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abril 19, 2024
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«El teatro independiente te ofrece la posibilidad de meterte a universos diferentes»

Una de las socias fundadoras de El Club del Teatro, la actriz, directora y docente Belén Rivero, habló sobre cómo es llevar adelante un espacio cultural por casi dos décadas en Mar del Plata. 

Por Max Czajkowski

El Club del Teatro, ubicado en Rivadavia 3422, surgió allá por el año 2005 con cinco socias fundadoras: Paola Belfiore, Mónica Pari, Belén Rivero, Paula Esteve y Paula Scarpetta (estas dos últimas ya no forman parte de la sociedad del espacio). Con el paso de los años el lugar pasó a llamarse Espacio Cultural Bronzini donde, además del Club del Teatro, funcionan una radio cooperativa, una cine club y una sala de exposiciones. Entonces ellas con la gente del Partido Socialista se reunieron para crear un nuevo espacio cultural. «Yo venía de vivir siete años en Buenos Aires y con muchas ganas de acomodarme acá. Entonces, era meterme en un proyecto que era bastante a futuro y ambicioso porque era armar una sala en un lugar donde no había nada en ese momento», recuerda Belén Rivero, hoy administradora de El Club. Y agregó: «Así que nos reunimos un día y fue re importante porque fue de esas como que te cambian la vida». 

La primera gran apuesta en su primera temporada de verano fue la obra «Dilema» que venía de Buenos Aires. Luego, se fue organizando una programación local que siempre es el eje del lugar. El nombre «El Club del Teatro» viene a partir de cómo es el espacio. «Es una especie de club. En la otra cuadra está el club Mar del Plata, entonces a veces venía gente y preguntaba ¨¿Este es el club Mar de Plata?¨. Pero el nombre surgió a partir del concepto de club, de generar un espacio de socios. De hecho, hemos tenido los carnets de socios en algún momento, ahora ya todo ya no», comenta Belén. 

En cuanto a la curaduría y cómo funciona en criterio de espectáculos y talleres en el Club, Rivero explica: «Hay formación de Teatro para todas las infancias, adolescentes y adultos. Como así también danza, seminarios de clown y seminarios de dirección y puesta en escena. Después hay seminarios especiales que vienen muchos docentes específicos que convocamos o que vienen de Buenos Aires o internacionales.  Después tratamos de tener una cierta forma de hacer una curaduría durante el año. La mayor parte de nuestra programación es de Mar del Plata. Siempre recibimos propuestas y armamos la grilla. Básicamente lo que hacemos es, principalmente, si cada una de nosotras abre la sala es porque tiene algo para mostrar». 

– ¿Qué es lo que te gusta ver a vos como espectadora?

– A mí me gusta mucho el espectáculo de variedades. O sea, un poco de la fusión con lo que es la música, la danza, el café concert, los monólogos, el humor.  En base a lo que veo, pensamos que tenemos para poner en la programación y después ver los espectáculos que ha habido durante el año y que se han estrenado en la sal.  Acá han empezado muchos espectáculos que después se han hecho conocidos como «Los Bla Bla«, por ejemplo, que empezaron viniendo acá y después van a una sala de 1000 localidades.

Durante estos años, me imagino que además de lo artístico también fuiste desarrollando ese lado empresarial para tener otra visión de los espectáculos. 

Yo creo que es la pata flaca de mucha de la gente que nos dedicamos netamente a la cultura o al teatro. Porque estamos muy focalizados en todo lo que es la producción desde la obra en sí. En general, Mar del Plata es una ciudad que en verano se atosiga y se desborda de propuestas. Pero eso me parece que ha ido cambiando un poco. En Mar del Plata hay gente que todo el año quiere ir a ver obras y cosas y yo, por ejemplo, siempre apuesto a eso y no tanto al verano. Particularmente no me quita el sueño la temporada. Me parece mucho mejor tener propuestas para el invierno Porque quiero tener un espacio para ver cultura, para ver manifestaciones diferentes, pero bueno, el verano ya sabemos que es así.

– En cuanto al público marplatense, durante estos años, ¿hay renovación o siempre es el mismo núcleo de personas?

– A mí me da la sensación que, en cierta forma, el teatro independiente genera una especie de nicho propio. Como teatro independiente me parece que tenemos que empezar a ganar más público. Obviamente hay espacios culturales que son más abiertos a la a la comunidad. Pero principalmente las salas de teatro independiente tienen una gran mayoría de público que son de teatro y son del espectro más continuo del teatro, los familiares, amigos. Pero bueno, yo creo que es lo más lindo, es invitar a la gente al desafío de venir a ver. Es el desafío de ser independiente y no perder el lado artístico. No dependemos de la boletería, sino de lo artístico, o sea, somos más libres a la hora de crear.  Estamos yendo el lugar donde es muy genuino lo que se está mostrando. Ahí hay un trabajo de búsqueda totalmente diferente a lo que son los teatros comerciales, que ya son fórmulas, que sabemos que funcionan y que ya han funcionado. 

– El público que viene a verlos quiere ver esa búsqueda.

El público de teatro independiente es más osado y quiere como dejarse llevar un poco por las nuevas tendencias, por nuevas maneras de vivir las experiencias. En Mar del Plata, el público en general va por donde pasa la moda, Inauguran un bar irlandés y hay 200, se proliferan los bares irlandeses.  Después se pone de moda la cerveza artesanal y hay en todos lugares cerveza artesanal y son todos lugares iguales y todos llenos. El teatro independiente te ofrece las posibilidades de meterte a universos diferentes. Los centros culturales de Mar del Plata son todos muy distintos y muy alucinantes. Vas a uno tiene una propuesta, vas a otro hay propuestas que tienen gastronomía, que tienen cafetería, que tienen una parrillita, que tienen distintos espacios o que funcionan distintas cosas al mismo tiempo. A mí me parece que es una aventura que la gente tendría que empezar a vivir. 

– ¿Cambió algo esa Belén de hace 18 años que empezó acá en el Club del Teatro?

– No cambió nada y sigue con esa visión del mundo artístico igual. Sigo con el mismo espíritu inquieto porque el envase puede envejecer, pero la cabeza no. La cabeza se alimenta todo el tiempo. El Club no me sostiene monetariamente, pero sí me sostiene el espíritu. El Club me abrió el espectro de los demás lugares donde trabajo.  Es una gran vidriera el teatro, porque es gestionar un espacio por 18 años. Gestionar la economía, la limpieza, gestionar la infraestructura, gestionar las programaciones, la curaduría. O sea, todo eso es un trabajo que nos ha dado a las a las cinco socias una mirada increíble porque te hace ejercitarte. Nosotras estamos todo el tiempo viendo obras, hablando con gente, mirando nuevas maneras. Somos docentes todas las que estamos acá. Entonces, estamos todo el tiempo renovando la energía y elegimos el teatro para para vivir porque es la única manera que encontramos para hacerla.

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