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julio 14, 2024
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La costa marplatense, un libro para conocer la historia natural de Sudamérica

El frente costero del partido de General Pueyrredon presenta importantes afloramientos naturales con sedimentos y fósiles de distintos tiempos geológicos, en particular de los últimos 4 millones de años aproximadamente. El estudio de esos registros, hallados en los acantilados del sur y el norte de la ciudad, permite conocer cómo eran en el pasado la fauna y los ambientes de la llanura pampeana.

Por Agustín Casa

¿A qué se debe el hallazgo constante de nuevos fósiles en la costa marplatense? ¿Qué características geológicas y paleontológicas se presentan en el sector costero del partido de General Pueyrredon? 

La costa de Mar del Plata presenta las últimas elevaciones del sistema de Tandilia. Por ese motivo, se observan distintos afloramientos naturales. Por un lado, se pueden ver ortocuarcitas de la Formación Balcarce, popularmente conocida como piedra Mar del Plata. Se trata de piedras datadas en unos 450 millones de años (Paleozoico inferior).

Estas rocas forman parte del paisaje costero de la ciudad y están presentes principalmente desde Punta Iglesias hasta el Faro, y en puntos emblemáticos de Mar del Plata como Cabo Corrientes y Parque San Martín.

“Son rocas marinas, de un ambiente de plataforma. Cuando uno dice plataforma marina, es un ambiente marino de poca profundidad”, cuenta a Bacap Marcelo Zárate, geólogo, doctor en Ciencias Naturales e investigador del CONICET en el Instituto de Ciencias de la Tierra y Ambientales de La Pampa (INCITAP).

Hace unos 450 millones de años, la piedra Mar del Plata fue arena de un mar poco profundo. En este sentido, Zárate describe: “En su momento era como las arenas que se pueden ver en las playas de hoy. Lo que ocurrió es que, después de haberse acumulado, y a lo largo del tiempo geológico, se litificaron. O sea, se cementaron y adquirieron la dureza que tienen en la actualidad. Y tienen un cemento que también es de la misma composición que los granos, que son todos de cuarzo”. 

En afloramientos naturales de piedra Mar del Plata en la costa de la ciudad se han encontrado trazas fósiles –marcas sobre la roca– pertenecientes a invertebrados marinos. Asimismo, este año se anunció el hallazgo de más de un centenar de trazas fósiles de peces en piedras Mar del Plata provenientes de canteras de la zona de Estación Chapadmalal

El estudio de esas trazas muestra que los peces se agrupaban en cardúmenes hace 450 millones de años y representa la evidencia más antigua a nivel mundial de agrupamiento en peces. Este descubrimiento abrirá un nuevo campo de estudio novedoso para la región, vinculado a peces que habitaron los mares poco profundos del Paleozoico inferior.

“Esto hará que se busquen nuevas técnicas de estudio y de muestreo de Formación Balcarce para ver si podemos obtener más información de qué tipo de peces se trataba. Tenemos las huellas por ahora, pero la idea es buscar restos directos de estos animales, o sea, escamas o huesos que excepcionalmente puedan haberse preservado en estas arenas cuarzosas”, comenta Matías Taglioretti, paleontólogo y referente del equipo de Paleontología del Museo de Ciencias Naturales Lorenzo Scaglia de Mar del Plata. 

Hiato en la historia natural de la región

El otro momento del tiempo geológico representado en afloramientos naturales en la costa marplatense implica un hiato –separación temporal– de más de 400 millones de años. Las barrancas ubicadas al norte y al sur de Mar del Plata son un valioso testimonio de la fauna y los ambientes del Cenozoico Superior. Mientras que en los acantilados del sur de la ciudad se encuentran sedimentos y fósiles de los últimos 4 millones de años aproximadamente, en las barrancas del norte se hallan restos de los últimos 780 mil años aproximadamente.

En los kilómetros de acantilados que se extienden desde el sur de Mar del Plata hasta Miramar se encuentra la mayor riqueza geológica y paleontológica del partido de General Pueyrredon. Y en la zona de Chapadmalal se ubican los mejores registros fósiles del Cenozoico superior para Sudamérica.

“Es el mejor registro porque está representado muy bien en el tiempo y porque es muy fosilífero. Además, no son yacimientos que se agotan, sino que están en constante renovación”, afirma Taglioretti.

Por su parte, Zárate destaca: “El paquete más interesante para mí es el de la Barranca de Los Lobos, donde el afloramiento de depósitos en la base tiene entre 3 y 4 millones de años y después todo lo que es posterior, de los 3 millones a la actualidad”.

A diferencia de la piedra Mar del Plata, que en el pasado fue arena de un mar poco profundo, Zárate subraya que los depósitos de las barrancas son de ambiente continental, que se depositaron en una superficie emergida, donde había flora y fauna.

Era un ambiente continental donde había una cubierta de vegetación y ahí vivía un elenco faunístico muy heterogéneo, cuyos restos son los que se encuentran en las barrancas”, añade el geólogo.

Los depósitos de la base de las barrancas del sur pertenecen a la Formación Chapadmalal –entre 3 y 4 millones de años aproximadamente– y presentan un color castaño y rojizo, con un grano fino. Hacia arriba de la barranca, los sedimentos representan momentos posteriores del tiempo hasta la actualidad.

“Cuando se analiza en detalle, los paquetes de la Formación Chapadmalal son más finos granulométricamente que los que se encuentran con posterioridad. También cambian los elencos faunísticos y son reflejo de distintos climas, de distintas condiciones ambientales. Hay, sobre todo en la parte de arriba, muchos depósitos relacionados con cursos de agua que bajaban de la sierra. Eso se ve muy bien entre Luna Roja y Punta Hermengo. Ahí se ven depósitos de cursos de río y de las planicies de inundación”, detalla Zárate. 

Los acantilados del sur y su riqueza geológica y paleontológica

Taglioretti remarca que los yacimientos de los acantilados del sur tienen una gran importancia desde el punto de vista científico y de investigación, y que, entre otros hallazgos, allí se obtienen registros de fauna que se trasladó de Norteamérica a Sudamérica.

Los acantilados de Chapadmalal, desde San Carlos hasta Miramar, en geología los conocemos como localidad tipo o sección tipo. Quizás es la más completa que tenemos por el momento disponible para estudiar ese intervalo de tiempo geológico de ambiente continental”, asegura Zárate.

Otra característica distintiva de los afloramientos de la zona sur de Mar del Plata es la continuidad lateral, es decir, la gran extensión de los acantilados durante unos 30 kilómetros de costa. “Para un geólogo es oro en polvo, porque podés ver lateralmente cómo van variando los afloramientos”, sostiene Zárate.

¿A qué se debe el hallazgo constante de nuevos fósiles en la costa marplatense?

Cuando uno analiza el espesor de paquetes sedimentarios o de rocas –continúa–, que se analiza verticalmente, puede ver los cambios a lo largo del tiempo. Uno sabe que lo de abajo es más viejo y lo de arriba es más joven. Ahora, cuando se analiza lateralmente, te da lo que uno conoce como la dimensión espacial. Lateralmente, podés ver cómo variaron los ambientes. Cómo era el río, el valle de un río o las zonas más altas. Todo eso es posible verlo muy bien a lo largo de esos 30 km de acantilados”.

Según Zárate, por el momento, no hay otra exposición tan extensa para ese intervalo. “Es como si fuera una ventana en el tiempo para entender cómo evolucionó la llanura pampeana”, subraya.

Al mismo tiempo, utiliza otra metáfora: “Es como si el acantilado fuera un libro, con bastantes hojas conservadas, que uno tiene que tratar de interpretar, porque te está contando una historia. Eso es lo que tiene de interesante. Y es un libro al que le faltarían algunas hojas, pero es mucho más completo que otros afloramientos que serían como libros muy incompletos”.

La cautivante megafauna de la región

En los afloramientos naturales de la costa marplatense se han encontrado fósiles de aves, reptiles y sobre todo de mamíferos. Entre estos últimos, se han hallado perezosos terrestres gigantes, roedores gigantes, armadillos gigantes y fauna marsupial.

“Si la comparamos con la fauna actual, había fauna bastante atípica, como mapaches gigantes y roedores gigantes. Existieron carpinchos que tenían el doble de masa corporal de los actuales y águilas un poquito más grandes que un águila colorada. Existieron jotes gigantes que tenían más del doble de la masa corporal de un cóndor actual. Había muchos mamíferos que pesaban por encima de la tonelada y, cuando estos morían, dejaban una muy buena oferta de carroña. Entre los principales organismos que se encargaban de alimentarse de esa carroña estaban los jotes gigantes, como Dryornis, que acá en Mar del Plata encontramos los restos más completos que se conocen”, detalla Taglioretti. 

A su vez, el paleontólogo detalla: “Para el Chapadmalalense, tenemos las últimas aves del terror, Llallawavis scagliai, que existieron en América del Sur, con registros certeros. Es uno de los fósiles insignia de los yacimientos del Chapadmalalense de Mar del Plata, ya que es el ave del terror más completa que se conoce en el mundo con un 98 % del esqueleto representado”.

Según Taglioretti, junto al ave del terror, entre los fósiles más importantes encontrados en los yacimientos de la costa marplatense están los restos del mapache gigante Chapalmalania, el jote gigante Dryornis, y el tigre dientes de sable marsupial Thylacosmilus atrox –el cráneo mejor conservado conocido se encuentra en el Museo Scaglia–, entre otros. Asimismo, remarca que en la zona se encontraron fósiles de varias especies de gliptodontes. 

“Mar del Plata pudo aportar nuevas partes que no se conocían de los gliptodontes, como cráneos, colas, etc. Con lo cual, los registros paleontológicos de Mar del Plata permitieron completar el conocimiento que se tenía de animales que se habían encontrado en otra zona”, agrega.

El patrimonio paleontológico de la costa de Mar del Plata, y del sudeste bonaerense en general, también incluye las paleocuevas, que son trazas fósiles, es decir, marcas o registros que dejaron los animales en el sedimento. “Los lugares donde mejor se pueden ver son en las barrancas del norte y sur de Mar del Plata”, afirma Taglioretti.

Abundancia y conservación de fósiles

¿Por qué en la costa marplatense se encuentran tantos fósiles y muchos de ellos en buen estado de conservación? Taglioretti señala que eso está vinculado a cómo fue la sedimentación durante los tiempos del Chapadmalalense.

“Según los estudios que realizó Zárate, había estaciones secas intercaladas con estaciones húmedas. En las estaciones húmedas había en general algunas inundaciones y esos eventos de inundación habrían provocado una disparada en la mortalidad de la fauna que había en ese momento del tiempo. Y al aumentar la tasa de sedimentación, permitió que se cumpla uno de los factores esenciales para que se preserve un fósil, que es un rápido enterramiento”, comenta Taglioretti. 

¿A qué se debe el hallazgo constante de nuevos fósiles en la costa marplatense?

Al enterrarse rápidamente, los restos de los animales no quedaron expuestos a la intemperie –y por ende no hubo una descomposición rápida de sus huesos– y, a la vez, no fueron alimento disponible para los animales carroñeros. “Mientras más rápido se entierre, más probabilidad de preservación hay. Por otro lado, si el sedimento que lo sepulta es fino, mejor va a ser la preservación”, destaca el paleontólogo.

Otro factor importante que favorece la frecuencia de los hallazgos en la costa de Mar del Plata, de fósiles de la megafauna que habitó la región durante el Cenozoico superior, es el efecto que produce la erosión costera sobre las barrancas, lo que genera una constante renovación de los yacimientos y facilita nuevos descubrimientos.

La erosión costera también exige que las piezas se extraigan rápidamente para que no queden expuestas a la intemperie y se deterioren. Los trabajos de campo son realizados por el equipo de Paleontología del Museo Scaglia, que realiza tareas para la extracción de las piezas, para su conservación y su estudio.

La mayoría de los fósiles encontrados en la costa del partido de General Pueyrredon forman parte de la colección del Museo Scaglia. Además, algunos materiales integran la colección del Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires y otros la colección del Museo de La Plata.

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