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septiembre 17, 2021
Gabriel Machovsky-Capuska
Lo de Acá

Científico marplatense contribuyó a probar que los plásticos son “trampas evolutivas” para los animales

El biólogo Gabriel Machovsky-Capuska trabajó con dos colegas brasileños en esta línea de investigación cuyos resultados fueron publicados en la prestigiosa revista Science. La historia de este inquieto profesional que tuvo muchísimos trabajos para solventar sus sueños. 

Por Claudia Roldós

Desde Sidney, Australia, donde vive actualmente, el biólogo Gabriel Machovsky-Capuska no puede ocultar la emoción de estar en contacto con su ciudad natal. Aunque hace 15 años que emigró -con tres mochilas y 200 dólares en el bolsillo- tanto Mar del Plata, como “toda la gente con la que me crucé en el camino y puso su granito de arena para que yo pueda cumplir mis sueños” siguen presentes en su corazón y, cada vez que puede, se suma y colabora en investigaciones relacionadas con su línea de trabajo: la nutrición animal. 

Justamente tras participar junto a colegas marplatenses, franceses y australianos en una investigación sobre los mecanismos que llevan a los animales -no solo marinos, sino también terrestres y dulceacuícolas- a ingerir plásticos, tomó contacto con los Robson Santos (Universidade Federal de Alagoas, Brasil) y Ryan Andrades (Universidade Federal do Espírito Santo, Brasil) quienes le propusieron profundizar en una tesis que habían planteado hace tiempo: Los plásticos como trampas evolutivas para los animales, que probaron tras un intenso proceso en el que revisaron más de 5000 estudios puntuales y cuyos resultados resultaron de interés para la prestigiosa revista Science, que incluyó el artículo en su edición de julio último. 

Publicar en Science era uno de los sueños de de Gabriel, quién para lograr insertarse en la carrera científica tuvo que pasar por una amplia variedad de trabajos y peripecias, que incluyeron trabajos en gastronomía, como empleado de comercio, guardavidas de playa y del Emder, en el Acuario del Museo Municipal de Ciencias Naturales, dos campañas de verano en la Antártida -refugio Gurruchaga en la Isla Nelson-, despachar café en la terminal de Auckland -Nueva Zelanda-, entre otras. 

“Desde muy pequeño quise ser biólogo marino” aseguró Machovsky-Capuska en una charla con Bacap, en la que reconoció que demoró muchísimo en terminar la licenciatura en ciencias biológicas en el Universidad Nacional de Mar del Plata, porque “desde la primaria, trabajé para ayudar en casa”. 

Recordó que se crió en La Perla, fue a la escuela Pascuala Mugaburu e hizo el secundario en el Don Bosco con una beca completa. “Cuando tenía 11 años, mi papá enfermó gravemente y siempre ayudé en casa”. Y lo siguió haciendo hasta 2019, cuando su mamá, que seguía aquí, falleció. 

“Mientras terminaba la carrera fui ayudante, tomé contacto con la Antártida e hice las campañas, pero por mi edad, aquí iba a ser imposible entrar al sistema científico y yo quería cumplir mi sueño, quería ser investigador” dijo. Por ello estudió inglés intensamente, aplicó para un programa Work & Holidays y se fue a Nueva Zelanda. “Allí también me costó mucho encontrar un trabajo de biólogo. El primero que tuve, en la Universidad de Niwa, fue de técnico y seguí en la cafetería porque sinó no me alcanzaba para mandar plata a Mar del Plata” confió. 

Gabriel Machovsky-Capuska
Gabriel Machovsky-Capuska en la Antártida.

Luego de esa experiencia, obtuvo una beca para hacer su doctorado en ecología marina, en la Universidad de Massey, donde mientras daba clases, entre otros logros, obtuvo un reconocimiento al mejor investigador del año. 

Mientras se doctoraba, conoció Karen y a su hija Sabrina, con quienes formó una familia que se agrandó con la llegada de Guillermo. 

Con ellos tomó la decisión de trasladarse a Australia, cuando tuvo la oportunidad de acceder a un contrato de 5 años para dar clases e investigar en la Universidad de Sidney

Aunque ahora las tareas de investigación no son lo principal en su día a día, por motivos familiares, “siempre guardo un tiempo para la actividad científica, porque es mi pasión” aseguró. 

Un estudio basal

En referencia al estudio publicado en Science, Machovsky-Capuska destacó que “es basal”, es decir, que puede constituirse en punto de partida para profundizar otras líneas de trabajo relacionadas. 

– ¿Cómo surgió la investigación sobre el consumo de plástico de especies, tanto terrestres como acuáticas? 

– Durante mi estadía en la Universidad de Sydney me capacité en ecología nutricional en animales, aprendiendo e investigando cómo los animales buscan su comida, qué tipo de comida es y qué nutrientes y contaminantes tienen. A principios de 2019 toda la familia recibió la ciudadanía australiana y durante el 2019 siendo family CEO me surgió preguntarme cual era la perspectiva nutricional de un animal frente a una temática como los plásticos. En colaboración con colegas de Francia, Australia y un marplatense -Juan Pablo Denuncio-, redactamos un artículo dedicado a las consecuencias que la ingesta de plásticos podría tener en los animales. Ese artículo me acercó a mis colegas brasileros. 

En septiembre de 2019 me puse en contacto con los doctores (PhD) Robson Santos (Universidad Federal de Alagoas, Brasil) y Ryan Andrades (Universidade Federal do Espírito Santo, Brasil). Con ambos trabajamos en 2 proyectos que nos dieron resultados inmediatos (2 historias publicadas). Al terminar el Segundo proyecto, Robson me propuso reflotar otro que tenía que ver con evaluar la ingestión de plásticos como trampas evolutivas. Entonces bajo su liderazgo empezamos a trabajar en el artículo. 

– ¿Publicar en Science era su objetivo desde el principio?

– Nos propusimos la revista Science como algo utópico, no es muy común o fácil acceder a la revista más prestigiosa en ciencia general junto con Nature. Las dos tienen un nivel de aceptación del 5%. Publicar en ellas es como ganar una medalla de oro en los juegos olímpicos según mis amigos argentinos que no son científicos y quieren explicar este logro. 

Plástico, un verdadero problema para el medio ambiente

– ¿Cómo concluyeron que la cada vez mayor presencia de plásticos en los ecosistemas fuerza a los organismos a tomar decisiones nutricionales que luego resultan perjudiciales para su especie? 

– Bajo el liderazgo de Robson, empezamos el proyecto haciendo una revisión total de la literatura de plásticos desde 1980. Y encontramos un crecimiento exponencial, desde un último censo publicado, en el número de especies que consumen plásticos. Hay más de 1500 especies registradas. Lo nuevo es que se creía que solo especies marinas están afectadas, pero especies terrestres y de ambientes dulceacuícolas también lo están solo que son menos estudiadas.  No solo encontramos que los plásticos se han desparramado por masivamente en especies del árbol genealógico (incluyendo la mitad de los órdenes de vertebrados), sino que en los ecosistemas en que viven. Eso nos llevó a preguntarnos cuáles eran las causas del problema y buscar que es lo que sabía hasta el momento. 

Si bien al principio solo se relacionaba animal comiendo una bolsa de plástico por sus similitudes a sus presas (ejemplo clásico es la tortuga confundiendo una bolsa de plástico con una medusa), existen varios factores a considerar en el problema, incluyendo la disponibilidad de plásticos en el medio ambiente, el estado nutricional de los animales en ese momento (si están con hambre o no) y sus estrategias de forrajeo (como comen). 

Eso nos llevó a pensar que los animales se encuentran en una trampa evolutiva en la que no saben cómo desarrollar estrategias para resolverla. Y en la que generalmente se habla de años de adaptación para, potencialmente. adaptarse a una situación nueva. Al mismo tiempo, los animales pueden compartir distintos tipos de información con sus pares y de ahí aprender a que quizás los plásticos no son presas. El dilema es que distintas especies de animales tienen capacidades diferentes para aprender y por ende es casi imposible. 

Gabriel Machovsky-Capuska junto a su familia.

– ¿Cuáles son esos perjuicios específicamente?  ¿Podés poner algún o algunos ejemplos concretos que evaluaron?

– Para ser concreto, todos los beneficios que los plásticos tienen para la Sociedad (durabilidad, color, textura, compuestos químicos) han hecho que sean un verdadero problema para el medio ambiente que no sabe cómo responder ante ellos. 

El estudio de los impactos de plásticos en animales está en sus orígenes. Dependiendo del tipo, tamaño y composición química, puede ser el efecto que tienen en los animales. Ejemplos de investigación de la Universidad de Mar del Plata (Dr. Pablo Denuncio, Prof. Diego Rodriguez, Prof. Ricardo Bastida, y otros) en delfín Franciscana y lobos marinos muestran  que los mega plásticos (bolsas de basura, desechos de pesca, globos, etc) pueden llegar a ser causa de muertes en estos animales.  Lo mismo encontramos en otros animales en nuestro artículo. Parte de nuestro trabajo mostró cómo los plásticos causan una sensación de estómago lleno y por ende los animales dejan de comer debilitándose completamente.
El tema También es que los plásticos se rompen en componentes pequeños (microplásticos) que también dañan a organismos físicamente o por sus compuestos químicos. 

Finalmente un tema que está empezando a ser estudiado con más detalle son las fibras plásticas provenientes de prendas textiles que al ser lavadas en nuestros lavarropas crean microfibras que También pueden dañar a los organismos. 

– ¿Qué recomiendan ustedes para frenar este proceso que observaron? 

– Proponemos en el trabajo que la única solución es una intervención humana en la que. por ejemplo, se reduzca la producción y consumo de plásticos drásticamente, empezando por los plásticos de uso único, como sorbetes, etc. o empezar a buscar substitutos de plásticos que sean reciclables, económica y ambientalmente sustentables. 

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