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julio 24, 2026

Miradas sobre la regulación del uso de celulares en las escuelas

regulación del uso de celulares en las escuelas
En los últimos meses, ha habido avances en normativas que restringen la utilización del teléfono en las aulas —a excepción de actividades con fines pedagógicos—, tanto en Mar del Plata como a nivel provincial. Qué opinan sobre esta temática funcionarios, docentes, estudiantes del nivel secundario e investigadores del área de la psicología.

 

Por Agustín Casa

En la sesión ordinaria del jueves 16 de julio, el Concejo Deliberante del partido de General Pueyrredon aprobó el proyecto de ordenanza que regula la utilización de celulares en escuelas secundarias municipales.

A partir de esta iniciativa, durante la jornada escolar los teléfonos deberán guardarse, pero podrán usarse con fines pedagógicos cuando lo indique el docente. En paralelo, se prevé la realización de jornadas de formación para docentes, estudiantes y familias.

Una normativa similar comenzó a aplicarse en 2025 en las 17 escuelas primarias municipales. La misma permite que los colegios en sus acuerdos institucionales de convivencia regulen el modo de uso del celular con fines pedagógicos. La nueva ordenanza extendería la regulación a las 18 escuelas secundarias dependientes de la Municipalidad de General Pueyrredon.

“Entendemos que hay que avanzar en una regulación que preserve del uso libre de celular por motivos de distracción o por motivos de interrupción del acto educativo, es decir, no uso del celular con fines recreativos durante el momento de clase y la posibilidad de usar el celular como un elemento pedagógico, como una herramienta de apoyo pedagógico en los momentos en los que se resuelva acceder a datos o acceder a aplicaciones con fines educativos”, señala a Bacap el secretario de Educación municipal, Fernando Rizzi. 

El funcionario reconoce que el uso del teléfono ya está presente en los acuerdos institucionales de convivencia de gran parte de las escuelas secundarias municipales, pero esta nueva normativa daría marco a que cada establecimiento decida cómo va a ser esa regulación.

“Incluso estas regulaciones o estos acuerdos institucionales de convivencia pueden llegar a consensos sobre el uso de celular restringido durante los recreos, es decir, que permitan que los estudiantes puedan tener interacción personal, interacción humana, en lugar de aislamiento tecnológico”, agrega Rizzi.

Regulación del uso de teléfonos en escuelas de gestión privada

Según un relevamiento de la Asociación de Institutos de Enseñanza Privada de Argentina (AIEPA), en Mar del Plata alrededor de 40 escuelas secundarias de gestión privada ya aplican algún tipo de regulación del uso de teléfonos en los colegios, lo que representa a la mitad de los establecimiento de nivel secundario que tiene General Pueyrredon.

Carolina Di Alessio, inspectora jefa regional de DIEGEP Región 19, remarca que el uso de celulares se encuentra reglamentado en los acuerdos institucionales de convivencia de cada escuela de gestión privada, de los que participan docentes, padres y estudiantes.

“Muchas instituciones han tenido experiencias muy valiosas en los últimos años sobre el uso medido y el reemplazo de uso de celulares por otras estrategias y espacios lúdicos. Son algunas de las escuelas de nuestro distrito las que han avanzado a partir de todo lo trabajado previamente”, asegura.

Asimismo, indica que la Dirección General de Cultura y Educación (DGCyE) en los últimos años ha estado trabajando de manera sostenida para poner en práctica estrategias pedagógicas vinculadas al uso responsable de los dispositivos móviles en el aula, basados en la convicción de que las tecnologías pueden constituirse en herramientas valiosas para la enseñanza y el aprendizaje, siempre que su utilización sea regulada y orientada pedagógicamente.

En paralelo, Martín Zurita, secretario ejecutivo de AIEPA, afirma que hay numerosos casos de escuelas de gestión privada que decidieron prohibir o limitar el uso de celulares en el aula para favorecer condiciones de atención y de aprendizaje en los alumnos, reducir distracciones y promover momentos de socialización, sobre todo en los recreos. Sin embargo, advierte que no hay una normativa uniforme a nivel nacional y que cada provincia tiene una normativa diferente.

Zurita diferencia la regulación del uso de celulares en la escuela primaria y en la secundaria. “Estamos de acuerdo en el nivel primario, porque creemos que no es una edad en la que los chicos deban tener acceso a los celulares y a todo lo que ello implica, pero si un niño tiene el celular es porque un padre se lo compra”, señala.

Al mismo tiempo, el directivo de AIEPA dice que, en el nivel secundario, hay profesores que utilizan muy bien el celular en el aula como herramienta de trabajo. “Hay que pensar si se puede escindir la tecnología, con todas las herramientas educativas que proporciona, de la escuela. Hay un dilema, porque en muchas escuelas donde las reglas son claras, y hay una supervisión docente, se trabaja muy bien. Y esto aplica luego para que en el mundo laboral y en el desarrollo de la ciudadanía los chicos tengan más herramientas. Porque si no hacés que en la escuela se cierre todo lo que es tecnología y fuera de la escuela TikTok e Instagram no cierran, están las 24 horas. Entonces, el problema no es el dispositivo, sino la ausencia de criterios que hay para usar la tecnología desde lo pedagógico”, comenta. 

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Normativa para las primarias bonaerenses

En el ciclo lectivo de este año, comenzó a regir en la provincia de Buenos Aires la ley que prohíbe el uso de teléfonos celulares en escuelas primarias, a excepción de que su utilización sea pedida por la o el docente. La iniciativa fue sancionada en septiembre de 2025 en la Legislatura bonaerense. En tanto, el debate sobre la regulación en escuelas secundarias ha sido tema de conversación en las Jornadas Pedagógicas de nivel secundario.

Al momento de la sanción de la ley, la Dirección General de Cultura y Educación (DGCyE) emitió un comunicado en el que destaca que es fundamental “atender a las particularidades institucionales y territoriales, puesto que no existe una única medida para un sistema educativo de la vastedad y heterogeneidad del bonaerense”. A su vez, el texto de la DGCyE remarca que el uso de celulares en escuelas primarias no es una práctica extendida, ya que la mayoría de las y los estudiantes no concurren habitualmente a clases con estos dispositivos. 

“El análisis deberá contemplar la posibilidad de habilitar su administración en los casos en que se constituyan en recursos pedagógicos valiosos, confiando siempre en la profesionalidad, criterio y capacidad de las y los docentes para integrarlos de manera adecuada al proceso de enseñanza y aprendizaje”, añade el comunicado.

Zurita destaca que la ley que prohíbe el uso de teléfonos en la primaria en el ámbito de la provincia de Buenos Aires propone la realización de campañas de concientización sobre los riesgos y los efectos nocivos que tiene la alta exposición a las pantallas. 

El referente de AIEPA sostiene que en el debate sobre el uso de dispositivos tecnológicos en las aulas es necesario comprometer a las familias. “Hay que ver si la escuela tiene las herramientas tecnológicas para poder reemplazar eso, porque en muchas escuelas el celular es la única manera de bibliografía que tienen los alumnos y de acceder a la tecnología”, reconoce.

Asimismo, subraya que existe mucha desigualdad en el sistema educativo y, por ello, es importante que cada escuela adopte las medidas más apropiadas para esa institución.

“Somos partidarios de que haya una autonomía institucional. Nadie mejor que la escuela conoce cuál es su realidad, cuáles son las herramientas que poseen los docentes, la escuela, los alumnos, qué tipo de familias concurren, si las familias se comprometen o no con la educación digital. Entonces, me parece que si se trata por escuela es mucho más realista el panorama”, asegura Zurita.

Medidas a nivel nacional e internacional

Un reciente informe de la organización Argentinos por la Educación señala que el 59 % de los estudiantes de tercer grado (8 años) de la escuela primaria de nuestro país tienen celular propio y que un 23 % no tiene teléfono móvil pero utiliza el de algún familiar. El documento se elaboró a partir de los datos de las Pruebas Aprender 2024. 

Asimismo, el trabajo concluye que las investigaciones evidencian que la prohibición reduce distracciones y la utilización de teléfonos en las aulas, pero los resultados sobre una mejoría en el rendimiento escolar son dispares.

El informe resalta que en nuestro país no hay una normativa unificada a nivel nacional, pero que en 10 provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires rigen leyes, resoluciones o protocolos propios sobre el uso de celulares en las aulas. 

Además, da cuenta de la ampliación de este tipo de normativas a nivel global, ya que, según UNESCO, mientras en 2023 apenas un cuarto de los países habían implementado alguna restricción formal al uso de celulares en escuelas, en la actualidad más del 60 % de los países ha avanzado en medidas en esa dirección.

celulares

La opinión de las y los estudiantes

La voz que menos se ha escuchado en el debate sobre la necesidad de regular el uso de celulares en las escuelas es justamente la de quienes deberían utilizar o no los teléfonos en las aulas: los estudiantes. 

Maia, presidenta del Centro de Estudiantes del Colegio Nacional Arturo Illia de Mar del Plata, considera que “el celular en las aulas puede ser una gran herramienta en la clase si se usa de manera correcta como un dispositivo que ayude a acortar la brecha y las diferencias económicas entre estudiantes”. 

En este sentido, señala que “la fotocopia es, más allá de las preferencias personales, cada vez más costosa y no está al alcance de todo estudiante, mientras que un celular suele ser más accesible a largo plazo”. También resalta que un celular “permite utilizar material de manera inmediata y ciertas herramientas pueden ser productivas para materias como informática”.

No obstante, Maia sostiene que “se debe mantener un uso regulado y específico, debido a que si se utiliza por mucho tiempo seguido, y se vuelve un elemento troncal en el aula en general, se termina volviendo una distracción rápida”.

En colegio Illia, las autoridades tomaron la medida de contar con “cajitas” de madera para guardar los teléfonos de manera optativa y a criterio del docente. Maia asegura que no se usan con frecuencia a excepción de las instancias evaluativas.

Por otra parte, en el Polivalente de Arte de Mar del Plata no se han tomado medidas concretas sobre el uso de celular. Sin embargo, la institución ha realizado jornadas de convivencia para conversar y debatir sobre la temática entre alumnos y docentes. 

“La prohibición no me parece lo más adecuado porque el celular sigue siendo una herramienta, incluso de comunicación. Pero, si se busca regular su uso, debería hacerse con personas que lo vivan constantemente: docentes, directivos y alumnos, y no intentar manejar esta situación desde la comodidad de una oficina, alejada de la realidad”, indica Martina, presidenta del Centro de Estudiantes del Polivalente de Arte.

Para Martina, “el celular podría aprovecharse enormemente en la educación”. En este punto, comenta: “En él cabe un mundo de posibilidades y recursos didácticos: desde aplicaciones para crear, organizadores escolares, soporte visual o auditivo, hasta fuente de información. El teléfono nos abre un abanico de herramientas muy potentes”. 

“Creo que debemos encontrar como sociedad y como comunidad educativa, a nivel nacional, una alternativa: un punto medio entre la prohibición y el uso desmedido de los dispositivos móviles, donde cada actor de la comunidad aporte su parte para alcanzar ese objetivo”, opina la estudiante.

Reflexiones desde la enseñanza

Desde el ámbito docente coinciden en la necesidad de regular el uso de teléfonos en las aulas aunque no como prohibición, pero reconocen su potencial como herramienta pedagógica. 

Mercedes Hoffmann, profesora de la cátedra Tecnología Educativa del Departamento de Ciencias de la Educación de la Facultad de Humanidades de la UNMDP, afirma que las tecnologías son una condición constitutiva del proceso educativo y que, en la actualidad, es muy difícil imaginar una escuela sin tecnología. 

Sin embargo, los celulares exceden ampliamente lo educativo. A través de estos dispositivos amplía, nos comunicamos, accedemos a información, interactuamos y, en algún punto, también “existimos” en otros espacios. “Son una extensión de nuestra experiencia, nos permiten habitar múltiples entornos de manera simultánea”, subraya.

La especialista en tecnología educativa dice que, en este contexto, la clave no está en el dispositivo en sí, sino en la intencionalidad pedagógica. “Qué sentido le damos a su uso, con qué propósito lo incorporamos y bajo qué condiciones. Ahí es donde se juega su valor educativo”, reflexiona Hoffmann, magíster en Procesos Educativos mediados por Tecnologías y también jefa departamento Enseñanza Especializada del Instituto Nacional de Epidemiología «Dr. Juan H. Jara».

Al mismo tiempo, Hoffmann admite que los celulares pueden ser una distracción cuando no hay una mediación docente clara. “No hay que perder de vista que tanto los dispositivos como las redes sociales están diseñados para captar y retener nuestra atención”, recuerda.

En este marco, afirma que es necesaria la regulación y que los acuerdos sobre cómo, cuándo, cuánto, por qué y para qué usar estos dispositivos son un debate que el sistema educativo tenía pendiente.

“Regular no debería reducirse únicamente a prohibir. Más bien, se trata de construir criterios pedagógicos que orienten su uso. Por ejemplo, en el caso de Mendoza, donde el año pasado se habilitó su uso con fines pedagógicos, se abrió un debate interesante sobre estas mismas cuestiones”, ejemplifica.

Rocío García Paris, profesora de Matemática y profesora y licenciada en Ciencias de la Educación, da clases en el Instituto Superior de Formación Docente N°19 y en la Escuela de Educación Secundaria N° 36. García Paris ve una oportunidad pedagógica en la utilización de la tecnología como herramienta para trabajar algunos contenidos de clase y considera que la clave está en determinar qué herramientas didácticas utilizan como docentes.

“Desde la didáctica tenemos que observar si los vamos a utilizar como una herramienta o si los vamos a utilizar como un mero dispositivo para solo graficar funciones, por ejemplo, con el uso del GeoGebra (una plataforma que permite realizar ejercicios matemáticos) y no pensar en la potencialidad de los deslizadores (permiten cambiar el valor de una variable), en qué oportunidades didácticas nos traen, cuáles son las reflexiones que vamos a utilizar a partir de ellos. Depende mucho de la mirada que el docente tenga respecto del uso como herramienta pedagógica”, explica.

En paralelo, entiende que los teléfonos son una distracción, sobre todo en nivel secundario, porque los adolescentes utilizan el celular para distintas actividades, incluso para conversar entre ellos.

“Ahí también hago mea culpa y pienso como docente en cuán interesante son nuestras clases como para que nuestros estudiantes prefieran tener el teléfono a estarnos prestando atención. Si nuestras clases resultan lo suficientemente interesantes como para entender que el estar aquí y ahora es más importante, tal vez los atraparíamos mejor sin necesidad de prohibirles su uso”, reconoce García Paris.

Además, entiende que con el uso de teléfonos en clase tiene que haber un aporte pedagógico relacionado con transmitir información clara y actividades sobre algunos riesgos vinculados al uso de pantallas, por ejemplo, la ludopatía. 

“Pensaría en cuáles son las herramientas que le podemos dar para la vida a esos estudiantes más que si se los prohíbo las dos horas de clase”, remarca.

Marianela Monti, profesora en Física y vicedirectora de la EES N°22, concuerda en que la utilización de dispositivos tecnológicos en las aulas son una oportunidad si el uso es regulado y supervisado, con un objetivo claro de la clase. Pero aclara que “el uso fuera del contexto de la clase o momentos no adecuados sí es una distracción”.

“En la escuela donde me desempeño, el uso de celular se regula por el docente, quien tiene la potestad de decidir si es motivo de distracción de algún estudiante particular, puede retenerlo y entregarlo al equipo directivo hasta el horario de salida. Durante el recreo y en espacios comunes se utilizan libremente”, comenta.

En este punto, señala: “Si algún estudiante se distrae por el móvil, se lo informo a la familia y se lo retiro de reiterarse la situación Por ejemplo, en momentos de explicación o puestas en comunes, debates o diálogos”.

Para Monti, “si el dispositivo se utiliza para la resolución de ciertas consignas o con algunas páginas determinadas (por ejemplo, simuladores) que el estudiante deba resolver y obtener una producción propia, más allá de su formato de entrega, lo considero una herramienta valiosa sobre todo por cómo lo toman los chicos”.

“Si bien como profesora en Física es muy interesante trabajar con simuladores, prefiero usar las netbooks por el tamaño en que puede observarse. Si no se puede acceder a cierto material bibliográfico o tablas periódicas o netbooks, lo utilizo como herramienta de búsqueda siempre controlando que el uso sea el asignado”, agrega.

regulación del uso de teléfonos en las aulas

El uso de pantallas en la niñez y la adolescencia

El psicólogo Lucas Gago Galvagno advierte que la evidencia muestra asociaciones consistentes, aunque no siempre causales, entre el uso excesivo de pantallas en la primera infancia y dificultades en el desarrollo del lenguaje y la motricidad.

“El aprendizaje lingüístico temprano depende fuertemente de intercambios cara a cara con adultos. Cuando el tiempo de pantalla reemplaza estas interacciones, se reduce la cantidad y calidad del input lingüístico, lo que se ha asociado con menor vocabulario y retrasos en la adquisición del lenguaje”, resalta el doctor en Psicología, becario postdoctoral del CONICET e investigador del Centro de Altos Estudios en Desarrollo Humano y Psicología (CAEDHPSI) de la Universidad Abierta Interamericana (UAI).

El investigador recuerda que la Organización Mundial de la Salud y la American Academy of Pediatrics recomiendan evitar el uso de pantallas en menores de 2 años, excepto videollamadas, y limitarlo a un máximo de una hora diaria en niños de 2 a 5 años, priorizando contenidos de calidad y apropiados para la edad y el acompañamiento activo de un adulto.

Gago Galvagno señala que, desde la psicología del desarrollo y las ciencias cognitivas, la regulación del uso de celulares en el aula tiene fundamentos sólidos, ya que los dispositivos móviles compiten directamente por recursos atencionales limitados. 

“La evidencia en atención y regulación infantil muestra que la multitarea en contextos educativos deteriora el aprendizaje, la memoria y la comprensión profunda. Incluso la mera presencia del celular puede afectar el rendimiento cognitivo”, cuenta.

Asimismo, el doctor en Psicología añade: “La evidencia sugiere que las políticas más efectivas combinan regulación clara con integración pedagógica y procesos de alfabetización. Es decir, limitar su uso en momentos donde interfieren con el aprendizaje, pero también enseñar a usarlos de manera intencional y crítica”.

Por su parte, la psicóloga marplatense Rosario Gelpi Trudo asegura que gran parte de los contenidos digitales a los que se accede desde el celular están diseñados para capturar nuestra atención. No obstante, recuerda que el celular ofrece herramientas valiosas para el aprendizaje y que “los chicos, cuando salen de la escuela, se encuentran con una vida en la que muchísimos aspectos están mediados por la tecnología, la escuela no puede ignorar esa realidad”. 

Por ello, sostiene que restringir el uso del celular en las escuelas no alcanza por sí solo. “También es necesario enseñar a usar las tecnologías: no solo desde lo técnico, sino también en términos de estrategias para autorregular el uso (porque más tarde van a tener que estudiar en casa, o trabajar, y van a necesitar saber cómo no distraerse con el celu mientras tanto) y en términos de ciudadanía digital: cómo distinguir información confiable de la que no lo es, cómo cuidar la huella digital, o cómo sostener vínculos saludables con otros aun cuando esos vínculos estén mediados por una pantalla. Esto último es fundamental para prevenir problemáticas como el cyberbullying entre pares o el grooming, que hoy tanto nos preocupan”, explica Gelpi Trudo, doctora en Psicología y becaria del CONICET en el Instituto de Psicología Básica, Aplicada y Tecnología (IPSIBAT) de Mar del Plata, dependiente del CONICET y la UNMDP, y docente de la Facultad de Psicología de la UNMDP.

Ángel Tabullo estudia la comprensión del lenguaje en niños y adultos y ha trabajado con la lectura en soporte digital. “La lectura en celulares conduce a una peor comprensión que cuando se lee en papel o incluso en pantalla de computadora. Pensamos que esto ocurre porque el celular se asocia a una modalidad de procesamiento más superficial del material, posiblemente influenciada por la manera en que consumimos contenidos multimedia en redes sociales”, detalla el doctor en Medicina, licenciado en Psicología e investigador del CONICET en el Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales (INCIHUSA) de Mendoza.

El investigador asegura que “el celular te acostumbra a tratar todo lo que hacés en ese medio de una manera más desatenta y más superficial, y automáticamente es más difícil llegar a un procesamiento profundo”. 

“Esto es peligroso porque lo mismo que analizamos pobremente un texto expositivo, analizamos pobremente una noticia y eso contribuye a la difusión de noticias falsas, a la difusión de teorías conspirativas, de todo lo que tenga un contenido emocionalmente resonante, que es lo que se aprovecha para viralizar en redes sociales”, añade el especialista.

Un estudio realizado en Mar del Plata

Gelpi Trudo investiga el efecto mediador de las funciones ejecutivas en la relación de los hábitos de uso de las TICS con el autocontrol y el desempeño académico. En el marco de su tesis doctoral en el IPSIBAT de Mar del Plata, estudió en niños de escuelas primarias “los vínculos entre el tipo de uso de tecnologías, las funciones ejecutivas (que son los procesos cognitivos que nos permiten autorregular la atención, los pensamientos y las conductas), el compromiso de los chicos con la escolaridad y su rendimiento académico”.

Respecto al trabajo, Gelpi Trudo explica: “Encontramos que no todos los niños hacen el mismo uso de las tecnologías. Identificamos un perfil de uso más intensivo y problemático, que representaba a una proporción pequeña de la muestra. Luego, dos perfiles de uso moderado: uno orientado principalmente a la recreación y otro al uso social. Y finalmente, el más numeroso fue el de uso más bajo”.

La becaria del CONICET cuenta que “para nuestra sorpresa, estos perfiles no mostraron diferencias en sus funciones ejecutivas: no había distinciones entre grupos en la capacidad de inhibir estímulos distractores para concentrarse en lo importante, controlar conductas impulsivas o retener información relevante”.

Asimismo, Gelpi Trudo comenta que encontraron “diferencias en el compromiso con la escuela y en las calificaciones, y ahí apareció otro resultado interesante: tanto el perfil de uso intensivo y problemático como el de uso moderado, pero exclusivamente recreativo, mostraron menor compromiso escolar y peores notas que los perfiles de uso bajo o de uso moderado con un componente más social”.

“Esto nos dice que lo que los chicos hacen con los dispositivos, el para qué los usan, importa. Y nos lleva a pensar que quienes recurren mucho a las pantallas como fuente de entretenimiento quizás presenten una menor motivación hacia lo académico, más que dificultades en sus capacidades cognitivas en sí mismas”, finaliza.

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