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febrero 4, 2023
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Desguaces y hundimientos: ¿qué pasa con los buques inactivos?

La desafectación de los barcos persigue varios objetivos: la operatividad del puerto, la reducción del impacto ambiental y aspectos turísticos y deportivos. El Consorcio Portuario Regional avanza con su plan.

Por Thomás Lahitte

De paseo por la escollera o la Banquina cualquier familia marplatense o turista se ha topado con una imagen: buques descascarados, cascos invadidos por el óxido o escorados y a medio hundir. La postal, aunque pintoresca, representa uno de los problemas con los que el puerto local lidia hace tiempo.

La ciudad cuenta con una historia negativa en cuanto a buques hundidos y/o abandonados que producen un notable perjuicio a la operativa portuaria y el ambiente. Así lo asegura la resolución 343-21, emitida el año pasado por el Consorcio Portuario Regional en uno de los tantos intentos por revertir la situación. La normativa buscaba dar incentivos a los armadores para avanzar con los desguaces, eximiéndose del pago por uso del puerto. 

“El Consorcio no es responsable del desguace de los barcos, sino el armador”, explica Gabriel Felizia, titular de la entidad a Bacap. Los buques inactivos, según informaron desde el Consorcio, se redujeron de los 50 a menos de 40 entre agosto y noviembre. El número es dinámico, ya que cambia entre los removidos y quienes ingresan a dicha condición. “Nos sacan entre el 25 y 30% del amarre en los muelles”, agrega. La congestión en el tráfico portuario es producto, en buena medida, de esta situación.  

El varadero de la Base Naval y los astilleros locales, piezas claves

A fines de julio, el Consorcio Portuario Regional firmó un convenio con la Armada para hacer uso del varadero como espacio para los desguaces. El acuerdo rubricado no es el primero: durante la gestión de Matías Merlini se habían estipulado 40 meses en  los que no se logró realizar ningún trabajo. Según explicó Felizia, el varadero debía acondicionarse. 

Desguaces y hundimientos

Con la firma de un nuevo convenio y la colaboración de astilleros locales como SPI  con los Chiarpesca 58 y 57 y TPA, encargado del Mar Azul, se efectuaron al menos una decena de desguaces. El Harengus, por su parte, fue retirado para realizar los trabajos fuera de la ciudad y el Magritte se convirtió en la primera nave en ser subida al varadero. El San Antonio, el Susana y el Millenium, por su parte, ya fueron asignados a los distintos espacios. 

Los planes de desguace de cada buque deben ser presentados previamente a la Prefectura Naval, encargada de la regulación y el control. En los últimos años, desde el Consorcio, buscaron establecer contacto con los propietarios de cada uno de los buques y notificarlos sobre la responsabilidad y beneficios generales de retirar esas embarcaciones que ya no están aptas para la navegación. 

El Parque Submarino “Cristo Rey”

Además de los desguaces hay otro destino posible para los buques inactivos: el hundimiento. En 1981, el barco barreminas “Cristo Rey” naufragó. Un temporal acontecido unos días después, destrozó y repartió los restos, por lo que la ubicación de la nave resultaba dificultosa, aún más en una época dónde era la triangulación y no el GPS, la herramienta a mano.

Luego de 25 años se halló el lugar dónde descansaba buena parte del “Cristo Rey”. Los restos habían formado un arrecife artificial con vida propia y comenzó a ser objeto de excursiones de buceo. “En el año 2014 se hizo una limpieza de buques en desuso dentro de los que estaba el Kronometer, un barco de la Unión Soviética”, comenta Carlos Brelles, miembro de la Escuela de Buceo Thalassa. 

Desguaces y hundimientos
Se llevan a cabo trabajos de desguaces y hundimientos de embarcaciones inactivas.

Varado y sin bandera, la nave pasó a ser del Estado nacional. Luego de los trabajos correspondientes, pasó a ser parte del parque submarino. El hundimiento también sirvió como objeto de estudio de la Universidad. La pregunta era, ¿cuánto tarda en formarse la vida en un arrecife artificial? Los estudios concluyeron que a los tres meses ya había presencia de larvas y que a los dos años se formaba el mismo sistema de vida que en un arrecife natural.

A principios de agosto se sumó un tercer buque, el “Simbad”. Según explica Brelles, buscan al menos tres o cuatro más. La operativa no es sencilla. Las naves deben tener ciertas condiciones, como por ejemplo, poder mantenerse a flote en el arrastre y no tener deudas o juicios así como contar con el visto bueno del armador, quién finalmente se hace cargo de los costos. Según estimó, el hundimiento del Simbad costó 150 mil dólares.

“No se tira chatarra al mar. Se hacen trabajos de limpieza aprobados por Prefectura y la OPDS”, argumenta Brelles quién busca desarmar ciertos prejuicios. 

Para la Escuela de Buceo significa ampliar las excursiones y fomentar tanto el deporte como el turismo -muchas veces internacional- además de liberar amarre en el puerto, servir como sustento científico e incluso artístico. “Es un proyecto importante para la ciudad”, concluyó.

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