bioestimulantes. Pero también se puede aplicar nanotecnología para la generación de micro y nanopartículas que puedan transportar principios activos.

El quitosano es una gran molécula polimérica que puede actuar sola o combinándola con otros principios activos. Combinada con otros principios activos, como por ejemplo pesticidas o fertilizantes, hace posible mejorar sus propiedades funcionales y fisicoquímicas. Por ejemplo, que dichos principios se dirijan específicamente al lugar del organismo donde tienen que actuar”, cuenta a Bacap Claudia Casalongué, doctora en Ciencias Biológicas, investigadora del CONICET en el IIB e impulsora del proyecto.

“Estas partículas en las plantas suman otras propiedades muy importantes –continúa Casalongué– dado que son biodegradables, biocompatibles y no son tóxicas ni para el medioambiente, ni la salud humana”.

Ciencia marplatense y economía circular
Equipo de trabajo en los desarrollos de UNIBIO.

La investigadora señala que las partículas de quitosano pueden funcionar como vehículo de otro principio activo, por ejemplo una hormona vegetal, y destaca que dicha tecnología puede utilizarse para vehicular compuestos naturales o agroquímicos sintéticos para lograr una aplicación más eficiente y más favorable ambientalmente.

“Por un lado, reduce significativamente la dosis. Por otro lado, evita la deriva de los principios activos al momento de su aplicación, porque esos productos se aplican en forma líquida y nuestras partículas son sólidas. Contienen adentro el principio activo y lo liberan en forma sostenida en la planta a medida que lo necesita y no van a parar ni al aire ni a los cursos de agua, con lo cual se reduce mucho la contaminación”, detalla Vera Álvarez, doctora en Ciencia de Materiales, investigadora del CONICET en el INTEMA e impulsora de UNIBIO. 

En esta línea, Álvarez también remarca que “como son de aplicación prolongada, no se necesita renovarlo tantas veces”. Por su parte, Casalongué subraya: “Cuando se puede mejorar la estabilidad de un pesticida, hacer más duradera y sostenida su acción biológica en el tiempo es a favor de reducir su dosis de aplicación. Entonces, esto conlleva un menor impacto negativo sobre el ambiente”.

Con la misma tecnología, desde UNIBIO cuentan con varios desarrollos con la misión de acelerar la transición hacia una agricultura más sustentable. No solo se dedican a la generación de los mencionados micro y nanovehículos que contienen principios activos –naturales o convencionales– para el agro. A través del quitosano, también pueden desarrollar hidrogeles que pueden proporcionar agua a las plantas cuando estas lo requieran, por ejemplo en períodos prolongados de sequía, y acolchados agrícolas biodegradables que protegen a los cultivos del granizo, además de actuar como herbicidas y bioestimulantes del crecimiento vegetal.

La historia del proyecto

La unión entre los dos grupos de investigación marplatenses se dio de manera fortuita a partir de un motivo familiar. Alrededor del 2010, Joaquín, hijo de Claudia Casalongué, realizaba su trabajo final de la carrera de Ingeniería en Materiales con el grupo de Vera Álvarez

Desde hacía varios años, el equipo del IIB estudiaba mecanismos de defensas de las plantas para hacer frente a situaciones de estrés ambiental. Y tenía interés en desarrollar productos nanoformulados para que las plantas mejoren sus mecanismos de defensa ante el estrés. Por su parte, el grupo de Álvarez trabajaba con nanoarcillas para distintas aplicaciones industriales.

A partir de las referencias de Joaquín sobre cómo trabajaba el grupo de ingeniería de materiales, cuáles eran las temáticas que abordaban y qué tipo de desarrollos llevaban adelante, se organizó un primer encuentro. Desde ese momento, las investigadoras del IIB y el INTEMA unieron capacidades científicas y tecnológicas para llevar adelante el proyecto UNIBIO

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En la actualidad, UNIBIO está integrado por Casalongué y Álvarez, junto a Daniela Caprile del INTEMA, Florencia Salcedo del IIB y el emprendedor Matías Figliozzi. En 2019, el proyecto fue recibido en la Incubadora de Empresas de la Universidad Nacional de Mar del Plata. A su vez, la iniciativa fue financiada por la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. Su paso por la incubadora de la UNMdP les permitió acceder a distintos programas de aceleración de empresas de base tecnológica.

El objetivo final es convertir esta idea de innovación, que nace en el sistema público, en un emprendimiento que pueda escalar y representar la posibilidad de industrializar y comercializar los productos fitosanitarios”, indica Casalongué.

Avances

Hoy, el proyecto está en camino a convertirse en una startup de base tecnológica. En 2021, Figliozzi representó a UNIBIO en distintos programas para emprendedores en los cuales UNIBIO fue seleccionado, como Start-Up Chile y The Ganesha Lab del mismo país. También fue seleccionado en el programa K-Startup Grand Challenge de Corea del Sur. Por ser elegidos en el programa de la aceleradora The Ganesha Lab, Figliozzi viajará en febrero a la Universidad de California en Davis, Estados Unidos, donde intentarán validar la tecnología del proyecto marplatense.

Además, a finales de 2021 UNIBIO fue elegido finalista del programa Accelerate2030 entre 1.400 proyectos de todo el mundo. De este modo, fue el primer emprendimiento argentino que llegó a la instancia final de esta convocatoria organizada por Impact Hub y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP).

Dos integrantes del equipo viajaron a Ginebra, Suiza, donde participaron de distintas actividades durante seis días, como reuniones con posibles inversionistas, asesores de propiedad intelectual, especialistas en mercado, etc. 

Fuimos uno de los quince finalistas y nos da un respaldo muy fuerte desde el punto de vista del concepto de sustentabilidad del proyecto”, sostiene Casalongué y agrega: “No sólo nos abre las puertas a futuros inversionistas, sino que nos ha dado respaldo al reconocerse como un proyecto de economía circular y ecológicamente amigable”.

En este sentido, Álvarez remarca que “haber sido seleccionados es como una carta de presentación de que realmente es un proyecto sostenible, que es también lo que buscamos, una economía circular en los productos que generamos, en cómo se aplican y cómo después vuelven a la gente en estos productos que finalmente consumimos, que son frutas y productos hortícolas”.

En los próximos meses, los referentes del proyecto aspiran a llegar a acuerdos en las rondas de inversión para poder dar el siguiente paso con la conformación de la startup, la validación de la tecnología que generan e iniciar el proceso de escalado para la producción de sus desarrollos para el sector agrícola.

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