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octubre 2, 2022
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Oyhamburu, el marplatense doble medallista que sueña con más

El arquero de la Selección Argentina de futsal para personas con Síndrome de Down acaba de consagrarse subcampeón mundial por segunda vez. Sin embargo, su obsesión es redoblar esfuerzos para estar en la próxima cita mundialista en Turquía y poder ganarle a Brasil.

Por Víctor Molinero

La energía de Diego es envidiable. Su agenda diaria está atiborrada de actividades pero él tiene en claro l que quiere. Acaba de consagrarse por segunda vez subcampeón mundial con la Selección Argentina de futsal para personas con Síndrome de Down pero, lejos de conformarse con la doble medalla, va por más.

Es que Diego Oyhamburu fijó en Turquía 2024, la próxima cita mundialista, su próximo gran objetivo. Y Brasil, el rival que se impuso en las dos finales pasadas, es la espina que todos los chicos del combinado nacional quieren sacarse.

Para ello, a días de arribar a Mar del Plata desde Lima, donde se disputó recientemente el Mundial, este joven de 29 años reparte su jornada entre completar sus estudios y entrenar en un gimnasio y con pelota. La idea, su idea, es disputar su tercer Mundial consecutivo con mayor protagonismo dentro de la cancha.

En el primero, en Brasil 2019, Oyhamburu atajó dos partidos completos pero en Lima, algunos dilemas personales que se le presentaron lo llevaron a reincorporarse al seleccionado apenas antes de viajar a Perú. Y lógicamente tuvo menos minutos en cancha. Sin embargo, fue en Lima, aún habiendo ocupado menos tiempo el arco de la Selección Argentina, donde su panorama se aclaró.

Cuenta Susana, su madre, que la química del grupo fue clave para que Diego renovara sus energías y se propusiera un objetivo personal y otro grupal. El primero es llegar con más chances de atajar a Turquía 2024. Y el segundo, el que se habla en la intimidad del vestuario, es ganarle a Brasil.

Nacido en Capital Federal, Diego es el mayor de tres hermanos (Micaela de 26 y Gonzalo de 25) y se radicó junto a su familia en Mar del Plata en 2005. Según confiesa Susana en diálogo con Bacap, siempre le gustó el deporte.

“Es un chico al que se siempre le gustó el deporte. A los seis meses ya hacía matronatación y había jugado en Buenos Aires cuando era chico porque siempre le gustó mucho el fútbol. Es muy futbolero, hincha de Banfield como el padre y le gusta ver los partidos. Además como sabe las reglas habla y dirige a los compañeros todo el tiempo. Es como un técnico dentro de la cancha”, asegura, orgullosa, la mamá.

Diego comenzó a jugar en la Selección Argentina en 2017, cuando se armó el primer combinado. “Se armó un equipo con chicos de todo el país. Cuando vinieron a Mar del Plata Jony Pereyra y Andrés Scarpita, que eran sus profes en Crede, llevaron a varios chicos a probarse y Diego quedó. El hacía distintos deportes en Crede pero los entrenadores le habían visto condiciones así que fue pasando los filtros de las preselleciones y quedó. Lo probaron como arquero y como defensor. Él estaba feliz porque es muy futbolero”, relata Susana.

“Viajar para una delegación no es fácil. Por el tema de los recursos económicos y también porque los chicos requieren de cierta independencia para manejarse. Pero cada una de esas experiencias lo hace madurar mucho. Es un aprendizaje constante. A tener que compartir, a ser solidarios… Particularmente Diego es un tipo muy componedor. Si surge algún problema en el grupo él es el que trata de mediar. Y es timido, ahora se está soltando un poco más porque al principio no quería fotos ni nada. En este segundo Mundial lo vi más suelto”, agrega.

Que los hijos puedan adquirir independencia para manejarse en la sociedad es uno de los grandes objetivos de la paternidad. Lograr ese equilibrio entre protegerlos y permitirles equivocarse, hacer su propio camino. La familia de Diego siempre tuvo en claro que él necesitaba expresarse como individuo. Por eso tuvo varios trabajos. Comenzó en un bar ubicado en la zona de la Facultad de Ingeniería, siguió en el Cema y también en Tribunales. 

“Se movía solo para ir al trabajo. Tenía que tomar dos colectivos. Trabajó bastante tiempo y le hizo muy bien. Levanta la confianza y la autoestima. Ahora está más dedicado al deporte y a terminar sus estudios”, explica Susana.

“Entrena con el grupo de fútbol dos veces por semana en Integra Sports, con Josua, Gerónimo y Maximiliano. Pero un día se queda para hacer un trabajo específico de arquero con Maxi. Y además va tres veces por semana al gimnasio”, agrega.

Entre estudios y fútbol, Diego se hace un lugarcito para despuntar otro “vicio”: el golf. “Antes iba a Acantilados, donde ganó bastantes premios. Ahora está yendo los sábados a jugar a Parque Camet. Le gusta mucho el deporte. Hemos ido a ver a Juan Martín Del Potro, a la selección de vóleibol y también un par de veces a Manu Ginóbili con la selección de básquetbol”, afirma la madre.

Los integrantes de la Selección Argentina de futsal para personas con Síndrome de Down tienen metas claras. La primera es la Copa América que se jugará en Brasil en el primer cuatrimestre de 2023. Justo Brasil, el verdugo de las dos finales mundialistas. “Es una risa escucharlos hablar de las ganas que tienen de ganarle a Brasil. Ellos tienen un jugador que la rompe, Renato, y en Lima fantaseaban con planes para hacer que ese chico no estuviera en la cancha en la final”, confía.

Diego hoy tiene en claro lo que quiere en el fútbol.

“Después del primer Mundial no quería volver a la Selección. Hubo un par de incovenientes en el grupo con dos chicos. Jugó para Malvinas Argentinas un torneo que se hizo en Córdoba y donde fue elegido el mejor arquero del campeonato. Pero ese equipo se desmembró en la pandemia y quedó en el aire. Ahí se enganchó con Integra Sports. Lo vieron jugar en Rosario y volvieron a llamarlo de la Selección pero no quería ir. Les dijo que no era su momento. Un exquisito el tipo”, dice riendo la mamá.

“Le dejaron las puertas abiertas pero no quería saber nada. Ahí tuvimos una charla y contó lo que le pasaba. Finalmente aceptó ir pero el Mundial ya estaba encima. Fue con un par de entrenamientos entonces jugó poco en Perú pero era lógico. Pero el grupo que se formó fue muy importante. Se hizo muy amigo del otro arquero (el cordobés Javier Fernández) y está con muchas ganas de entrenar todo el año para poder tener más minutos el año que viene”, acota.

En eso anda Diego por estas horas. Las dos medallas plateadas no parecen alcanzarle. La de oro y ganarle a Brasil son sus próximos objetivos. Y para ello entrena duro.

 

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